LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI CON “SORPRESAS” EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

“Sorpresas”

Martes, 19 de Enero de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Robert Treviño, director. Wolfgang Amadeus Mozart: Sinfonía número 41 en Do mayor, KV 551, (Júpiter), (1788). Jean Sibelius: Sinfonía número 3 en Do mayor, Op. 52, (1907). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2020-2021.

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Más de tres meses después, por fin se ha reencontrado, de nuevo, la Sinfónica de Euskadi con el público pamplonés. Ciertamente había expectación y emoción por parte de la organización. El gerente de la Orquesta de Euskadi, Oriol Roch, ofreció una breve intervención agradeciendo al público su asistencia y expresando su confianza en que haya más oportunidades para que la orquesta se encuentre con los aficionados pamploneses. Todos esperamos que sea así.

El concierto que nos ocupa también mostraba las consecuencias de la situación actual. El pianista Behzod Abduraimov se vio obligado a cancelar y hubo que cambiar otra vez el resto del programa, ocupando el espacio con sinfonías de Mozart. Así pues, la primera sesión ofrecía la Sinfonía número 41 de Mozart y la Tercera sinfonía de Sibelius, mientras que en la segunda se escuchó la Sinfonía número 36 de Mozart (misma tonalidad y carácter similarmente alegre de Do mayor) y la Tercera de Sibelius. De esta forma, se equilibraban los programas de ambas sesiones en relación con el concierto de octubre. Nosotros comentamos la primera sesión.

Se iniciaba el concierto con la Sinfonía número 41 de Mozart, la obra más importante que compusiera el salzburgués en el género por su duración y sus pretensiones musicales, incluyendo un último movimiento de una complejidad compositiva asombrosa que, de por sí, corona a su autor como uno de los grandes nombres en la Historia de la Música. Robert Treviño ofreció una interpretación bien pensada y contrastada, perfectamente puntuada por unos timbales y metales especialmente incisivos. Fue muy logrado el segundo movimiento, donde hubo espacio para detenerse en frasear las melodías sin olvidar el dramatismo de la sección central. El único punto mejorable de la interpretación fue el Allegro conclusivo, donde el tempo fue quizá demasiado rápido para permitir que todo el entramado polifónico se escuchara en detalle. Eso sí, la Sinfónica de Euskadi demostró mayor comodidad con este repertorio de lo que se habría podido esperar hasta hace poco. Ha sido ésta seguramente una de las pocas consecuencias positivas para la Sinfónica de Euskadi de este período tan singular.

La Tercera Sinfonía de Sibelius es seguramente la más clásica de sus siete obras en el género y un punto de inflexión entre sus obras anteriores, aún muy ligadas al siglo XIX, y las que están por venir, mucho más abstractas. Quizá intentando ligar la obra del finlandés con la de Mozart, Treviño optó por un tempo muy rápido en el primer movimiento, así que el resultado fue especialmente animado, pero le faltó recrearse en la atmósfera glacial del paisaje finlandés que, se dice, refleja la orquesta de Sibelius. Y es que Treviño no terminó de alcanzar con la Sinfónica de Euskadi un “sonido Sibelius” reconocible, con sus metales broncos y sobrios y sus ácidas maderas; todo sonaba demasiado brillante. Lo más interesante de la versión fue el movimiento final, que Treviño consiguió llevar sin desfallecer hasta la conclusión. Fue ilustrativo el hecho de que el público comenzara a aplaudir quizá con excesiva rapidez; si se interpreta bien, esta obra es de las que piden un momento de reflexión antes de aplaudir.

En conjunto, fue una sesión en la que Treviño y la Sinfónica de Euskadi demostraron que sí pueden ofrecer versiones muy interesantes de las obras de Mozart, un compositor en el que muchos directores y orquestas, incluso ilustres, tropiezan. Fue una agradable sorpresa.

Autor entrada: xabier armendariz

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