«ANIMACIÓN» CON LA PAMPLONESA EN EL GAYARRE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

“Animación”

Desde hace algún tiempo, el principal empeño de los organizadores de conciertos no es ya acumular una obra musical detrás de otra en un programa. Lo que los organizadores de conciertos buscan es más bien crear experiencias, construir relatos y programas realmente unificados que no sólo reúnan obras de verdadero valor, sino que lo hagan con sentido y situando cada música en su contexto de manera apropiada.

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En ocasiones, se buscan para ello “relatos” a veces realmente intrincados, pero como suele ocurrir en casi todas las situaciones de la vida, a menudo las ideas más sencillas son las que ofrecen mejores resultados, como bien demuestra el concierto que ahora nos ocupa, que ofreció la Banda de Música La Pamplonesa.

Y es que, considerando las fechas en que nos encontramos, la idea de un concierto en torno a la manera en que se celebra el Carnaval en diferentes lugares del mundo parece de lo más natural, teniendo en cuenta que de esta manera se pueden presentar composiciones de la tradición clásica, incluso de la literatura orquestal habitual, pero también obras de mayor animación o, en palabras del responsable de este concierto, el director de la Banda Municipal de Castellón Marcel Ortega i Martí, más “callejero”.

Si las interpretaciones acompañaban musicalmente, el resultado sería una cita festiva y de éxito asegurado. La sesión se iniciaba con la Obertura Carnaval de Antonin Dvorák, uno de los poemas sinfónicos más destacados del compositor checo. La obra no se presta particularmente bien para ser interpretada por un conjunto de viento —el original está escrito para orquesta—, al menos si consideramos que sus segmentos más rápidos requieren gran agilidad de articulación, pero el arreglo presentado en esta sesión está hábilmente escrito y Marcel Ortega i Martí ofreció una gran versión.

El director catalán, que ya nos causó una muy grata impresión en el IFOB en 2019 cuando vino a Pamplona con la Banda de Castellón, exprimió a La Pamplonesa obligando a los músicos a ofrecer su mejor versión, tomando tempi bien relacionados entre sí y dedicando después de la interpretación más tiempo del habitual para que cada familia de la banda recibiera los bien ganados aplausos.

Proseguía la sesión con El carnaval de Venecia, la célebre serie de variaciones de Jean-Baptiste Harban encomendada en este caso al reciente solista de la agrupación, el trompetista Unai Eseverri; tras una introducción donde le faltó un último grado de aplomo, las variaciones en sí mostraron a un músico de grandes capacidades en todos los aspectos. Y el concierto ganó una dimensión festiva con Día de Carnaval del coreano Chang Su Koh, un divertido galop que sirvió para volver a activar al conjunto de la agrupación.

En un primer salto del Atlántico, se pudo escuchar la sección final de la Mississippi Suite de Ferde Grofé, que retrata la celebración del Martes de Carnaval en Nueva Orleans. Aquí, Marcel Ortega i Martí prefirió centrar la atención en la dimensión rítmica de la obra y no tanto en su vertiente más hollywoodiense; la escritura original para orquesta otorga mucho protagonismo a las cuerdas y los temas líricos relacionan la obra con la estética de compositores como Max Steiner, que no tardarían en llegar a los estudios cinematográficos.

Por último, tras un breve paso por el Carnaval de Lantz —cuya música más característica se pudo escuchar en un muy eficaz arreglo palmeado al estilo Radetzky por el público—, el concierto se cerró con un repaso al carnaval de Río de Janeiro, primero con una fantasía del estadounidense Howard Cable y luego con arreglos de músicas propias del Carnaval en sí.

Fueron versiones de gran nivel donde Marcel Ortega i Martí, siempre cuidando de que se mantuviera un perfecto encaje rítmico, permitió que los músicos de La Pamplonesa se soltaran y ofrecieran su mejor versión. El resultado desprendía entusiasmo por todas partes, y la actuación de los alumnos de la Escuela de Danza Ravel ofreció una intervención asimismo muy agradecida por todos.

Al final de la sesión, Marcel Ortega i Martí se mostró emocionado por la respuesta del público y por la posibilidad de dirigir a una banda de tan alta calidad, que forma parte por derecho propio del patrimonio de la ciudad.

Autor entrada: xabier armendariz

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