Tchaikovsky Schumann Alexandre Da Costa John Axelrod 28/04/2014

El arte de la transición

 

Lunes, 28 de Abril de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Alexandre Da Costa, violín. Orquesta Sinfónica de Euskadi. John Axelrod, director. Piotr Illyich Tchaikovsky: Concierto para violín y orquesta en Re mayor, Op. 35, (1878). Robert Schumann: Sinfonía número 4 en Re menor, Op. 120, (1851). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2013-2014.

 

Uno de los deberes que tiene todo intérprete de música clásica es dar coherencia a las obras que defiende ante un público. Toda obra musical tiene una forma definida, y muchas veces las diferentes secciones se delimitan a través de cambios de tempo, que hay que saber manejar adecuadamente. El ejemplo más claro de ello son los movimientos de sinfonías de Haydn, Mozart o Beethoven que tienen una introducción lenta; la transición hacia el subsiguiente Allegro es uno de los momentos clave del movimiento, y por extensión de toda la obra.

El primer movimiento del Concierto para violín de Tchaikovsky no tiene introducción lenta, pero sí plantea algunas complejidades en este sentido. Aunque un tempo moderado parece óptimo como base para interpretarlo, hay momentos de virtuosismo por parte del solista que parecen requerir un tempo más rápido que evite que las cascadas de notas resulten mecánicas. En este caso, John Axelrod debió someterse a un solista de gran musicalidad pero no sobrado técnicamente, y realizó una lectura del primer movimiento en donde acompañó bien, pero sin darle a la música toda la pasión que puede tener; ésta sí afloró en su totalidad en la cadencia del solista, lo mejor del movimiento. El segundo tiempo fue tocado por Da Acosta con gran sobriedad, en lo que fue una decisión acertada. En el tercero, con Da Acosta plenamente seguro, las resonancias folclóricas salieron a la luz y el oboe solista de la orquesta tuvo momentos de lucimiento. El éxito fue  mayor del habitual  y el solista obsequió al público con dos propinas: una Pena de amor de Kreisler muy elegante y musical pero poco decadente, y una pieza  de estilo jazzístico que Da Acosta no presentó. En ambos casos, contó con la participación de los miembros de la orquesta.

La Cuarta Sinfonía de Schumann también plantea retos a los directores, y en este caso de mayor escala que el concierto de Tchaikovsky. Al margen de la mayor o menor valía que le reconozcamos a Schumann como orquestador, la principal dificultad de esta obra es que los cinco movimientos que la componen deben sonar seguidos, sin pausas. Por tanto, se hace necesario que el director sepa encontrar las relaciones de tempo adecuadas para las transiciones. A este respecto, John Axelrod no se complicó la existencia. Apoyado en un sonido orquestal rocoso pero no pesante, muy schumanniano, dejó fluir el discurso a la antigua, con tempi moderados y fraseo amplio. Destacó especialmente el tiempo lento, que fluyó con extraordinaria naturalidad, y sobre todo ese momento mágico que supone la transición del Scherzo al Finale, una suerte de amanecer sinfónico en el que la preparación del Allegro final se va intuyendo poco a poco, y que a tantos directores se les escapa. El Finale propiamente dicho coronó de forma brillante una interpretación de gran calidad. Las sinfonías de Schumann no han sido especialmente bien tratadas por los directores, que en general no les han dado la importancia que merecen, tal vez por la escasa consideración que se ha tenido de Schumann como orquestador, una creencia alimentada por el propio interesado. Pero John Axelrod ha sabido colocar exactamente a la Cuarta Sinfonía en su lugar, como digna heredera de la tradición beethoveniana.

En conjunto, el concierto atrajo especialmente la atención del público por la interpretación del Concierto para violín de Tchaikovsky, pero lo que realmente destacó fue una gran versión de la Cuarta de Schumann. Tal vez después del Tchaikovsky el público fue especialmente generoso, pero sin duda hubo en toda la velada buenas razones para aplaudir.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *