Measha Brueggergosman Christoph König Liszt Wagner Schubert 19/11/2013

Expectativa incumplida

 

Martes, 19 de Noviembre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Measha Brueggergosman, soprano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Crhistoph König, director. Ferenc Liszt: Los preludios, (poema sinfónico número 3), S. 97, (1854). Richard Wagner: Wesendonck Lieder, WWV 91, (orquestaciones de Felix Mottl y Richard Wagner), (1857). Franz Schubert: Sinfonía (número 7) en Si menor, D. 759, (Incompleta), (1822). Ferenc Liszt: Rapsodia húngara para orquesta número 2 en Re menor, S. 359 número 4, (versión orquestal de la Rapsodia húngara para piano número 2, S. 244 número 2, realizada por Ferencd Liszt y Franz Doppler en 1855), (1847). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2013-2014.

 

El concierto que nos ocupa era, a priori, uno de los más esperados de la temporada. Resulta difícil encontrar un programa sinfónico en donde se acumulen obras maestras como los Wesendonck Lieder y la Sinfonía Incompleta de Schubert.  Además, la presencia de Richard Wagner en programa, un autor inhabitual en Pamplona, y la de las dos obras orquestales de Liszt, que curiosamente nunca habían sido interpretadas por la orquesta, parecían ingredientes suficientes que prometían una velada interesante. Pero conforme pasó el tiempo, la escasa idoneidad de la soprano y la labor de la batuta fueron confirmando que las expectativas no se iban a cumplir.

El concierto se abría con Los Preludios de Liszt, un poema sinfónico lleno de contrastes en donde hay pasajes pastoriles, tormentas, marchas de impetuoso ardor guerrero y un final grandioso, monumental. Al menos eso es lo que parecen sugerir las grandes versiones de la partitura. Christoph König empezó con empuje y ardor, llegó a la tormenta con brío y estaba llevando la obra con oficio ayudado por una orquesta en gran forma, hasta que llegando la marcha y la coda de la obra, las despachó con bastante ruido y sin la grandeza debida.

Los Wesendonck Lieder pueden ser una obra menor en el contexto wagneriano, pero en ellos está el germen de su drama musical Tristán e Isolda, que supuso una importante revolución estética. Esto también afecta a la escritura vocal. Measha Brueggergosman es una cantante musical, que frasea con gusto y matiza adecuadamente los textos, pero le falta a su voz la contundencia propia de las auténticas sopranos wagnerianas. Esto es algo muy difícil de encontrar entre las voces de hoy, pero indispensable para que esta obra pueda llegar a alcanzar todo su poder de convicción. Christoph König quiso ayudarle llevando la obra a tempi rápidos, y supo iluminar la orquestación de Felix Mottl de las cuatro primeras canciones. Fue en la quinta, Träume, único lied del ciclo orquestado por el propio Wagner, donde hubo verdadera emoción, llegando al momento de mayor intensidad de la velada.

La Sinfonía Incompleta de Schubert resultó menos lograda. Fue una versión de tempi rápidos, muy especialmente en el Andante, que casi parecía un elegante Minueto del siglo XVIII. Hubo contrastes dinámicos, pero la rapidez general impedía disfrutar de las melodías de Schubert, de manera que el evidente dramatismo de la partitura se desvanecía a cada momento. Difícilmente se podía creer que esta sinfonía fue compuesta por un hombre acosado por la enfermedad. El hecho de que a continuación sonara una Rapsodia húngara número 2 de Liszt llevada con oficio e inteligencia, no fue compensación suficiente.

En conjunto, asistimos a una velada que contenía tres de las mayores obras maestras del repertorio sinfónico, que recibieron interpretaciones fallidas por diversas razones. Los maestros alemanes, con Wilhelm Furtwängler y Hans Knappertsbusch a la cabeza, demostraron en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX cómo se les puede dar a estas obras todo su sentido musical.  Algo que a  Christoph König, a tenor de lo escuchado en este concierto, por el momento le resulta ajeno.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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