Sibelius Kullervo Coro Easo Ari Rasilainen 25/09/2015

Érase una vez

 

Viernes, 25 de Septiembre de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Marjukka Tepponen, soprano. Markus Nieminen, barítono. Coro Easo de San Sebastián. Xalbador Rallo, director del coro. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Ari Rasilainen, director. Jean Sibelius: Finlandia, Op. 26, (1900). Kullervo, Op. 7, (1892). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2015-2016.

 

Seguramente muchos lectores recordarán con especial agrado las tardes y las noches de su infancia. En particular, quienes hayan tenido ocasión de criarse en pueblos pequeños posiblemente recuerden veladas en las que se reunía toda la familia en torno al fuego y se escuchaban historias, pertenecientes a la tradición o inventadas, muchas veces con presencia de personajes sobrenaturales y sucesos maravillosos. A buen seguro, sería ese uno de los momentos más esperados de la jornada, el momento de dejar volar la imaginación y trasladarse a las vivencias de otras personas. En fin, bastaban las palabras “Érase una vez” para que todo cambiara y empezara la magia del cuento popular.

La obra principal del concierto que nos ocupa, Kullervo de Jean Sibelius, debe procurar al oyente esa misma sensación desde el comienzo. Su autor pretendió crear con ella una sinfonía coral a gran escala, (casi hora y cuarto de música), en donde se repasa la trayectoria tortuosa de uno de los grandes héroes de la mitología finlandesa: Kullervo. Separado de sus padres desde su niñez, este personaje inicia una carrera llena de incompetencia y violencia culminada con la seducción (sin saberlo) de su propia hermana y el suicidio de ambos. La fuente de inspiración y el origen del texto está en el Kalebala, la primera recopilación moderna de las leyendas finlandesas que convirtió el finés en lengua culta. En el contexto de una Finlandia dominada por el imperio zarista, una defensa tan poderosa de la cultura local tuvo un éxito inmediato y, aunque el propio Sibelius rechazó la obra años después, esta sinfonía es muy interpretada y querida en los países nórdicos.

Interpretar la obra en un lugar tan alejado de estos relatos como el País Vasco y Navarra era un riesgo, pero difícilmente se podía haber elegido mejor traductor para la partitura. Hari Rasilainen es un maestro experimentado y supo llevar la obra con acierto extraordinario. Ya desde el principio supo crear esa magia propia de los relatos ancestrales transmitidos de padres a hijos, mostrando la épica de la obra sin renunciar al fraseo de los fragmentos más líricos. Así, hubo momentos de extraordinaria belleza en el segundo movimiento y se percibía la tensión en el episodio de la seducción en el tercero. El drama no decayó en ningún momento, algo fundamental en esta obra.

Por lo que respecta a los solistas vocales, puede decirse que cuajaron una buena actuación en conjunto, igual que la sección masculina del Coro Easo, a quienes hemos de felicitar por adaptarse a cantar en una lengua tan inhabitual como el finés. Aunque la orquesta no siempre rindió a su mejor nivel, en particular por lo que al viento metal se refiere, la interpretación fue en conjunto muy buena y descubrió a muchos una obra de Sibelius fundamental para entender el resto de su producción.

El programa se había iniciado con una versión de calentamiento del poema sinfónico Finlandia del mismo autor, en donde se apreció la emoción sólo en la exposición del tema lírico, cantado por Rasilainen con naturalidad y sin grandeza artificiosa. Pero lo más importante de este concierto era recuperar Kullervo, y retomar aquella sensación que todos hemos sentido en alguna ocasión al escuchar las palabras: “Érase una vez”…

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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