Orfeón Donostiarra Jose Miguel Pérez Sierra Arriaga Respighi Rossini 09/03/2013

Un director fuera del foso

 

Sábado, 9 de Marzo de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Carmen Romeu, soprano. Adriana di Paola, mezzosoprano. Shi Yijie, tenor. Savio Sperandio, bajo. Orfeón Donostiarra. Jose Antonio Sainz Alfaro, director del coro. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Jose Miguel Pérez Sierra, director. Juan Crisóstomo de Arriaga: Stabat mater, Op. 23, (1821). Ottorino Respighi: Danzas y arias antiguas: Suite número 3, P 172, (1932). Gioacchino Rossini: Stabat mater, (1841). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2012-2013.

 

La trayectoria de Jose Miguel Pérez Sierra es, en algunos aspectos, bastante atípica entre los directores actuales. Al contrario que muchos de ellos, ha forjado hasta ahora su carrera en los fosos de los teatros de ópera y zarzuela, siendo éste el primer concierto sinfónico que el firmante le escucha a este director. La ocasión, por infrecuente, era motivo de expectación, contando además con una obra principal de alto contenido dramático en programa, que le permitiría mostrar sus cualidades. Por otra parte, la presencia del Orfeón Donostiarra garantiza en principio un trabajo coral de calidad.

En este aspecto, el Stabat mater de Arriaga no se presta a grandes gestos, y Pérez Sierra supo interpretarlo de manera diligente y profesional. Fueron las voces masculinas del Orfeón Donostiarra las que no alcanzaron el nivel acostumbrado, porque mostraron dudas de afinación en determinados agudos y cierto titubeo en algunas entradas.

La serie de Danzas y arias antiguas de Respighi es una recopilación de melodías renacentistas realizada por el compositor italiano, que nos las presenta en un arreglo orquestal bastante elaborado. Pérez Sierra conoce y practicó aquí la manera en que se interpretaban estas músicas a comienzos del siglo XX, ciertamente no muy ortodoxa con la realidad renacentista. Los movimientos rápidos sonaron con energía y brío, pero en los tiempos lentos quizá el resultado sonó demasiado lánguido aun para este arreglo concreto, a pesar del magnífico fraseo de las cuerdas. En todo caso, una novedad importante para muchos aficionados.

La sorpresa llegó en la segunda parte. El Stabat mater de Rossini, con sus fuertes contrastes dramáticos y sus resonancias operísticas, se prestaría a una interpretación viva, teatral y contundente, preverdiana si se quiere. Sin embargo, Pérez Sierra prefirió un concepto general más humanista y reposado, aprovechando los recursos de los que disponía. Aunque en ningún momento desdeñó los contrastes dramáticos, le quedaron mejor las secciones de mayor contenido religioso, y en particular los movimientos para coro a capella, como el “Quando corpus morietur”. Los tiempos fueron en general razonables, aunque un tempo más reposado en el “Cuius animam” habría permitido subrayar más el carácter marcial del acompañamiento en ese punto. El conjunto de solistas fue homogéneo, destacando la mezzosoprano Adriana di Paola; sólo el tenor Shi Yinjie se vio un poco más apurado por la batuta, teniendo en cuenta además la relativa falta de squillo y volumen de su voz. La Orquesta Sinfónica de Euskadi siguió muy bien las indicaciones de Pérez Sierra. El Orfeón Donostiarra realizó un magnífico trabajo, cantando con decisión, empaste y firmeza en la afinación aun en las partes más comprometidas, lo que le valió un éxito sensacional.

En conjunto, resultó un buen concierto, especialmente destacable por un interesante Stabat mater de Rossini, en donde la calidad del Orfeón Donostiarra y la Orquesta Sinfónica de Euskadi permitieron a Jose Miguel Pérez Sierra remontar una primera parte menos lograda, gracias a un concepto de la obra rossiniana inteligente e imprevisible. Las ovaciones finales del público fueron elocuentes.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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