FEDERACIÓN DE COROS DE NAVARRA “LA PIEDRA DE TOQUE” EN JAVIER

MÚSICA Xabier Armendáriz

La piedra de toque

Sábado, 21 de septiembre de 2019. Auditorio Francisco de Jaso de Javier. Laura Montoro, soprano. Liubov Melnyk, contralto. David de Oliveira, tenor. Andoni sarobe, bajo. Coro Sinfónico de la Federación de Coros de Navarra. Máximo Olóriz, director del coro. Orquesta Sinfónica de La Rioja. Jesús María Echeverría, director. Aurelio Sagaseta: Agur Maria, (1997). Buenaventura Íñiguez: Misa a ocho para grande orquesta, (1867). Concierto organizado por la Federación de Coros de Navarra.

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El nombre de Buenaventura Íñiguez (1840-1902) no es el más recordado entre los compositores navarros del siglo XIX. Además de su referencia en el callejero de Pamplona, pocos aficionados saben que este músico fue organista de la Catedral de Sevilla, ciudad donde había sido maestro de capilla Hilarión Eslava. Tradicionalmente se ha entendido a Buenaventura Íñiguez como un continuador de la estética del burladés, pero sólo podemos comprobar la dimensión de Íñiguez como compositor cuando se programan sus obras, algo que salvo por las composiciones organísticas, resulta hoy bastante inhabitual. Por eso, son importantes iniciativas como ésta de la Federación de Coros de Navarra, que permiten situar a los compositores y sus obras frente a la única piedra de toque posible: la opinión del público.

En este caso, la Misa a ocho para coro y grande orquesta de Buenaventura Íñiguez ofrece momentos de gran interés. Al escuchar el comienzo del Kyrie, con el protagonismo de los metales, recordamos inmediatamente el Kyrie de la Misa número 6 de Schubert, pero esa ilusión es pasajera. Ciertamente, la influencia predominante es la de Eslava. Los pasajes corales, muy trabajados y especialmente importantes en esta misa, recuerdan a la Misa y al Oficio de difuntos de Eslava que la Federación de Coros de Navarra ha recuperado recientemente. En otros momentos, sobre todo en los pasajes solistas, las melodías recuerdan a las secciones belcantistas del Miserere de Eslava de 1835, con algunas intervenciones destacadas del violonchelo solista. Es muy interesante constatar la desproporción entre la extensión del Gloria y el Credo, (prestado de la otra misa de Íñiguez y reelaborado para la misma disposición coral y orquestal por un arreglista anónimo del XIX), y la del Sanctus y el Agnus Dei, breves aunque con algunas sorpresas interesantes en la escritura. La obra funciona muy bien en concierto y muestra lo mejor de los principales estilos de composición religiosa en España durante el siglo XIX.

Como decimos, en esta misa de Buenaventura Íñiguez es vital la actuación del coro, muy extensa e importante. Máximo Olóriz ha realizado un trabajo muy minucioso con el Coro Sinfónico de la Federación de Coros de Navarra y eso se ha traducido en una interpretación muy decidida, con empaste y afinación. Los pasajes fugados fueron muy bien resueltos, obteniendo cada voz su protagonismo en los momentos adecuados. Jesús María Echeverría guió el conjunto con mano experta, sacando lo mejor de la partitura. Es probable que, en determinados momentos de mayor lirismo, sea conveniente un tempo más fluido, pero la dirección de Jesús María Echeverría fue en general muy interesante. La Orquesta Sinfónica de La Rioja se mostró como un conjunto muy solvente, con solistas capaces de intervenciones de gran musicalidad. Por lo que se refiere a los cantantes, todos respondieron con más o menos acierto, pero por encima del resto destacó la soprano Laura Montoro, que también estuvo muy eficaz en su intervención solista cantando el Agur Maria de Aurelio Sagaseta que abrió la sesión.

En conjunto, este concierto ha demostrado que, más allá de sus obras para órgano, la música de Buenaventura Íñiguez ha superado la prueba y es apta para ser recuperada en concierto.

Autor entrada: xabier armendariz

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