«EXPERIENCIA MESSIAEN» EN EL FESTIVAL DE MÚSICA DE MENDIGORRIA

Clásica Xabier Armendáriz

«Experiencia Messiaen»

Domingo, 9 de agosto de 2026. Iglesia de San Pedro de Mendigorría. Ana Carmen Sánchez Bruno, violín. Beñat Erro Díez, clarinete. Fermín García Menéndez, violonchelo. Javier Peña Tamayo, piano. Olivier Messiaen: Cuarteto para el fin del tiempo (1941). Concierto inscrito en el Festival de Música de Mendigorría 2026.

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En el invierno de 1941, el compositor francés Olivier Messiaen (1908-1992) estaba cautivo en el campo de prisioneros de guerra en Görlitz (entonces Prusia oriental, ahora Polonia). En aquellas circunstancias, se encontró con otros tres instrumentistas: un violinista, un clarinetista y un violonchelista. Consiguió el permiso para dedicar sustanciales períodos del día para componer y, en condiciones realmente penosas, logró estrenar la obra que le ubicó definitivamente en el panorama compositivo europeo.

Y es que, incluso si dejamos de considerar temporalmente las circunstancias excepcionales de su gestación, el Cuarteto para el fin del tiempo sigue siendo una obra muy singular. Su orgánico es de por sí particular, forzado por las circunstancias, pero no lo es menos que sólo en cuatro movimientos intervienen todos los instrumentistas a la vez y que todos tengan, como mínimo, dos movimientos en los que no tocan.

En la obra aparecen todos los elementos del lenguaje compositivo de Messiaen y también todas sus influencias y sus intereses: la rítmica irregular, la música medieval, el canto de los pájaros, la búsqueda del color sonoro en todo momento y, sobre todo, la búsqueda del éxtasis y la contemplación. El punto de arranque extramusical de la composición lo compone una cita del libro del Apocalipsis, escrito por San Juan en una época de persecución a las comunidades cristianas primitivas.

En esta obra, Messiaen recupera la imagen del Juicio Final para intentar transmitir un mensaje de esperanza. El Cuarteto para el fin del tiempo es, con toda seguridad, la obra mayor más interpretada de Messiaen, aunque no es nada sencilla ni siquiera de ejecutar, ni tampoco es fácil de apreciar en una primera audición. La obra alterna movimientos de una fuerza telúrica considerable con otros de quietud y contemplación extrema. La conclusión del último movimiento, con el acompañamiento espasmódico y constante del piano que sube junto al violín y se pierde en el pianissimo en los registros superiores conforme se acerca el final, es uno de los fragmentos más turbadores de la Historia de la Música.

No era seguramente el Festival de Música de Mendigorría el lugar donde una obra de estas características podía tener, a priori, una recepción favorable evidente, pues no hablamos de un lugar donde se ofrezcan conciertos todo el año. Sin embargo, Alberto Urroz reunió a cuatro músicos de gran nivel técnico que ofrecieron una interpretación muy ajustada de la obra. Destacó Beñat Erro, que ofreció un recital desde todos los puntos de vista en el muy expuesto tercer movimiento, escrito para clarinete solo.

Aunque la ejecución no siempre fue del todo perfecta –los citados unísonos del sexto movimiento no siempre fueron del todo precisos en lo rítmico—, sí se destacaron plenamente los contrastes entre las diferentes secuencias, llegando a la dimensión más profunda de la obra.

Sólo el tiempo relativamente fluido del movimiento final no llegó a captar del todo el éxtasis contemplativo que el compositor parece pedir y, aunque es cierto que en su propia interpretación Messiaen adoptaba un tempo relativamente moderado, no llegó a alcanzarse el trance que, en otras ocasiones, lleva al público a mantener esos segundos de silencio que son la prolongación natural de la música. En conjunto, fue una propuesta atrevida del Festival de Mendigorría, que ofreció una interpretación más que interesante de uno de los grandes clásicos del siglo XX.

Autor entrada: xabier armendariz

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