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MÚSICA clásica Xabier Armendáriz

¡Sigue buscando!

Martes, 3 de junio de 2025. Auditorio Baluarte de Pamplona. Euskadiko Orkestra. Alexandre Bloch, director. Gustav Mahler: Sinfonía número 7, (1905). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Euskadiko Orkestra 2024-2025.

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La forma general de la Séptima Sinfonía de Gustav Mahler es, exteriormente, muy fácil de explicar. Los cinco movimientos de la partitura se disponen en forma de arco, por utilizar la expresión tan querida por el compositor húngaro Béla Bartók. Los dos movimientos extremos son episodios largos y plenamente desarrollados, el primero un inicio de profundos contrastes, misterioso o nervioso por momentos, mientras el final es una suerte de Rondó de carácter bullicioso y festivo. Los movimientos segundo y cuarto son sendas serenatas, misteriosa y expectante la primera, más decididamente tierna y melancólica la segunda.

Sin embargo, el eje de toda la obra es el breve Scherzo central, un vals fantasmagórico y alucinado que relaciona inmediatamente el universo mahleriano con los autores de la Segunda Escuela de Viena. No olvidemos que, cuando Mahler compuso esta sinfonía en 1905, Arnold Schönberg ya estaba plenamente activo y que tanto él como sus dos principales discípulos, Alban Berg y Anton Webern, se movían en los mismos círculos que el compositor bohemio.

A día de hoy, la Séptima Sinfonía de Mahler sigue siendo, con todo, la obra menos entendida de su autor por intérpretes y público. Por eso, cada ocasión de poder escucharla en vivo es una oportunidad a aprovechar. Cuando se anunció el cierre de temporada de la Euskadiko Orkestra, se esperaba para este concierto la presencia de Robert Treviño, que durante todos estos años ha demostrado una y otra vez sus grandes capacidades como director mahleriano.

Sin embargo, la abrupta salida de Treviño de su puesto como titular de la Euskadiko Orkestra ha obligado a buscar un sustituto, y el francés Alexandre Bloch parecía una elección acertada. Hablamos de un músico que ha grabado recientemente la obra con la Orquesta Nacional de Lille de la que entonces era titular, y que, por tanto, en teoría ha debido dedicar mucho tiempo a estudiar e intentar entender la partitura. Y como tantas veces ocurre, no consiguió ofrecer un conjunto que resultara convincente.

Ya el primer movimiento no comenzó con buen pie. La introducción inicial, que Mahler concibió mientras cruzaba un lago en una barca de remos, se planteó a un tempo más bien lento y sin mayor tensión; el crecimiento posterior sí alcanzó la fuerza deseada, pero remontar la ausencia de impulso inicial es complicado. La primera serenata fluyó con demasiada prisa; no hubo espacio para recrearse en las sonoridades misteriosas de la noche. Curiosamente, el Scherzo no le planteó a Bloch ningún problema; parece que a los directores actuales les resulta menos complicado hacer frente a este episodio tan siniestro. La segunda serenata perdió cualquier carácter evocador y amoroso, de nuevo por la prisa con la que fue tomada; fue muy difícil para los distintos músicos de la orquesta conceder a las frases el tiempo necesario para que este episodio mantuviera la concentración que merece.

Por último, el Finale, que tantos quebraderos de cabeza le supuso a Willem Mengelberg, el primer director que interpretó sistemáticamente las sinfonías de Mahler, no planteó mayores apuros para Bloch. Él supo entender que la apuesta más segura con este episodio final es ofrecer una interpretación que potencie su carácter bullicioso y festivo, que fue exactamente lo que hizo el director francés.

En conjunto, fue una interpretación que volvió a demostrar, una vez más, que la Séptima Sinfonía de Mahler sigue ofreciendo tantos retos a sus intérpretes como cuando fue escrita, así que, por consiguiente, habrá que seguir buscando.

Autor entrada: xabier armendariz

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