LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI “LA VIDA MODERNA” EN BALUARTE

CLÁSICA Xabier Armendáriz

“La vida moderna”

Jueves, 1 de Octubre de 2020. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Robert Treviño, director. Franz Schubert: Sinfonía número 3 en Re mayor, D. 200, (1815). Sinfonía [número 8] en Do mayor, D. 944, (Grande), (ca. 1826). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2020-2021.

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Una de las consecuencias directas de nuestra forma de vivir es la rapidez. Siempre tendemos a quejarnos de las prisas, de la imposibilidad de dedicar a cada tarea el tiempo preciso para que todo salga adecuadamente. Pocas veces se dispone de momentos de reflexión, períodos de tiempo que nos permitan detenernos a pensar sobre la vida en general o nuestra situación particular. Es éste un problema de la sociedad actual que, en el ámbito artístico, también tiene consecuencias que a menudo no son deseables.

La Orquesta Sinfónica de Euskadi ha abierto su temporada 2020-2021 con un maratón dedicado a las sinfonías de Franz Schubert. En cada ciudad donde actúa la agrupación, se han ofrecido dos sesiones, cada una con un programa diferente, lo que ha permitido repartir a los abonados de la orquesta y cumplir limitaciones de aforo. Así, en cada ciudad se han escuchado cuatro sinfonías de Schubert, (dos por concierto). Este maratón es comparable en ambición a la serie de sinfonías de Beethoven que el propio Treviño realizó el año pasado con su otra orquesta, -la Sinfónica de Malmö en Suecia-, y que se ha dado a conocer en una elogiada grabación para el sello BIS.

En esta ocasión, se han ofrecido en Baluarte dos programas con sinfonías de Schubert bastante desequilibrados entre sí: Segunda y Sexta en el primer evento, frente a Tercera y Octava (o Novena, según se prefiera) en el segundo. Esta irregularidad es difícil de evitar, dado que la Gran Sinfonía en Do mayor de Schubert es una composición difícilmente comparable al resto de la producción sinfónica del autor, excluyendo la famosa Sinfonía Incompleta, mucho más breve. Así pues, comentamos esta segunda sesión, que Treviño resolvió con su solvencia habitual, pero en la que en algunos casos dejó a nuestro parecer dudas de concepto.

La Tercera Sinfonía de Schubert es una obra de un compositor adolescente, imbuido de la gracia y el equilibrio del estilo de Mozart pero cargada de una energía impulsiva, de corte beethoveniano. Así lo entendió Robert Treviño, que ofreció una versión muy ligera de tempi y buscando la alegría y la vistosidad. Por eso, su mayor logro fue el primer movimiento, lleno de vigor y con unos metales adecuadamente rugientes; lo menos bueno fue el Minueto, porque en el Trío central, con carácter de vals, se podría haber buscado un manejo del tempo algo más flexible, de espíritu más vienés. En todo caso, fue una interpretación muy completa de la partitura.

La Gran sinfonía en Do mayor responde ya a unas dimensiones completamente distintas, pues ofrece plenamente esa mezcla de dramatismo y melancolía que encontramos en el Schubert final. Además, no es fácil hilar de manera adecuada las secciones en los extensísimos movimientos extremos. Robert Treviño intentó, a pesar de todo, ofrecer una interpretación similar a lo que se había escuchado en la Tercera Sinfonía, optando por un concepto impulsivo y enérgico. En la práctica, ese acercamiento no funciona en esta sinfonía, y la muestra más evidente fue el segundo movimiento. Es difícil conseguir que esta música, de hondura tan extraordinaria, ofrezca todo su potencial cuando se interpreta a un tempo tan acelerado.

En conjunto, fue un concierto en el que pudimos reflexionar sobre nuestra situación actual y lo necesario que, en un mundo como el que vivimos, sigue siendo liberarse de las prisas y dedicar a cada tarea el tiempo que merece. En todos los órdenes de la vida.

Autor entrada: xabier armendariz

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