CLÁSICA Xabier Armendáriz
“Hay que explicar”
Martes, 25 de agosto de 2026. Iglesia de San Miguel de Larraga. Rodrigo Hernández, órgano y órgano portativo. Canto gregoriano y obras de Eduardo Torres, Tomás Elduayen, Antonio Soler, Ferenc Liszt, Vicente Rodríguez Monllor, Johann Sebastian Bach y Fray Cristóbal de San Jerónimo. Concierto inscrito en el Ciclo de Órgano Diego Gómez de Larraga 2026.
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El verano se acerca a su final, y con él algunos de los principales festivales, como es el caso de la Quincena Musical de San Sebastián, quizá el principal de nuestro entorno. Sin embargo, en Navarra parece que, a finales de agosto, estos certámenes musicales no han hecho sino empezar, considerando las dos grandes citas especializadas que llegarán próximamente: la Semana de Música Antigua de Estella y el Festival NAK.
Pero antes de eso, no puede faltar la referencia a uno de los ciclos más consolidados de nuestra región, como es el ciclo que se realiza desde 2007 en la Iglesia de San Miguel de Larraga, en el que se da a conocer para un público más amplio un instrumento ibérico de gran calidad y en donde se ha podido escuchar a algunos de los principales organistas españoles de distintas generaciones.
El concierto que nos ocupa estaba protagonizado por el organista madrileño Rodrigo Hernández, actual titular en la parroquia de San Luis de los Franceses en Madrid. Precisamente esta circunstancia de su titularidad en la parroquia madrileña parece haberle animado a construir un programa centrado en la figura del rey-santo francés. Con todo, San Luis vivió los dos cuartos centrales del siglo XIII y el repertorio para órgano moderno, tal como lo conocemos y escuchamos en los conciertos habituales, comenzó a escribirse a partir del siglo XVI. Por consiguiente, era necesario un ajuste muy bien explicado para que el público pudiera entender la relación entre un título del programa tan directo (“San Luis de los Franceses”) y el contenido.
El eje central del programa del concierto fue, sin duda, lo más original. La sección central de la sesión permitió escuchar el Propio de la misa para el día de San Luis en un órgano portativo medieval, una oportunidad inhabitual para explorar una sonoridad intimista y con una afinación muy diferente a la que estamos acostumbrados, aunque se habría apreciado mejor el efecto si sólo hubiéramos escuchado los fragmentos de forma instrumental. El resto de la sesión fue un conjunto muy variado de obras entre los siglos XVIII y XX, con mayor o menor relación con lo sagrado o con lo militar, representando de alguna manera las diferentes facetas de la vida de San Luis, pero sin que terminara de justificarse del todo una asociación directa con el programa en sí. Quizá lo más interesante fue la oportunidad de escuchar en el órgano Ángelus, la pieza inicial de la tercera serie de los Años de peregrinaje de Liszt, obra habitualmente pianística, y las obras en tono neoclásico de Tomás Elduayen.
Interpretativamente, Rodrigo Hernández ofreció una actuación muy completa. Supo adaptarse bien a las exigencias de los diferentes estilos e incluso adaptar para el órgano de Larraga las obras que, como la de Liszt, no fueron pensadas para un instrumento de esas características. Pero donde mejores prestaciones ofreció Rodrigo Hernández fue en las obras más antiguas, sobre todo en los versos para el Te Deum de Antonio Soler, tocados con la mezcla de libertad en el discurso y rigor en la utilización y la mezcla de los registros.
Al final de la sesión, quedó sin embargo una sensación algo extraña. El concierto había sido musicalmente eficaz y hubo aplausos, incluso con el público de pie, pero no hubo un verdadero entusiasmo ni se escucharon propinas. Cuando los programas son de amplia duración y se busca un hilo conductor tan vago, hay que dar explicaciones más específicas para justificarlo, quizá incluso recurrir a la dramatización. Son las tendencias de la programación de conciertos.

