LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI VA “MÁS ALLÁ” EN EL KURSAAL DE SAN SEBASTIÁN

“Más allá”

Miércoles, 29 de Enero de 2020. Auditorio del Palacio Kursaal de San Sebastián. Jenifer Johnston, mezzosoprano. Corby Welch, tenor. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Robert Treviño, director. Maurice Ravel: Espejos: Una barca sobre el océano, (versión orquestal de Maurice Ravel realizada en 1906), (1905). La valse, (1920). Gustav Mahler: La canción de la tierra, (1909). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2019-2020.

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El concierto que nos ocupa era uno de los más atractivos de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Incluir en una misma sesión dos obras como La valse de Ravel y La canción de la tierra de Mahler puede parecer algo fuera de lugar, teniendo en cuenta el abismo estético que separa a ambos compositores, pero la realidad es diferente. Maurice Ravel escribió La valse como un recordatorio de la reciente caída del Imperio Austrohúngaro; la manera en que surgen sobre la bruma los latidos originarios del vals muestra brevemente en su máxima expresión los oropeles del lujo de la Viena de fin del siglo XIX, mientras que el cataclismo final refleja la manera en que el Imperio se derrumbó como un castillo de naipes tras la Gran Guerra. Por otra parte, Gustav Mahler vivió los primeros síntomas de esa caída del Imperio Austrohúngaro desde dentro. En La canción de la tierra, aprovecha los textos de autores chinos para proponer una reflexión profunda sobre la existencia humana, el sentido de la vida y de la muerte. Ambas son obras indicativas del fin de una época y el comienzo de una nueva etapa, no necesariamente mejor.

La Orquesta Sinfónica de Euskadi sigue en gran forma en conjunto y Robert Treviño consigue de ella sonidos especialmente brillantes. En la acústica especialmente favorable del Kursaal, el comienzo de La valse, con el pulso amenazador de los contrabajos, adquirió una fuerza dramática inhabitual. Robert Treviño realizó una interpretación desesperada de la obra, una versión muy poco interesada por el encanto o por lo que de vienés pudiera tener esta composición. El resultado fue una versión de menos a más, poco convincente en algunos momentos de la sección inicial, (que en ocasiones debió haber sido más lánguida), pero rotunda y contundente al final. De la misma forma, Una barca sobre el océano resultó efectiva, pero no alcanzó el grado de aquilatación sonora de La valse.

La segunda parte fue en conjunto muy completa. La canción de la tierra de Mahler es una obra compleja en la que encontramos todo el universo sonoro del compositor y Robert Treviño demostró su afinidad con el estilo a todos los efectos. Es difícil imaginar a una orquesta en mayor sintonía con Mahler que la Sinfónica de Euskadi en esta última etapa y Treviño captó muy bien el sentido expresionista del primer movimiento y, sobre todo, construyó con gran eficacia las tensiones de la Despedida final, movimiento que ocupa más tiempo que las cinco secciones previas en total. Los dos solistas vocales ofrecieron muy buenas actuaciones. Corby Welch se vio algo sobrepasado por la orquesta pero mantuvo el tipo y no mostró ningún problema con los agudos. La voz de Jenifer Johnston le faltó algo de contundencia y una voz de timbre más oscuro, pero su dicción del texto, igual que la de Welch, fue muy lograda.

Siempre decimos que, en el caso de obras como La canción de la tierra, que terminan al hilo del silencio, hacen falta unos segundos para respirar y asimilar el contenido expresivo de la composición. Como tantas veces ocurre, un sector del público donostiarra impidió completar ese proceso en su totalidad, pero la Orquesta Sinfónica de Euskadi nos llevó a ese “más allá”, en el que sólo se llega tras las grandes interpretaciones de la obra mahleriana.

Autor entrada: xabier armendariz

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