«MORIR DE AMOR» CON ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA EN BALUARTE

Clásica Xabier Armendáriz

“Morir de amor”

La Orquesta Sinfónica de Navarra, con Perry So como director. jesús garzaron

Jueves, 7 de mayo de 2026. Auditorio Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Navarra. Perry So, director. Teresa Catalán: La danza de la princesa (2010). Richard Wagner: Tristán e Isolda: Preludio y muerte de amor, (1865). Sergei Prokofiev: Romeo y Julieta: Selección, (1938). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra 2025-2026.

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Programar conciertos no fue nunca una tarea sencilla. Al final, se trata de componer una experiencia estética y vital que mantenga al público concentrado durante un período generalmente no inferior a la hora y media. Los grados de exposición de cada persona al mundo de la música clásica son diversos, y lo que a un espectador le puede parecer un programa normal, incluso asumible, a otro le puede parecer demasiado denso.

Por eso, es habitual que, antes o después, los programas de los conciertos tengan algún momento que sirva para aliviar tensiones, ya sea al principio a modo de calentamiento (lo más habitual), o posteriormente. En el concierto que nos ocupa, sin embargo, podemos decir que no había puntos muertos. Más allá de que, a estas alturas, un programa como éste no debería suponer mayores retos para buena parte de los aficionados, el hecho es que aquí se acumulaban tres obras de gran sustancia, que exigían la concentración del público de principio a fin.

Se abría la sesión con La danza de la princesa de Teresa Catalán, obra encargada en su momento por la Euskadiko Orkestra que muestra de manera evidente las principales características de su estilo, siempre cargado de tensión armónica pero sin recurrir de manera sistemática a los procedimientos de la vanguardia y sin olvidar la importancia de las secciones líricas.

El sentido programático de la obra aparece evidente desde el principio, pues escuchamos antes de que sonara la primera nota el poema al que hace referencia la composición. El poderoso arranque orquestal, encabezado por los metales, llama la atención desde el principio, pero el desarrollo posterior es variado y mantiene la atención del público, muy especialmente si se cuenta con una orquesta bien preparado por un director tan motivado y conocedor como Perry So.

La sesión continuaba con el preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda de Richard Wagner, con total seguridad la música más valiosa y memorable compuesta por el mago de Bayreuth, como bien han reconocido desde entonces incluso los numerosos críticos que ha tenido históricamente el compositor alemán.

Hablamos de una obra que cambió para siempre el curso de la Historia de la Música y que responde idealmente al núcleo del argumento del drama musical en su conjunto; es decir, la historia de un amor cuya realización sólo puede darse a través de la muerte.

Perry So pareció ofrecer una interpretación cósmica de la obra, de tempo lento y atenta al peso de los silencios, hasta que conforme se acercaba el clímax decidió acelerar y pareció buscar un clímax más evidentemente apasionado, con lo que no logró ni una cosa ni la otra; eso sí, la muerte de amor estuvo mejor resuelta y la Orquesta Sinfónica de Navarra obtuvo un sonido más típicamente wagneriano que en el final de La walkyria que escuchamos en diciembre.

Concluyó la sesión con una amplia selección del ballet Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev recopilada por el propio Perry So, una opción cada vez más habitual y mucho más interesante que ofrecer cualquiera de las suites, que no ofrecen un relato argumental coherente del conjunto del ballet. Montescos y Capuletos supusieron un punto de arranque adecuado para atraer la atención del público, aunque Perry So no supo crear la tensión necesaria con el tempo tan rápido que decidió adoptar.

Sin embargo, todo fue mejorando a partir de La joven Julieta; aunque en ese número todo seguía sonando con demasiada urgencia, la escena del balcón ofreció un clima de gran lirismo, donde los solistas de la madera ofrecieron su mejor nivel. Pero quizá lo mejor fue una Muerte de Teobaldo de impulso cinematográfico y decidido.

A partir de ahí, Perry So gestionó la resolución del ballet con gran atención a los detalles. En conjunto, fue un concierto que no permitió un momento de respiro y escuchamos el concierto musicalmente más ambicioso de todo el curso.

Autor entrada: xabier armendariz

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