Clásica Xabier Armendáriz
“Atemporal”
A primera vista, el canto gregoriano es uno de los repertorios que menos funciona en concierto. El repertorio litúrgico oficial de la Iglesia católica debe su denominación habitual al papa Gregorio I, que ocupó la silla de San Pedro entre los años 590 y 604 de nuestra era y a quien, durante siglos, se le atribuyó la composición de buena parte del repertorio.
Sin embargo, fue Carlomagno y su entorno el que comenzó a configurar un rito que combina la organización de la liturgia romana de aquel período con influencias musicales diversas, que incluyen no sólo el canto romano anterior, principal fuente que reconocen los testimonios de aquel período, sino también rasgos ambrosianos (o milaneses, como queramos), galicanos, hispánicos o bizantinos, entre otros. El resultado fue un repertorio especialmente plural e inclusivo, que fue evolucionando con el paso de los siglos en su composición e interpretación de acuerdo con los gustos estéticos de cada época.
En cualquier caso, el rasgo más característico del repertorio gregoriano es su funcionalidad. Es difícil encontrar un repertorio musical más ligado a su utilidad inicial. El repertorio gregoriano tiene su sentido básico como canto litúrgico; es decir, formando parte de los ritos de la Iglesia. Tener oportunidad de escuchar el canto gregoriano en el contexto de una celebración litúrgica, especialmente si la iglesia reúne condiciones acústicas adecuadas, es la única manera de poder apreciarlo en toda su belleza; aunque han proliferado las grabaciones del canto gregoriano, ningún repertorio de la tradición occidental se beneficia tanto de poder experimentarlo en vivo y, a ser posible, en el contexto más cercano a la experiencia litúrgica real.
En ese sentido, el Festival de Música de Mendigorría afrontaba un concierto de planteamiento arriesgado. Configurar un evento centrado en el canto gregoriano sin plantear una reconstrucción litúrgica específica parecía una propuesta poco variada, que según quién la realizara podría llevar no a la concentración mística, sino más bien al tedio.
Sin embargo, se ha contado con la agrupación más adecuada para poder llevar este propósito a buen término. Schola Antiqua es la agrupación española más destacada de las que se ocupa del repertorio gregoriano y su director, Juan Carlos Asensio, es uno de los mayores especialistas mundiales en la materia. Su libro introductorio sobre el canto gregoriano es de conocimiento obligado para todos los estudiosos y aficionados, y su programa de Radio Clásica, titulado Sicut luna perfecta, ha contribuido a divulgar el canto litúrgico medieval para un público más amplio. Además, Juan Carlos Asensio no sólo se ha dedicado a interpretar con su grupo el canto gregoriano desde los parámetros que hoy se consideran ortodoxos, sino que también ha reconstruido la manera en que se ha practicado este canto en épocas diversas.
En el concierto que nos ocupa, Asensio dedicó una primera parte a las composiciones del Oficio dedicadas a San Francisco de Asís, en referencia al octavo centenario de su muerte, y a cantos que hacen referencia a celebraciones relacionadas con la Virgen María. Esta última parte ofreció un par de excursiones a la polifonía medieval, incluyendo materiales del Códice de Las Huelgas y del Llivre Vermell de Montserrat. Gracias a la indicación previa de que el público no aplaudiera hasta el final de la sesión, se creó una fluidez de trazo a lo largo de todo el concierto, lo que permitió un carácter atávico y atemporal, que propició una gran concentración del público.
Resultó especialmente reveladora la interpretación de las partes polifónicas, incluyendo la célebre caccia Laudemus Virginem del Llivre Vermell y, por sorprendente, la versión tropada de la Salve solemne que cerró el concierto, con su sección central realizada en forma de organum melismático.
Después de más de una hora de concierto, Schola Antiqua aún ofreció una propina: la versión gregoriana del célebre Tu es Petrus, un texto bien conocido por las numerosas versiones polifónicas posteriores. Fue un cierre brillante a una de las propuestas más novedosas y arriesgadas que ha ofrecido el Festival de Mendigorría en los últimos años.

