LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI Y ASIER POLO CON «CLASICISMO» EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«Clasicismo»

Jueves, 19 de mayo de 2022. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Asier Polo, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Navarra. Robert Treviño, director. Teresa Catalán: La victoria vacía, (2022, estreno absoluto). Sir Edward Elgar: Concierto para violonchelo y orquesta en Mi menor, Op. 85, (1919). Henri Dutilleux: Sinfonía número 1, (1951). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2021-2022.

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Hasta hace poco, era habitual que los programas de conciertos se construyeran sin un verdadero criterio; se combinaban una obertura, un concierto y una sinfonía, y casi cualquier agrupación de autores era posible. Ahora se suele cuidar especialmente cada combinación, y aquí la Orquesta Sinfónica de Euskadi ha acertado plenamente. Teresa Catalán, Henri Dutilleux y Edward Elgar están separados entre sí por medio siglo y sus estéticas son diferentes, pero tienen un aspecto en común: aunque tomaron elementos procedentes de las concepciones más modernistas de sus respectivos períodos, no adoptaron enteramente las retóricas de las vanguardias; todos mantuvieron un cierto clasicismo en sus obras, que les hace conectar mejor con el público.

Se iniciaba la sesión con La victoria vacía, obra de Teresa Catalán inscrita en el ciclo de encargos en conmemoración del quinto centenario de la vuelta al mundo concluida por Juan Sebastián Elcano. Teresa Catalán afirma que, en esta obra, quiere presentar el precio en vidas humanas que hubo que pagar para que la expedición de Elcano pudiera completarse y los paralelismos con el proceso de globalización actual y la crisis sanitaria. La obra se inicia con una evocadora sonoridad que recuerda el oleaje de un mar en calma, pero pronto se encrespa y los rugidos de los metales presentan un ambiente solemne y dramático, para concluir de manera inquietante. La Orquesta Sinfónica de Euskadi interpretó esta obra con convicción y entrega, contando con un Robert Treviño consciente de que estamos, posiblemente, ante el mejor producto de esta serie Elcano que hemos escuchado hasta ahora.

Continuó la sesión con el siempre celebrado Concierto para violonchelo y orquesta de Edward Elgar. Hablamos de una obra que se presta a arranques de apasionamiento o, alternativamente, de profunda melancolía, al tratarse de la última gran obra de un compositor inglés que, tal como suele entenderse, cierra una época. Pero Asier Polo tiene otras ideas, pues su visión de la obra es clasicista, incluso de una cierta sobriedad. Asistimos a un choque de estilos: Polo con su fraseo elegante y distinguido, Treviño con un acompañamiento más torrencial y apasionado. El resultado fue ideal, especialmente emocionante en el movimiento lento. De propina, Polo ofreció una magnífica interpretación de la Zarabanda de la Suite BWV 1009 de Bach, que nos recordó aquel gran ciclo completo que ofreció en la Sala de Cámara en 2018.

Se cerraba la sesión con la Primera sinfonía de Henri Dutilleux, una obra que combina un sentido formal casi franckiano, (ese atisbo de forma cíclica o recuperación de temas provenientes de movimientos previos), con una escritura orquestal heredada de Albert Roussel. Al contrario que otras obras posteriores del autor francés, el resultado es muy asequible para el público, sobre todo en un Scherzo que mantiene un carácter de danza macabra. La Orquesta Sinfónica de Euskadi mantuvo un nivel altísimo, sobre todo la familia de los metales, guiados por un Robert Treviño claramente conocedor y dominador de esta importante obra.

Fue un concierto bien unificado gracias a un concepto fundamental. Los autores más rompedores de cada época han tendido a protagonizar los libros de texto. Sin embargo, los autores más asentados en la tradición, que en casos como el de Elgar incluso han sido denostados, tienen elementos muy valiosos que el público sabe apreciar.

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Autor entrada: xabier armendariz

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