Sexta Sinfonía Mahler Jung Märkl 25/05/2013

Preguntas y respuestas

 

Sábado, 25 de Mayo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Jun Märkl, director. Charles Ives: La pregunta sin respuesta, (1906). Gustav Mahler: Sinfonía número 6 en La menor, (Trágica), (1906, edición crítica preparada por Reinhold Kubik en 2010). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2012-2013.

 

El concierto que cerraba la presente temporada de la Orquesta Sinfónica de Euskadi era, sin duda, uno de los programas mejor concebidos de la serie. Las dos obras que lo protagonizaban eran estrictamente contemporáneas, y tenían un tema común: la pregunta por el sentido de la existencia humana. En realidad, esa es la “pregunta sin respuesta” a la que Ives se refiere en el título de su obra y la causa por la que lucha el héroe de la Sexta sinfonía de Mahler. Siendo obras de estéticas tan contrarias entre sí, pero con este mismo tema común, el programa prometía mucho, más aún cuando se supo que el talentoso Andrés Orozco-Estrada sería sustituido por un director más avezado en cuestiones mahlerianas: Jun Märkl.

La interpretación de La pregunta sin respuesta de Ives no dejó duda. Mientras las cuerdas tocaban sus acordes espectrales, extáticos, con un vibrato prácticamente inexistente, los instrumentistas separados intercambiaban preguntas y respuestas, éstas últimas cada vez más angustiosas. El trompetista, cada vez con un sonido más aristado, servía las preguntas con gran elocuencia, hasta que la séptima no obtuvo el eco correspondiente. Una interpretación turbadora, ciertamente muy lograda.

La Sexta sinfonía de Mahler es tal vez la obra más compleja del bohemio, porque toda la interpretación tiene que estar dirigida a esos dos golpes de martillo, o tres según la edición, que marcan en el Finale el adverso destino del héroe encarnado por el propio Mahler. Ya desde el comienzo, Märkl fue directo al grano: la marcha avanzó con velocidad implacable y sin detenerse, salvo en las secciones líricas reflejo de la imagen de Alma, tocadas con pasión un tanto desmayada. Pero la incisividad y la violencia del conjunto fueron muy elocuentes.

El segundo movimiento fue el Andante moderato, siguiendo la última voluntad de Mahler y no la tradición habitual hasta hace poco en la obra. En manos de Märkl, fue un remanso lírico tomado a tiempo más bien lento, lo que permitió degustar las melodías en toda su magnitud. Por otra parte, cada episodio tuvo el carácter adecuado, hasta alcanzar un clímax exaltado y desesperado, como debe ser. El Scherzo fue una lección de control del tempo, sobre todo por la flexibilidad en los dos Tríos, en donde Mahler vuelve a mostrar su predilección por melodías de estilo popular, evocadoras de los juegos infantiles de sus hijos.

El Finale de esta sinfonía es uno de los movimientos más aterradores y trágicos de todo el repertorio sinfónico, y Märkl no intentó reducir el drama en ningún momento. La tensión se mantuvo constante, gracias a la urgencia del tempo y a un intensísimo fraseo en los pocos remansos líricos. La llegada a los dos decisivos golpes de martillo fue bien preparada, aunque sin el fatalismo de la otra gran interpretación escuchada en Pamplona, la de Semyon Bychkov en 2011. En todo caso, el acorde final en fortissimo, que sella los inútiles intentos del héroe, fue sobrecogedor.

En conjunto, sin ser una interpretación excepcional, escuchamos una versión sensata y muy lograda de la partitura mahleriana, adecuadamente flanqueada por una obra tan cercana y diferente al mismo tiempo como la de Ives. Gran cierre de curso.

 

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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