«EL CONCIERTO MÁS DIFÍCIL» DE RACHMANINOV CON EUSKADIKO ORKESTRA EN BALUARTE

Clásica Xabier Armendáriz

“El concierto más difícil”

Euskadiko Orkestra

Martes, 14 de abril de 2026. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Nikolai Lugansky, piano. Euskadiko Orkestra. Juraj Valcuha, director. Anatoli Liadov: El lago encantado, Op. 62, (1909). Sergei Rachmaninov: Concierto para piano y orquesta número 3 en Re menor, Op. 30, (1909). Bela Bartok: Concierto para orquesta, SZ 116, (1945). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Euskadiko Orkestra 2025-2026.

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De las obras para piano y orquesta que configuran el repertorio estándar, el Concierto para piano y orquesta número 3 de Sergei Rachmaninov pasa por ser la más difícil. Seguramente no es el concierto para piano que plantee más dificultades interpretativas, (ese honor lo tiene el Segundo concierto para piano de Brahms), pero sí es seguramente la obra más compleja desde el punto de vista puramente mecánico. Sólo se le compara en ese sentido el Concierto para piano y orquesta de Ferruccio Busoni, una composición en donde además se une el factor duración, pues la obra del compositor italiano se extiende durante más de hora y cuarto; con todo, es muy difícil que la obra de Busoni pase al repertorio estándar, porque además requiere la participación de una orquesta gigantesca y coro masculino. Rachmaninov escribió su Tercer concierto para piano para explotar al máximo su capacidad como pianista virtuoso, planteando una obra de escritura sólo apta para pianistas que cuenten con manos amplias y/o flexibles, capaces de enfrentar una escritura de bravura que exige precisión, volumen y máxima intensidad expresiva en muchos momentos. Como además la obra ofrece también muchos momentos de alta temperatura emocional, hablamos de un concierto que jamás deja indiferente al público.

En el concierto que nos ocupa, la Euskadiko Orkestra ofrecía esta obra fundamental con la participación del que, desde hace un par de décadas, es el mayor especialista en esta composición. Nikolai Lugansky no es un pianista desconocido en Pamplona, pues ha aparecido con frecuencia en todos los ciclos más importantes de la ciudad. Sin embargo, nunca había interpretado aquí, que recordemos, el Concierto número 3 de Rachmaninov. El resultado fue, en muchos sentidos, sorprendente. Todavía más que en su importante grabación de la obra con la Orquesta de la Ciudad de Birmingham y Sakari Oramo, su visión fue eminentemente sinfónica y abandonando cualquier tentación de enfatizar el virtuosismo de la obra, en contraste con otros grandísimos intérpretes como Vladimir Horowitz, el propio compositor y en nuestro tiempo Yunchan Lim, la nueva superestrella del piano. Siguiendo la lógica ya citada, Lugansky optó por la cadencia más corta (y menos difícil) de las dos que ofrece Rachmaninov para concluir el desarrollo del primer movimiento, y escuchamos una visión de tempi muy moderados, donde el sentimentalismo de los momentos más líricos resultó más que patente. Fue una lección pianística de primera magnitud, bien subrayada por una orquesta plenamente preparada por Juraj Valcuha. De propina, Lugansky ofreció una versión muy meditada de Ensueño, el célebre fragmento de las Escenas infantiles de Schumann.

El concierto se había iniciado con El lago encantado, un breve poema sinfónico de Anatoli Liadov, que Valcuha ofreció con toda su carga pictórica en una versión inquietante y turbadora; lamentablemente, algunos espectadores quisieron mostrar su conocimiento de la obra y se anticiparon a los aplausos de los demás, impidiendo que el público pudiera degustar el silencio final que Valcuha pretendía. Ya en la segunda parte, se escuchó el Concierto para orquesta, la obra más célebre de Bela Bartok, compuesta igual que la obra de Rachmaninov en los Estados Unidos. El director checo intentó ofrecer una versión plural de la obra, en la que no quiso quedarse con los aspectos más rítmicos y vitalistas de la composición sino también mostrar su vertiente más lírica e impresionista, en pasajes como la introducción del primer movimiento. El resultado fue algo irregular, con algunos momentos extraordinarios como el comienzo de la Elegía que sirve como eje de simetría de la obra en su conjunto, (gran prestación ahí de la cuerda grave), y otros menos logrados, como un Finale que resultó algo más prudente en tempo y carácter de lo deseable.

Con todo, esta sesión se recordará por la interpretación más sinfónica y rotunda que recordamos del Tercer concierto para piano de Sergei Rachmaninov, a menudo considerada la obra más compleja del repertorio estándar para piano y orquesta.

Autor entrada: xabier armendariz

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