«FRENTE AL RUIDO ETERNO» EN SANFERMIN.

Xabier Armendáriz

“Frente al ruido eterno”

Las fiestas de San Fermín son, justo es decirlo, especialmente ruidosas. En el momento en que cualquiera se interna en el centro de Pamplona entre el 6 y el 14 de julio, uno puede escuchar una gran variedad de sonidos. Algunos son los propios de la tradición de la fiesta en sí, como las bandas de las peñas que se entrecruzan en momentos puntuales al doblar cualquier esquina o, incluso, los himnos de esas mismas peñas que ocasionalmente se escuchan en algún bar, pero con la misma frecuencia, por desgracia, se escuchan los éxitos de la última hora, con sus ritmos habitualmente machacones y su carácter estridente y repetitivo. El resultado es un ambiente que, especialmente por la tarde y por la noche, resulta poco acogedor.

Pero afortunadamente para todos, existen otras músicas en San Fermín, aunque es cierto que, lamentablemente, de ellas se habla poco. En concreto, eso es lo que ocurre con la música clásica que se escucha en San Fermín. Quizá una de las razones es que los conjuntos que en ella participan son aquellos con los que convivimos habitualmente durante el resto del año. En efecto, la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, el Orfeón Pamplonés, la Orquesta Sinfónica de Navarra y la Coral de Cámara de Pamplona ofrecen actuaciones regulares de octubre a junio, pero como mínimo la Capilla de Música y la Coral de Cámara de Pamplona tienen papeles especialmente destacados en estas fechas y, en ambos casos, con repertorios muy característicos.

Hablar de la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona en San Fermín supone centrar la atención en las Vísperas de San Fermín y en la misa del día siguiente. Hablamos de dos actos tradicionales, con programas musicales muy asentados y, en el caso de las Vísperas sobre todo, con repertorio propio de estas fiestas. Sin ir más lejos, este año se han escuchado en las Vísperas músicas compuestas por tres autores de diferentes épocas compuestas expresamente para esa función: primero Miguel Navarro, Maestro de Capilla de la Catedral de Pamplona en la segunda mitad del siglo XVI; después Mariano García, que compuso las Vísperas que han acompañado a generaciones de pamploneses desde hace más de un siglo y medio; y por último, Fernando Remacha, autor que ocupa por derecho propio una posición destacada en la composición musical en España en el siglo XX y ganó en múltiples ocasiones el Premio Nacional de Música. Todo ello por no citar las demás obras que se escucharon, desde el canto gregoriano a autores internacionales plenamente reconocidos, como Johann Sebastian Bach o Joseph Haydn, y también varios autores locales más. Todo ello interpretado al máximo nivel y con abundante participación de músicos aficionados, sobre todo en la parte coral.

En el caso de la Coral de Cámara de Pamplona, podemos afirmar algo similar respecto a su concierto del día 8 de julio, otra tradición también asentada desde que Luis Morondo fundara la agrupación en 1946. Este año, el concierto ofrecía los dos motetes más reconocidos de Anton Bruckner, además de obras muy ligadas al patrimonio histórico de la Coral, incluyendo composiciones del citado Remacha y de sus compañeros de generación Salvador Bacarisse y Arturo Dúo Vital, todos ellos perseguidos en su momento por el franquismo. Además, el concierto se cerró con el estreno de una nueva obra de Teresa Catalán, una composición de una tensión armónica muy particular y de turbadora belleza.

Tengamos en cuenta que los principales coros que colaboran con orquestas sinfónicas profesionales como la Sinfónica de Navarra tienden a estar formados, en casi toda Europa, por cantantes profesionales. Que Pamplona pueda disponer de un abanico tan amplio de formaciones corales de esta calidad, (incluyendo a las que no han sido citadas más arriba porque no participan directamente de las actividades de San Fermín), es un hecho ciertamente notable.

Si a esto añadimos los conciertos de las bandas de música que se ofrecen cada mañana a partir del día 8 de julio en la plaza de la Cruz, nos encontramos con unas fiestas de San Fermín musicalmente diferentes, más participativas y acogedoras (al menos en lo acústico), y donde nuestro patrimonio musical tiene un importante peso específico. Y a estas citas y eventos musicales dignos de ser destacados en San Fermín podríamos añadir muchos otros, como los ya citados al comienzo, muchos de los conciertos que se hacen por la noche en la plaza del Castillo o el Parque de Antoniutti. El resto, parafraseando el título del célebre libro de Alex Ross sobre la música del siglo XX, es “el ruido eterno”.

Autor entrada: xabier armendariz

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