Urrutia Mozart Brahms Marta Zabaleta Carlo Rizzi 21/10/2014

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Martes, 21 de Octubre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Garikoitz Mendizábal, txistu. Marta Zabaleta y Miguel Borges Coelho, pianos. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Carlo Rizzi, director. Isabel Urrutia: Eresoinka, (Obra encargo de la Fundación SGAE y de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas a propuesta de la Orquesta Sinfónica de Euskadi), (2014). Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para dos pianos y orquesta en Mi bemol mayor, KV 365, (1776). Johannes Brahms: Sinfonía número 1 en Do menor, Op. 68, (1876). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2014-2015.

 

Cuando cualquier jugador de fútbol es preguntado después de haber perdido un partido, las respuestas suelen ser sospechosamente parecidas. Frases como “El fútbol es así”, “No hay rival pequeño” o “Han tenido más pegada que nosotros” son muy, muy habituales, seguidas de cerca por aquello de “Es que nos ha faltado intensidad”. Al analizar la música, los que opinamos sobre ella tendemos a utilizar algunos tópicos parecidos, alimentados en muchos casos también por las percepciones del público o de los que nos han antecedido.

Una de las frases más repetidas por el público habitual de conciertos sinfónicos es aquello de que “la música contemporánea es disonante y ruidosa”, y es poco probable que Eresoinka de Isabel Urrutia haya contribuido a cambiar esa opinión. Aunque formalmente se anuncia como un concierto para txistu y orquesta, en realidad el txistu apenas destaca sobre una densa textura orquestal, que toca constantemente clusters creando un clima expresionista, haciéndose así eco del contexto bélico en el que la agrupación cultural Eresoinka desempeñó su actividad en la divulgación de la cultura vasca. Tanto Garikoitz Mendizábal como la Orquesta Sinfónica de Euskadi, con Carlo Rizzi a su comando, realizaron una magnífica interpretación de esta obra que crea en el oyente una tensión de innegable efecto. El público reaccionó con aplausos educados frente a una obra que tiene bastante interés.

Otro de los tópicos más extendidos entre los analistas es que “la música de Mozart es amable y divertida”. Al afirmar esto, parecería que se estuviesen refiriendo al Mozart que nos ofrecieron Marta Zabaleta y Miguel Borges Coelho, siempre pulcro y ortodoxo en su alegría y jovialidad. Desde estas premisas, se trató de una interpretación lógica y bien preparada, en donde destacó la unidad de criterios y la complicidad entre ambos pianistas, y en donde sólo pudo reprocharse cierta precipitación en pasajes puntuales en el primer movimiento. Nosotros creemos, sin embargo, que este concierto tiene algunos pasajes en donde se podía ofrecer algo más de sentido dramático y un toque más incisivo. En la Danza húngara número 10 de Brahms que ambos ofrecieron como propina, faltó rusticidad y espontaneidad en los cambios de tempo. Carlo Rizzi acompañó el concierto de Mozart con fraseo adecuado, y aprovechó el magnífico estado de forma de los solistas de las maderas.

Respecto de Brahms, el tópico más extendido que sobre él circula es que su música es invariablemente melancólica y otoñal. Algo de ello asomó en la interpretación que Carlo Rizzi hizo de la Primera Sinfonía, que así perdió parte de su esencia en los movimientos extremos. Los pasajes líricos del primer movimiento fueron bien cantados por la cuerda de la orquesta, pero faltaron ataques más secos y directos en las secciones dramáticas. Los movimientos centrales fueron magníficos, porque fluyeron con naturalidad y permitieron el lucimiento de los solistas de la madera. En el Finale, Rizzi ofreció el dramatismo y la fuerza deseables, pero las transiciones de tempo fueron demasiado abruptas. Fue una interpretación irregular, cuyo espectacular final permitió que florecieran algunos bravos entre el público.

En conjunto, fue un concierto que ofreció el estreno de una obra realmente interesante y otras dos interpretaciones más convencionales de obras del repertorio. Los lugares comunes suelen ser difíciles de derribar, porque en general todos ellos tienen algo de verdad.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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