LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI ES «ALFA Y OMEGA» EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«Alfa y omega (II)»

Lunes, 11 de octubre de 2021. Baluarte. Tom Borrow, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE). Robert Treviño, director. Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta número 1 en Re menor, Op. 15, (1859). Sinfonía número 4 en Mi menor, Op. 98, (1885). Temporada de abono de la OSE 2021-22.

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Exactamene dos semanas después, la Orquesta Sinfónica de Euskadi cerraba los conciertos pamploneses incluidos dentro de su serie de las sinfonías y conciertos de Johannes Brahms. Como ya advertimos en la reseña del concierto anterior, volvíamos a repetir el mismo esquema: primero una obra de relativa juventud y después otra de plena madurez. En conjunto, se trataba de un concierto más amplio, dado que la duración del Primer concierto para piano de Brahms es sensiblemente superior a la del Doble concierto que se escuchaba hace dos semanas. Al mismo tiempo, este concierto pianístico responde mucho más claramente al estilo que prevaleció en las obras concertantes de Brahms; la mayor parte de los conciertos brahmsianos son realmente sinfonías con solista obligado, obras donde la orquesta tiene un papel tan protagonista como el instrumento solista.

Eso sí, antes del concierto hubo una diferencia, derivada de las circunstancias. En la misma mañana del evento se había conocido el fallecimiento de Luis de Pablo, una de las figuras fundadoras de la vanguardia musical española de la segunda mitad del siglo XX y un compositor muy destacado, con el que la Orquesta Sinfónica de Euskadi mantenía una relación muy estrecha. Así pues, se observó un minuto de silencio en su memoria antes de que comenzara a sonar la música.

La introducción orquestal del Concierto para piano número 1 de Brahms sonó, en manos de Treviño, tan imponente como cabía esperar. El redoble de timbal que introduce el primer tema, dramático y poderoso, resultó realmente amenazador, pero conforme avanzaba la introducción, se observaba una ejecución orquestal no tan perfecta como la Sinfónica de Euskadi nos tiene acostumbrados, quizá por falta de ensayos o por el esfuerzo acumulado de tocar tanto Brahms en tan pocas fechas. El pianista Tom Borrow ofreció una actuación más que digna. Tom Borrow entendió que en esta obra, es especialmente importante dialogar con la orquesta en igualdad pero delimitando correctamente los papeles. Lo menos bueno de toda su versión fueron las partes líricas del primer movimiento, francamente morosas. El gran momento fue el segundo movimiento, tomado a tempo muy lento y reposado pero fraseado con gran atención. Lo mejor del concierto, sin embargo, estaba por llegar.

Siempre que se ofrece la Cuarta sinfonía de Johannes Brahms en concierto es motivo de expectación para los aficionados, porque hablamos de uno de los principales hitos del repertorio orquestal. El cuarto movimiento es una imponente chacona en la que Brahms despliega, a través de treinta variaciones, un tratado en materia de ciencia compositiva. Sin embargo, el público no debe quedarse con esa sensación de dominio técnico, porque Brahms concilia todo ello con una gran atención al contenido expresivo de la obra. Robert Treviño lo entiende con total precisión. Ya incluso en la frase inicial del primer movimiento sabe alargar ligeramente la primera nota para crear una sensación de abandono que no se pierde durante toda la composición. Además, la Orquesta Sinfónica de Euskadi respondió a pleno rendimiento.

En conjunto, fue el reverso perfecto del concierto celebrado hace dos semanas y un gran punto de arranque para esta temporada 2021-2022. El reto Brahms ha sido superado con éxito.

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Autor entrada: xabier armendariz

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