«AFINIDAD» CON LA QUINCENA DE SAN SEBASTIÁN EN LEYRE

Clásica Xabier Armendáriz

“Afinidad”

Sábado, 17 de Agosto de 2024. Iglesia del Monasterio de San Salvador de Leyre. Josetxu Obregón, violonchelo. Sara Johnson Huidobro, órgano. Obras de Bernardo Storace, Giuseppe Maria Jacchini, Domenico Gabrielli, Felix Mendelssohn y Camille Saint-Saëns. Concierto inscrito en el Ciclo La Quincena Andante de la Quincena Musical de San Sebastián 2024.

______________________

Con el mes de agosto, los festivales de música clásica alcanzan su punto álgido. Como todos los años, el principal certamen de nuestro entorno es la Quincena Musical de San Sebastián, que cada año reúne a algunos de los mejores conjuntos sinfónicos y directores del mundo. Este año se abrió el festival con la presencia del director Gustavo Gimeno y una de las dos orquestas de las que ahora es titular: la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo. Pero la principal estrella de la sesión era Bruce Liu, el pianista canadiense que consiguió el primer premio del Concurso Chopin de Varsovia de 2021 y que confirmó su gran capacidad con una refrescante lectura del Concierto para piano y orquesta número 5 de Camille Saint-Saëns. Luego, Gimeno demostraría su autoridad en una clásica versión de la Quinta Sinfonía de Mahler, a la que le faltó sin embargo mayor espontaneidad y abandono.

La oferta de la Quincena Musical de San Sebastián, con todo, no se queda en la citada ciudad o en la provincia. Como viene siendo habitual en los últimos años, el ciclo La Quincena Andante lleva la actividad del festival a otros enclaves del entorno más o menos cercano. En concreto, el Monasterio de San Salvador de Leyre acogió, un año más, un recital en torno a su órgano mayor. El principal reclamo a priori era la presencia de Josetxu Obregón, violonchelista de gran prestigio en los círculos de la música antigua y gran especialista en el repertorio de los siglos XVII y XVIII, que él cultiva con instrumento y técnicas históricamente informadas. Junto a él, se presentaba Sara Johnson Huidobro, organista de gran proyección y, a juzgar por lo escuchado, altamente capacitada en repertorios muy diversos.

Como era de esperar, la concepción original del concierto giraba en torno a los intereses de Josetxu Obregón: música para violonchelo, con órgano o a solo, de autores italianos de la primera mitad del siglo XVII. Hablamos de la época de surgimiento de la literatura específica para el instrumento, como el propio Obregón explicó muy didácticamente entre las obras en programa junto a otros aspectos que él considera importantes como las diferencias entre los violonchelos actuales y el que él utiliza o las peculiaridades del arco barroco. La música incluida en este bloque muestra gran imaginación y libertad constructiva, que en algunos casos ya empieza sin embargo a anticipar la manera en que fueron concebidas las grandes sonatas de autores como Arcangelo Corelli. De todo lo escuchado en este bloque, lo más interesante fue el repertorio para violonchelo solo de Domenico Gabrielli y la Chacona para órgano de Bernardo Storace, pues en todos los casos ambos intérpretes pudieron demostrar su calidad por separado; en las obras con acompañamiento de órgano, la sonoridad plena del instrumento mayor de Leyre resultó algo excesiva para la articulación contenida de Obregón.

Afortunadamente, Josetxu Obregón y Sara Johnson Huidobro revisaron el programa originalmente publicado e incorporaron para terminar la sesión obras más acordes con las características del órgano del Monasterio de San Salvador de Leyre. Así tuvimos ocasión de escuchar el primer movimiento de la Sonata para órgano Op. 65 número 3 de Mendelssohn, donde Johnson demostró conocimiento y dominio del estilo, en una versión rigurosa donde quizá faltó dejarse sorprender por el discurrir de la música. Pero seguramente lo mejor de la sesión, y lo más sorprendente, llegó ya en la primera de las dos propinas, cuando ambos intérpretes ofrecieron el Aria para violonchelo y órgano de Max Reger, obra que tanto debe a la mucho más célebre de la Suite para orquesta número 3 de Bach. Fue un momento de plena comunión entre dos músicos mucho más afines de lo que en teoría podría parecer.

Autor entrada: xabier armendariz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *