LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI «EN CRECIMIENTO» EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«En crecimiento»

Jueves, 4 de noviembre de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Jaume Santonja, director. Pascal Gaigne: Almas distantes, (2020, obra encargo de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, estreno absoluto). Piotr Illyich Tchaikovsky: Sinfonía número 1 en Sol menor, Op. 13, (1868). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi .

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El segundo concierto de la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi mantenía, en principio por última vez, el formato de sesiones dobles que ha sido habitual en la formación vasca desde que reanudó sus actuaciones pamplonesas en 2020. En esta ocasión, cada sesión presentaba un estreno y una sinfonía poco conocida. Los estrenos eran sendas obras firmadas por Pascal Gaigne, compositor francés celebrado por su música fílmica. Las sinfonías eran sendas obras de juventud de Tchaikovsky, de las que apenas se programan en concierto. Era una cita de perfil aparentemente menor y con un director relativamente inexperto en el podio, pero el hecho es que la primera de esas dos sesiones, a la que asistimos, ofreció momentos de gran interés.

El programa se abría con Almas distantes de Pascal Gaigne, una obra que junto con Pieles distantes del mismo compositor, (estrenada en la segunda sesión), configura un díptico que se presenta como una reflexión en torno a las consecuencias de la crisis sanitaria que padecemos. Ambas obras fueron compuestas durante el confinamiento de marzo y abril de 2020 y utilizan cada una la mitad del conjunto orquestal. Almas distantes se inicia con el inquietante sonido de una sirena, un elemento que se configura después como hilo conductor de toda la partitura dentro de un universo que, por lo demás, mantiene elementos minimalistas, (quizá haciendo referencia a la rutina del aislamiento de los dos primeros meses de la crisis), y también impresionistas, (las maderas están a menudo presentes para crear cierto aire debussysta). El resultado produce al comienzo cierta turbación pero, a pesar de que Gaigne no deja de proporcionar ciertos clímax expresionistas, termina haciéndose algo monótono. El mismo final parece algo incompleto, como si realmente se necesitara continuar la experiencia auditiva con la otra obra. Los aplausos del público, simplemente educados, nos hablan de una reacción que no derivaba de un verdadero sentimiento de catarsis.

La sesión se completaba con la Primera sinfonía de Piotr Illyich Tchaikovsky, una obra que hoy consideramos menor pero que en su momento fue un paso importante para el compositor ruso, pues se trataba de su primera composición orquestal de gran envergadura y muestra una frescura e imaginación de la que carecen otras obras posteriores más frecuentadas, como la Sinfonía Manfred. Hablamos de una sinfonía que necesita a una batuta implicada y con empuje, y Jaume Santonja, que había defendido con convicción la partitura de Gaigne, se mostró como el director ideal para ello. Ofreció una interpretación de un solo trazo, marcada por tempi rápidos pero no exagerados, en la que hubo espacio para el lucimiento de las maderas de la orquesta, sobre todo de los clarinetes en el segundo movimiento. Incluso el joven director casi consiguió que el final no sonara ruidoso y vulgar, algo que de por sí es un éxito.

Así pues, Jaume Santonja ha vuelto a demostrar, una vez más, que es un director en alza y que puede sacar adelante programas de cierto compromiso como el que nos ocupa. Esperamos con ilusión la próxima cita, que nos devolverá en el caso de la Sinfónica de Euskadi a un aforo y unos contenidos más habituales a lo que la agrupación vasca ofrece en condiciones normales.

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Autor entrada: xabier armendariz

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