LA PAMPLONESA CON “FORMATO CONVINCENTE” EN EL GAYARRE

Formato convincente

Viernes, 29 de noviembre de 2019. Teatro Gayarre de Pamplona. Luis María Rodríguez, narrador. María Ayestarán, soprano. Coro de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera. Íñigo Casalí, director del coro. Banda de Música La Pamplonesa. Josep Vicent Egea, director. Manuel Fernández Caballero: Gigantes y cabezudos, (1898). Concierto organizado por la Banda de Música La Pamplonesa.

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Llega el día 29 de noviembre y, como cada año, La Pamplonesa ofrece su concierto dedicado a la zarzuela. Se trata sin duda de una fecha que ha adquirido un carácter tradicional, quizá sólo comparable entre los conciertos de la Banda a las actuaciones anuales en la Casa de Misericordia y el concierto de Navidad. Además, el éxito acompaña siempre, porque año tras año el Teatro Gayarre se llena, incluso aunque se ofrezca el concierto dos veces como suele ocurrir habitualmente. Las fórmulas han variado según los años, (coros de zarzuela, romanzas con solistas más o menos conocidos, etc.), pero parece que en estos últimos años se ha optado de manera más sistemática por ofrecer títulos más o menos completos. En general, creemos que ésta es una línea que conviene continuar: las antologías con romanzas, coros o interludios de zarzuela son más frecuentes en Pamplona y no conviene desgastar esos formatos.

Para este año, se ha optado por Gigantes y cabezudos, la zarzuela con la que Manuel Fernández Caballero se hizo eco, entre otras cosas, de los padecimientos de los soldados españoles en las guerras de Cuba y Filipinas, al mismo tiempo que realizaba una exaltación del carácter y el folklore aragonés, con la jota en primerísimo plano. Como bien indican las notas al programa, la zarzuela tiene una importante conexión con La Pamplonesa, que la presentó en una celebrada escenificación en la Plaza de Toros en 1994, y ahora se ha optado por un formato muy distinto, presentando en concierto sus principales momentos y utilizando un hilo narrativo bien construido. Gracias a la actuación de Luis María Rodríguez, el argumento de la zarzuela cobró sentido en general, aunque lógicamente la fórmula había funcionado mejor el año pasado con otro título de argumento mucho menos trabado y que permitía más fácilmente introducir morcillas como era el caso de La Gran Vía.

La gran estrella de la velada fue María Ayestarán que, al hacerse cargo del personaje de Pilar, fue la única solista vocal que contaba con un papel relevante. Ayestarán cantó con toda su emotividad su célebre romanza y estuvo particularmente vibrante en “Si las mujeres mandasen”. El Coro de la AGAO realizó un gran trabajo en general, con gran empaste y afinación, sobreponiéndose a los problemas que siempre causa la necesidad de tener que usar amplificación para poder hacerse oír por encima de La Pamplonesa. Vicent Egea conoce muy bien el género y supo dotar a cada número musical de su propia fuerza expresiva; fue particularmente interesante la manera en que dirigió el célebre coro de repatriados, que sonó sin la falsa solemnidad que le daban algunas interpretaciones antiguas bien conocidas. Todos estos elementos, junto a una puesta en escena realmente eficaz (incluyendo coreografía con alumnado de la Escuela de Danza de Navarra y la presencia de algunos de los gigantes y cabezudos más famosos de la comparsa pamplonesa), llevaron a un éxito de público que quizá no se demostró completamente al final del espectáculo, pero sí al final de los principales números musicales y las intervenciones del narrador.

En conjunto, fue una destacada cita a nivel musical, optimizando parte de los recursos artísticos existentes en Pamplona donde María Ayestarán volvió a confirmar que es un gran valor de futuro.

Autor entrada: xabier armendariz

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