Clásica Xabier Armendariz
“Salvando el concierto”
Miércoles, 10 de junio de 2026. Salón de actos del Centro Civican de Pamplona. Miembros de la Orquesta Sinfónica de Navarra (Anna Siwek, Maite Ciriaco, Catalina García-Mina y Edurne Ciriaco, violines; Irantzu Sarriguren y Giovanni Azzone, viola; Tomasz Przylecki y Javier Navascués, violonchelo). Obras de Isaac Albéniz, Wolfgang Amadeus Mozart, Dimitri Shostakovich y Edward Elgar. Concierto inscrito en el Ciclo Enclave Fortissimo 2025-2026 organizado por la Orquesta Sinfónica de Navarra.
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El ciclo Enclave Fortissimo de la Orquesta Sinfónica de Navarra se ha asentado ya en el calendario de conciertos pamplonés. Es una práctica habitual que las orquestas sinfónicas mantengan temporadas de conciertos de cámara, tal como hace, por ejemplo, la propia Euskadiko Orkestra, y estas citas que se celebran en Civican han mantenido este año un carácter especialmente ambicioso, con obras como el Quinteto de cuerdas de Schubert o la versión para trío de cuerdas de las Variaciones Goldberg de Bach.
El concierto que nos ocupa estaba originalmente centrado en la figura de Dimitri Shostakovich y algunos de sus cuartetos de cuerda; es decir, parte de la música de cámara más sombría escrita durante el siglo XX. Sin embargo, la necesidad obligó a reconfigurar completamente el programa de esta sesión. El resultado fue un conjunto de obras algo irregular. Dio la impresión de que no había un hilo conductor en el nuevo programa; más bien se trataba de configurar un conjunto de obras que completara la extensión del concierto y resultara agradable para el espectador, que al mismo tiempo no fuera particularmente difícil de preparar, algo lógico considerando el escaso tiempo disponible. De una forma o de otra, se consiguió el objetivo: que el público disfrutara de la sesión.
Se abrió la velada con un efectivo arreglo de Leyenda de Albéniz, uno de los fragmentos más conocidos de la llamada Suite española. Con todo, el interés musical del concierto subió muchos enteros al escucharse la célebre Pequeña música nocturna de Mozart, sin duda su serenata más popular. No es especialmente frecuente escuchar esta composición en formato de cuarteto de cuerda, aunque hay un puñado de grabaciones, y enseguida se comprendió por qué: es muy difícil conseguir un equilibrio ideal entre las articulaciones de los cuatro instrumentistas, y los miembros de la Sinfónica de Navarra no siempre lo consiguieron. En cualquier caso, fue una versión muy elegante, más cerca de la visión de libro de texto de Sándor Végh que de la interpretación más atrevida del Cuarteto Hagen.
Tras un eficaz arreglo del célebre Vals número 2 de la Suite para orquesta de variedades de Shostakovich, escuchamos la principal novedad del concierto: la sombría Elegía para cuarteto de cuerdas del compositor ruso, una obra todavía juvenil del período relativamente experimental de Shostakovich pero que ya parece anunciar el espíritu más postmahleriano de la Quinta Sinfonía o el Octavo Cuarteto. Ya en formación de doble cuarteto de cuerda, los músicos de la Sinfónica de Navarra interpretaron un muy bien trabajado Divertimento KV 138 de Mozart, seguramente la cima interpretativa de la velada. Por último, la sesión se cerró con una propina anunciada: una interpretación del Saludo de amor de Edward Elgar extrañamente poco fluido, lejos del encanto que puede tener esta música.
En conjunto, fue una sesión agradable, que permitió salvar de manera más que digna una situación complicada y que, al mismo tiempo, el público disfrutara de un programa musical de buen nivel. Considerando las circunstancias, no se podía pedir razonablemente mucho más.

