«LA ALEGRÍA DE VIVIR» CON SARAH WILLIS (TROMPA) Y LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA

Música Xabier Armendáriz

“La alegría de vivir”

Jueves, 24 de octubre de 2024. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Sarah Willis, trompa. Orquesta Sinfónica de Navarra. Jose Antonio Méndez Padrón, director. Obras de Richard Egües, Wolfgang Amadeus Mozart, Joshua Davis, Isolina Carrillo, Ernesto Oliva y José Fernández. Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta sinfónica de Navarra 2024-2025.

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A primera vista, la idea de un programa de concierto titulado “Mozart y mambo” parece, simplemente, una ocurrencia exótica. El compositor salzburgués nunca abandonó Europa y sólo tomó el barco una vez, para poder presentarse en Londres. Difícilmente podría haber conocido en su época nada relacionado con los ritmos latinos que ahora nos resultan tan familiares. Y sin embargo, la trompista Sarah Willis, la protagonista básica del concierto que nos ocupa, supo darle sentido a la idea y convertirla primero en un disco y, posteriormente, en un concierto presentable en distintos escenarios.

Explicó la idea del concierto el otro creador de este programa: el director cubano Jose Antonio Méndez Padrón. Como bien recordó, el origen de buena parte de la música de Mozart es la danza; no sólo escribió músicas expresamente pensadas para bailar, sino que el sustrato rítmico es fundamental en una parte importante de sus obras. Además, sabemos por las cartas que Mozart escribió que le gustaba mucho bailar. Y si Mozart hubiese vivido en la actualidad y hubiese tenido contacto con la cultura latinoamericana, ¿habría utilizado los ritmos latinos para hacer música? Eso nunca lo sabremos a ciencia cierta, por supuesto, pero siempre podemos especular…

En ese aspecto, el experimento más importante del programa era el Rondó alla mambo de Joshua Davis, una reformulación del Finale del Concierto para trompa y orquesta número 3 de Mozart que se acababa de escuchar donde la vertiente rítmica del original cambia completamente. El resto del programa era un conjunto de obras de Mozart y de arreglos de conocidas canciones de artistas cubanos, preparadas en clave sinfónica y pseudoimpresionista en ocasiones. Quedó para la anécdota el Kalimotxo Mambo, una obra escrita para esta ocasión concreta por Ernesto Oliva, pianista invitado por Sarah Willis, donde el autor se hace eco de su experiencia en las Fiestas de San Fermín.

Como era de esperar, el alma del concierto fue Sarah Willis, desde hace años solista de trompa de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Los habituales del Digital Concert Hall, la plataforma donde la orquesta presenta todos sus conciertos, sabemos ya de su extraordinaria capacidad comunicativa, como demostró ya en sus famosos vídeos donde ofrecía interesantes trucos para que los aspirantes a músicos de orquesta resolvieran los principales solos del repertorio de forma eficaz. Aquí se mostró entusiasta y entregada, presentando los detalles del concierto con su español en desarrollo y bailando en el Rondó alla mambo con el propio director, ella incluso más cómoda que él en ese momento. Pero por supuesto, sólo grandes virtuosos llegan a ser solistas de la Orquesta Filarmónica de Berlín, y Sarah Willis ofreció una versión extraordinaria del Concierto para trompa número 3 de Mozart, con gran calidad de fraseo y sonido igualmente noble y redondo en todo el registro. Además, demostró su imaginación y su sentido improvisatorio al incluir una cita de una conocida canción cubana en la cadencia del concierto, volviendo al sentido real que en el siglo XVIII tenía el solo final con el que acaban tantos primeros movimientos en obras de este género.

Por lo demás, Jose Antonio Méndez demostró ser un director eficaz. Condujo con elegancia la Sinfonía número 33 de Mozart y destacó la orquestación alla turca de la obertura de El rapto en el serrallo, defendiendo los arreglos de música latinoamericana con conocimiento y atención a los detalles, con alguna precipitación puntual.

El público salió encantado del espectáculo y aplaudió con muchas ganas a todos los intervinientes. Y es que, en realidad, como bien demostró Sarah Willis, lo que más une a Mozart con el mambo es la alegría de vivir.

Autor entrada: xabier armendariz

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