LA ORQUESTA SINFONIETTA DE PAMPLONA ES «LEGÍTIMANTE ORGULLOSOS» EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

«Legítimamente orgullosos»

Martes, 12 de Abril de 2022. Sala de Cámara del Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Misael Lacasta, violonchelo. Orquesta Sinfonietta de Pamplona. Caroline Collier, directora. Luigi Boccherini: Sinfonía en Re menor, Op. 12 número 4, G. 506, (La casa del diablo), (1770). Jacques Offenbach: Las lágrimas de Jacqueline, (1846). Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 44 en MI menor, Hob. I número 44, (De luto), (1772). Concierto inscrito en el Festival de Música Sacra de Pamplona 2022.

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En algunas ocasiones, hemos escuchado decir que los mejores humoristas suelen ser, en su vida habitual, personas que guardan en el fondo un carácter más bien serio. En algún sentido, también ocurre en el terreno de la composición musical. Autores como Luigi Boccherini, Franz Joseph Haydn y Jacques Offenbach no se dieron a conocer por obras de carácter serio. Haydn escribió muy pocas sinfonías en modo menor, siguiendo la tendencia del siglo XVIII, y pasa por ser un compositor caracterizado por sus bromas y guiños al público, algo que no ha beneficiado a su reputación posterior. Luigi Boccherini fue un compositor muy popular en su momento, también gracias a obras de carácter más alegre. El caso de Jacques Offenbach, celebrado casi en exclusiva por algunas operetas, es todavía más marcado. Sin embargo, el concierto que nos ocupa muestra que todos estos autores también tienen una vena seria que aparece en ocasiones y sorprende a los no habituales. En el concierto final del Festival de Música Sacra de Pamplona, la Sinfonietta de Pamplona presentaba obras de los tres compositores citados, precisamente con ese carácter más melancólico y/o incluso dramático. Quizá la obra más sorprendente era Las lágrimas de Jacqueline de Offenbach, compuesta por el autor francés para poder tocarla en su época de violonchelista virtuoso como pieza característica y de salón. Las dos sinfonías de Boccherini y Haydn, especialmente la del austríaco, son de las que tradicionalmente se han etiquetado con el estilo del Stürm und Drang (tempestad y arrebato, en alemán); no obstante, lo cierto es que este estilo, que propugnaba un abierto dramatismo y mayor expresión de sentimientos, es una tendencia más ligada a la ópera y géneros relacionados que a la música instrumental.

En esta sesión, la Sinfonietta de Pamplona demostró considerable disciplina, con una sección de cuerdas bien empastada y refuerzos en la madera bien conjuntados. Caroline Collier ofreció interpretaciones particularmente severas, de tempi más bien lentos y con decisiones algo sorprendentes. Fue muy llamativo el caso de la Sinfonía número 44 de Haydn, cuyo Minueto Collier abordó con un carácter especialmente solemne, hasta el punto de que la sinfonía parecía tener dos movimientos lentos. El momento de mayor vuelo del concierto fue la interpretación de Las lágrimas de Jacqueline, donde Michael Lacasta ofreció un sonido particularmente cálido y se vio magníficamente acompañado por las cuerdas de la Sinfonietta de Pamplona, que le ofrecieron un colchón sonoro especialmente apropiado.

En condiciones normales, una propina lógica de este concierto habría sido el final de la Sinfonía número 45 de Haydn, conocido porque en dicho movimiento el compositor ordena que cada músico abandone el escenario en cuanto termina de tocar su parte hasta que sólo quedan en escena dos violines. Sin embargo, la Sinfonietta de Pamplona decidió dedicar a las víctimas de la guerra de Ucrania el aria “Lascia ch’io pianga” de Rinaldo de Händel. A falta de una soprano o mezzosoprano solista, Juan Mari Ruiz con su oboe aportó gran calidad de fraseo, verdadera emoción y algunos sorprendentes adornos, pero inteligentemente no en el da capo (es difícil mejorar una melodía tan bien construida), sino en la sección contrastante.

En conjunto, fue un concierto en el que la Sinfonietta de Pamplona demostró su entusiasmo y su buen nivel general. En el público, había muchos amigos y familiares de los músicos de la orquesta y aplaudieron con ganas. Tienen buenas razones para estar satisfechos.

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Autor entrada: xabier armendariz

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