“VER LA MÚSICA” EN EL FESTIVAL NAK 2019 EN CIVICAN

CLÁSICA Xabier Armendáriz

Ver la música

Jueves, 12 de septiembre de 2019. Auditorio Civican de Pamplona. Miren Karmele Gómez, realización visual. Alicia Torrea, piano. Alexander Scriabin: Preludios: Selección (1888-1896). Helmut Lachenmann: Güero (1969). Alain Louvier: La isla de los números: Tocata serpentina (1991). Jean-Jacques Di Tucci: Preludio (1995). Gyhörgy Kurtag: Perpetum mobile (1973). Héctor Parra: Cinco estudios de arte: Ecos de materia (Antoni Tàpies in memoriam), 2012. Concierto inscrito en el Festival NAK 2019.

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Los lectores de las críticas musicales se han acostumbrado seguramente a una serie de frases hechas y comparaciones a las que muchos melómanos estamos acostumbrados. Hablamos del “color orquestal”, distinguimos entre “voces claras y oscuras”, hablamos de “sonoridades ocres” cuando nos referimos al timbre relativamente más rústico de las trompas naturales, etc. Ahora bien: ¿qué puede ocurrir en el caso de aquellas personas para quienes este tipo de expresiones no son simples comparaciones, sino realidades subjetivas?

La tercera cita del Festival NAK 2019 analizaba el fenómeno de la sinestesia, o capacidad de interrelacionar las sensaciones producidas por diferentes sentidos: percibir colores en la música o a través del olfato, etc. Se trata de una condición de la que han dispuesto diversos compositores de los siglos XIX y XX, entre ellos Nikolai Rimsky-Korsakov, Alexander Scriabin y Olivier Messiaen. La Fundación Juan March de Madrid ofreció hace algunos años un ciclo muy interesante en torno a este fenómeno, no estudiado hasta ahora en toda su magnitud.

En esta velada, la divulgadora científica Miren Karmele Gómez explicaba su experiencia personal en torno a la sinestesia, mientras Alicia Torrea ofrecía obras de autores sinestésicos (como Scriabin) u otras composiciones de la literatura pianística de los siglos XX y XXI acompañadas de las “proyecciones sinestésicas” concebidas por la divulgadora científica ligada al Planetario de Pamplona. Más allá de los preludios de Scriabin (obras juveniles en las que todavía no se perciben las influencias místicas del autor en años posteriores), escuchamos un recital de piano altamente experimental, con obras que incluían recursos inhabituales. Así, en Perpetuum mobile de György Kurtag escuchamos un glissando continuo a lo largo de diferentes octavas del teclado, mientras que en Güero de Helmut Lachenmann escuchamos los mismos desplazamientos de la mano sin que las notas llegaran a escucharse, una técnica muy poco empleada incluso por autores que experimentaron con la sonoridad del instrumento. En otras composiciones, Alicia Torrea debía realizar una serie de gestos con las manos durante las pausas existentes en la música. El repertorio de este concierto requiere, por esta razón, una clara especialización, y Alicia Torrea cumple claramente con los requisitos. Más allá del dominio del estilo que demostró en los preludios de Scriabin, se sintió particularmente cómoda con el resto de obras del programa, potenciando toda la gama de sonoridades que aparecen en ellas. Alicia Torrea siempre ha sido una pianista técnicamente muy segura, capaz de reproducir todo tipo de combinaciones rítmicas, por muy complicadas que parezcan, pero estas obras reclaman no sólo seguridad, sino también convicción y un aplomo poco común que ella tiene.

En conjunto, fue una cita especialmente interesante en el plano musical con un completo recorrido por la música de piano del siglo XX con toda la panoplia de recursos extendidos llevados al límite. Además fue complementada con un tema tan desconocido como es la sinestesia, que atrajo el interés y la curiosidad del público, que planteó muchas preguntas al final del evento.

Autor entrada: xabier armendariz

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