Una decisión inesperada

Una decisión inesperada

 

En 1990, los músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín se reunieron en cónclave para elegir a quien sería el sucesor como director de la formación alemana de Herbert von Karajan. Las quinielas bullían en toda la prensa europea y estadounidense, porque se entendía que el nombre del nuevo director de la orquesta supondría, bien una ruptura con Karajan, bien una continuación de su estilo de monopolio directorial y de sus ansias de poder. Por la tarde, se conoció la decisión de la orquesta, que recayó en el nombre de Claudio Abbado. El director italiano no estaba entre los que la prensa había presentado como favoritos a la sucesión (sí lo estaban James Levine, Riccardo Muti o Lorin Maazel, entre otros), y al menos de acuerdo con Norman Lebrecht, llevaba en aquel momento una carrera en decadencia. Precisamente fue ese nombramiento como titular en Berlín el que afianzó la fama de Claudio Abbado que, a la postre, resultó ser una elección muy acertada. Abbado renovó el repertorio de la orquesta, pulió su sonido de algunos de los efectos orquestales más o menos gratuitos de Karajan y lideró la orquesta con mucha más apertura de miras y benignidad personal.

Hoy sabemos que, en realidad, Claudio Abbado no había sido la primera opción de los músicos de la Filarmónica de Berlín. Al parecer, la primera elección había sido Carlos Kleiber, un director con un repertorio exiguo que, en aquellos años, apenas daba conciertos salvo en muy limitadas ocasiones y en condiciones muy controladas. A pesar de que Kleiber era ciertamente un director muy importante, no parecía el más idóneo para hacerse cargo de una orquesta y ciertamente no nos sorprende que rechazara en su momento la titularidad de la agrupación. Zubin Mehta fue el siguiente director al que se le ofreció el puesto, pero también él declinó la invitación; en su caso, francamente, difícilmente podemos aventurar por qué.

Acabamos ahora de conocer la noticia de que Kirill Petrenko ha sido nombrado director titular de la Orquesta Filarmónica de Berlín. El director ruso ha llevado en los últimos años una carrera en ascenso, tomando posesión recientemente del puesto de director musical de la Staatsoper de Baviera. Se trata, en efecto, de uno de los directores más importantes de la joven generación, un buen músico que, seguramente, tiene aún mucho que ofrecer al público. Pero tampoco en este caso Petrenko era el favorito para la elección; aunque sí figuraba en las quinielas de algunos entendidos como Tom Service, crítico del Guardian, parecían más obvios nombres como los de Andris Nelsons, Daniel Barenboim, Maris Jansons o, según algunos, el mismo Gustavo Dudamel.

Ha habido en general pocas oportunidades de escuchar a Kirill Petrenko en escenarios importantes, menos aún en España. Su principal foco de interés ha sido la ópera, la música rusa y los compositores menos frecuentados de los siglos XIX y XX, en los que ha mostrado desde luego importantes cualidades. Pero la interpretación que lanzó a la fama a Petrenko ha sido el Anillo wagneriano que condujo en 2013 y 2014 en el Festival de Bayreuth.

Quien esto firma, tuvo oportunidad de oír a través de la radio el ciclo de 2014 prácticamente en su integridad, y pudo así escuchar al director ruso en acción. Fue una interpretación muy particular. Era evidente que Petrenko no había tenido un contacto estrecho con Wagner, así que acercaba la obra al sonido orquestal, más hiriente, que habría sido de esperar en una sinfonía de Sibelius o Shostakovitch. No siendo un Wagner ortodoxo, y desde luego en una perspectiva completamente distinta a la que ofreció en años anteriores Christian Thielemann, su dirección se imponía a una concepción escénica inútilmente provocadora y a un reparto vocal con fisuras importantes, especialmente en las dos últimas jornadas.

Así, es de esperar que en los próximos años Petrenko continúe una exploración del repertorio alemán similar a la que podíamos observar durante los años de Rattle como titular, y se ha desvanecido la posibilidad de una vuelta a la tradición de un Karajan al modo de lo que podía preverse con Thielemann o un estilo hollywoodiense que podía haber aportado Gustavo Dudamel. Quienes han criticado a Simon Rattle en los últimos años con el argumento de que el sonido de la Filarmónica de Berlín ha perdido personalidad, se van a encontrar con un director que, aunque educado en Austria y Alemania y en los fosos de ópera, no parece preocupado por hacer revivir ese pasado glorioso…, al menos hasta donde nosotros hemos podido escuchar.

¿Era Kirill Petrenko la mejor elección para la Filarmónica de Berlín? Por nuestra parte, si se nos pregunta nuestra humilde opinión, nuestra respuesta sería que no. Aun descartado el nombre de Daniel Barenboim por propia iniciativa o el de Maris Jansons por su renovación con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, Andris Nelsons era tal vez el director ideal para asumir el puesto, una vez que el letón abandonara en 2018 su compromiso con la Orquesta Sinfónica de Boston. La comprensión por Nelsons del repertorio centroeuropeo, que por necesidad ha sido y es siempre la base fundamental de la programación de la orquesta, es mucho más completa y ortodoxa que la que a día de hoy Petrenko puede ofrecer. Si sus opiniones políticas no fueran tan discutibles, o incluso condenables, creemos que Christian Thielemann también habría sido una alternativa más sólida. Pero igual que en 1990 cuando la Filarmónica de Berlín decidió elegir a Claudio Abbado, parece que han primado otros criterios, y desde ese punto de vista Petrenko sí merece una oportunidad. El director ruso ha trabajado mucho y con extraordinaria humildad para llegar a las posiciones que ahora ostenta y ciertamente nadie le ha regalado nada. Confiamos en que sepa gobernar una orquesta tan compleja como la Filarmónica de Berlín con el mismo temple con el que lo está haciendo Rattle. Musicalmente, creemos que Petrenko puede aportar a la orquesta en muchos aspectos y confiamos en que depare muchas tardes de gloria en la Philharmonie de Berlín.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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