ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI «DIRECTORAS II» EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«Directoras (II)»

ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI

Martes, 16 de Marzo de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Vadim Gluzman, violín. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Gemma New, directora. Sergei Prokofiev: Concierto para violín y orquesta número 2 en Sol menor, Op. 63, (1935). Robert Schumann: Sinfonía número 3 en Mi bemol mayor, Op. 97, (Renana), (1850). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2020-2021.

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La fama de Nueva Zelanda como país no se debe a la música clásica. La mayor parte de las referencias a este país aparecen en la información deportiva, a propósito de su equipo nacional de rugby, los temibles All Blacks. Famosos por desarrollar un juego espectacular basado en un gran despliegue físico y en jugar el balón oval a la mano con extraordinaria rapidez y precisión.

Sin embargo, los amantes de la lírica recuerdan a la soprano Kiri te Kanawa, una cantante que realizó una extensa carrera en los años ochenta y noventa grabando para Decca. Te Kanawa fue una cantante muy ligada a Sir Georg Solti, con quien hizo algunas importantes grabaciones de ópera, sobre todo de Mozart.

Pues bien, acabamos de escuchar en Pamplona con la Orquesta Sinfónica de Euskadi a una directora neozelandesa, llamada Gemma New, que tiene un importante futuro por delante. Hace pocos días, se conoció que le han concedido el Premio Solti, un prestigioso galardón para jóvenes directores de orquesta, y al frente de la Sinfónica de Euskadi ha ofrecido dos muestras de alta sensibilidad musical.

Se abría la sesión con el Concierto para violín y orquesta número 2 de Sergei Prokofiev, una obra compuesta prácticamente en el momento en el que el compositor soviético regresaba a Rusia tras sus intentos por hacer carrera en Estados Unidos.

Se trata de una obra de gran lirismo y expresividad, sobre todo en los dos primeros movimientos, pero siempre con una pátina relativamente melancólica muy característica del compositor ruso y sin renunciar a un cierto grado de acidez.

Es especialmente interesante el segundo movimiento, con el sencillo acompañamiento de las cuerdas en pizzicato, sobre el que se eleva la graciosa melodía del violín. Gemma New acompañó la obra atendiendo muy bien a todos estos aspectos y obteniendo el máximo rendimiento de la Sinfónica de Euskadi, sobre todo de las maderas.

Vadim Gluzman, que ya ha actuado varias veces con la formación vasca, ofreció un sonido penetrante pero no olvidó la esencia lírica de la obra. El tercer movimiento, con cierto estilo español, (por cierto, la obra se estrenó en Madrid), fue también muy bien resuelto.

Se completaba la sesión con la Sinfonía número 3 de Robert Schumann, un compositor con el que muchos directores suelen tener problemas de concepto. No fue el caso de Gemma New, que supo realizar una gran interpretación de esta obra de profundo sabor germano. Ya el primer movimiento resonó con toda su densidad, un aspecto de esta obra que pocos directores actuales se atreven a subrayar. El segundo movimiento adquirió el carácter de danza popular que es necesario, (de hecho hay melodías folklóricas reales citadas), y el tercer movimiento sonó realmente fluido y natural.

Pero lo que marcó diferencias fue el cuarto movimiento, con sus solemnes corales de metales inspirados en una visita a la Catedral de Colonia. El Finale, como debe ser, alcanzó el espíritu alegre y festivo que hace falta, con unos metales en gran forma. En conjunto, hablamos de una interpretación “de vieja escuela”, de las que lamentablemente no son tan frecuentes hoy en día, con toda la contundencia deseable.

Así que deseamos suerte a Gemma New, una directora que a juzgar por lo que se ha escuchado en esta sesión, debe ser tenida muy en cuenta.

Autor entrada: xabier armendariz

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