Yosu de Solaun Miguel Ángel Gómez Martínez Beethoven 24/04/2013

Beethoven al estilo antiguo

 

Miércoles, 24 de Abril de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Josu de Solaun, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Miguel Ángel Gómez Martínez, director. Ludwig van Beethoven: Egmont, Op. 84: Obertura, (1810). Concierto para piano y orquesta número 5 en Mi bemol mayor, Op. 73, (Emperador), (1809). Sinfonía número 7 en La mayor, Op. 92, (1812). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2012-2013.

 

Aun contando con las puntualizaciones que realiza Mikel Chamizo en las notas al programa, suele dividirse el itinerario creativo de Beethoven en tres períodos. En el primero de ellos, hasta 1804, las obras del de Bonn son aún muy deudoras del estilo de Haydn y Mozart; en el segundo, la famosa década heroica que llega hasta 1814, Beethoven alcanzó su estilo personal y las características de nobleza y pathos que hoy asociamos a su obra. En sus últimas creaciones, finalmente, Beethoven pareció querer liberarse de las ataduras de su tiempo e investigar en todos los aspectos de la música, creando en esa época sus obras más geniales.

El programa que nos ocupa era un monográfico Beethoven, y además formado por tres obras de la década heroica, como puede advertirse en la ficha. Son obras en donde hacen falta intérpretes experimentados, que no escatimen en dramatismo e intencionalidad, conozcan el terreno, no se dejen llevar por diversiones clasicistas y, sobre todo, que no realicen concesiones. Fue el caso del director Miguel Ángel Gómez Martínez.

El concierto se abrió con una obertura de Egmont de intensa concentración. Fue una interpretación de espíritu heroico, dramática, granítica, incluso a veces un poco pesada. Todo recordaba, por poner un referente discográfico, al Klemperer de última época. Ciertamente, muy de acuerdo con el espíritu de la obra y el autor, aunque hoy suelan preferirse versiones más aceleradas y vistosas.

En el Quinto concierto para piano, Gómez Martínez realizó una labor eficaz, siempre firme en el podio y atento a las necesidades del solista. Éste, el pianista Josu de Solaun, realizó un primer movimiento por momentos un tanto precipitado, pero poco a poco entró en la obra y terminó por hacer una buena labor. El sonido de Solaun posee la mezcla de contundencia y delicadeza necesaria para Beethoven, y junto con Gómez Martínez realizó un segundo movimiento muy conseguido. De propina, Fuegos artificiales, la obra que cierra el segundo libro de Preludios de Debussy, en una versión muy idiomática reflejo de una técnica colosal.

Se han escuchado muchas Séptimas beethovenianas en Pamplona en los últimos años, desde la superficial de Joshua Bell hasta la simplemente genial de Pinchas Zuckerman, llena de hallazgos por todas partes. Gómez Martínez no llegó tan lejos como este último, pero su interpretación funcionó realmente bien. Aunque los tiempos fueron en general lentos, eso no supuso pérdida de vigor rítmico en los movimientos impares, algo absolutamente fundamental si se quiere hacer de la obra la “apoteosis de la danza”, como la llamó Wagner. El Allegretto funcionó con gran eficacia, y las maderas frasearon con gusto exquisito. No hubo apresuramientos ni gestos de cara a la galería. Fue el Beethoven esencial que todos hemos aprendido a amar, y que últimamente hemos escuchado hacer, pongamos por caso, a Antoni Wit con la Sinfónica de Navarra. El resultado fue, no podía ser menos, un gran éxito.

En conjunto, fue un monográfico Beethoven que mereció la pena, porque Gómez Martínez realizó una actuación valiente, haciendo sonar estas obras como lo que son: creaciones de una persona de fuertes ideales, que alcanzaban mucho más allá de los convencionalismos clásicos. No es poca cosa, porque escuchando algunas grabaciones de rabiosa modernidad, parece que a algunos directores hay que recordárselo.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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