«CIERRE DE ALTURA» CON LA JOVEN ORQUESTA DE PAMPLONA EN EL CICLO DE MÚSICA SACRA EN BALUARTE

Clásica Xabier Armendáriz

“Cierre de altura”

Miércoles, 16 de abril de 2025. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Carolina Luquin, soprano. Leticia Vergara, mezzosoprano. Josu Cabrero, tenor. Hodei Yáñez, bajo. Coro sinfónico de la Federación de Coros de Navarra. Joven Orquesta de Pamplona. Jesús María Echeverría, director. Franz Joseph Haydn: Sinfonía número 44 en MI menor, Hob. I número 44, (Fúnebre), (1772). Hilarión Eslava: Te Deum. Anton Bruckner: Te Deum en Do mayor, WAB 45, (1884). Concierto inscrito en el Festival de Música Sacra de Pamplona 2025.

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Como ya anticipamos, siguen en Pamplona las conmemoraciones “atrasadas” en relación con el bicentenario del compositor austríaco Anton Bruckner, centradas aquí sobre todo en las obras corales del autor de Ansfelden. Si en enero la Coral de Cámara de Pamplona y la Orquesta Sinfónica de Navarra ofrecían la inhabitual Misa número 2, en el contexto de un concierto que se completaba con obras todavía menos frecuentes, en esta ocasión la Federación de Coros de Navarra se unía a la celebración programando una de las obras más frecuentes y conocidas de Bruckner, al menos dentro del ámbito coral. Hablamos del Te Deum, una composición monumental no tanto por su extensión, relativamente reducida, sino porque musicaliza el texto latino con singular fuerza y poder.

Ya desde el arranque, se observa un afán particular por exacerbar los contrastes entre las diferentes secciones del texto y la sección final en particular (“Non confundar”) insiste una y otra vez en los motivos que se escuchan en el Adagio de la Séptima Sinfonía, que Bruckner estaba escribiendo precisamente en ese período. La obra requiere un gran coro sinfónico que ofrezca rotundidad y empaque, un tipo de formación coral que en Pamplona estamos acostumbrados a escuchar en las mejores actuaciones del Orfeón Pamplonés o del Orfeón Donostiarra.

Por consiguiente, se esperaba con atención lo que podría ofrecer en esta obra el Coro de la Federación de Coros de Navarra, y el resultado ha respondido a lo que razonablemente se podía esperar.

El coro realizó un considerable trabajo y estuvo empastado y bien equilibrado entre las voces. Hubo momentos de gran calidad, sobre todo en las secciones más íntimas de la obra, trabajadas con máxima concentración. Fue en los clímax más dramáticos donde se echó en falta un sonido de mayor empaque y decisión que pudiera imponerse sobre la orquesta.

Jesús María Echeverría ofreció una dirección más monumental que dramática, recreándose en cada detalle de la escritura orquestal, y los cuatro solistas ofrecieron una actuación muy destacada en conjunto, con la voz de la soprano Carolina Luquin sobresaliendo sobre las demás.

El Te Deum de Bruckner no fue el único que escuchamos. Junto a él, se ofreció el equivalente de Hilarión Eslava, una obra de dimensiones similares que responde a un estilo mucho menos belcantista que el célebre Miserere, por tanto más cercano a lo que conocemos por obras tardías del burladés como su misa de difuntos, también rescatada hace algunos años por la Federación de Coros de Navarra.

En esta obra, el coro ofreció una actuación muy completa y decidida, destacando los igualmente agudos contrastes entre cada sección de texto. Los solistas vocales mantuvieron un nivel equilibrado en el conjunto de su actuación y Jesús María Echeverría ofreció una dirección menos severa que en la obra del compositor austriaco.

Durante toda la sesión, los intérpretes de la Joven Orquesta de Pamplona demostraron un estado de forma óptimo y buena integración entre sus diferentes secciones. Con todo, el protagonismo exclusivo de la orquesta fue en la Sinfonía número 44 de Haydn, una obra de su período intermedio que pertenece a un conjunto de sinfonías conocido tradicionalmente como Sturm und Drang, y que por lo tanto ofrece oportunidades para extremar contrastes y mostrar emociones de cierta intensidad.

Jesús María Echeverría ofreció una interpretación muy ordenada en los tres movimientos iniciales, con tempi moderados que permitieron escuchar importantes detalles, como la construcción canónica del Minueto que ocupa el segundo lugar en esta sinfonía. Sin embargo, ya en el cuarto movimiento soltó las riendas en un Presto de poderoso impulso rítmico, quizá a veces algo precipitado.

En conjunto, fue un cierre de altura del Festival de Música Sacra de Pamplona, con una de las obras corales más destacadas del siglo XIX interpretada de manera más que digna, considerando la magnitud del reto que suponía para las dos formaciones implicadas.

Autor entrada: xabier armendariz

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