LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI CON PASIONES EN BALUARTE

MÚSICA Xabier Armendáriz

«Pasiones»

Martes, 15 de junio de 2021. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Nikolai Lugansky, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Robert Treviño, director. Arnold Schönberg: Noche transfigurada, Op. 4, (versión para orquesta de cuerdas realizada por el autor e n 1917), (1899). Sergei Rachmaninov: Rapsodia sobre un tema de Paganini, Op. 43, (1934). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2020-2021.

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Desde que se presentó la temporada 2020-2021 de la Orquesta sinfónica de Euskadi, el concierto de cierre era un evidente foco de atención para muchos aficionados. La obra central era la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Sergei Rachmaninov, un despliegue de imaginación compositiva y técnica pianística realizado a mayor gloria del propio compositor, muy dedicado en aquel período de su vida a su carrera como pianista virtuoso. El encargado de interpretarla era Nikolai Lugansky, el pianista más asociado hoy con la música del compositor ruso, y la cita debía completarse con la Sinfonía número 2 del propio Rachmaninov que, con su hora de duración, cerraría temporada por todo lo alto.

Sin embargo, la realidad se impuso y hubo que componer un programa más breve, que permitiera repetir la sesión dos veces el mismo día. Y Robert Treviño adoptó una idea brillante al hacer sonar la Noche transfigurada de Arnold Schönberg. El compositor austríaco adoptó en su edad madura una serie de técnicas que, todavía hoy, levanta ampollas entre los aficionados más conservadores, pero este poema sinfónico de media hora de duración es una obra de tinte postwagneriano y con algunas influencias expresionistas. La versión original de la obra fue compuesta para sexteto de cuerda, pero Treviño ofreció la versión que el propio Schönberg adaptó para orquesta de cuerdas más amplia. El director estadounidense la hizo sonar con poso sinfónico y fraseo generoso, así que una parte de la virulencia dramática del original se perdió. De alguna manera, la obra de Schönberg se acercó al temperamento de Rachmaninov.

Dice Mikel Chamizo en sus notas al programa que la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov es una paráfrasis, un arreglo de un material ajeno en cierta medida comparable a otros que realizó el compositor ruso para su propio lucimiento. Sin embargo, la realidad de la obra desmiente esa consideración: las variaciones de Rachmaninov no tienen como modelo ninguna de las que escuchamos en el capricho de Paganini de donde se toma el tema y la imaginación para enlazarlas entre sí revela un trabajo compositivo realmente elaborado. Hablamos de una obra siempre espectacular y contar con un especialista en la materia como Nikolai Lugansky es una garantía. El pianista ruso no sólo posee la técnica y la potencia sonora necesaria para este repertorio, sino que también conoce bien el fraseo y sabe desgranar los momentos más líricos, como la sublime variación número 18 basada en la lectura en espejo de la melodía paganiniana. Robert Treviño realizó un acompañamiento orquestalmente brillante y muy cuidado. Se nota que el director estadounidense sintoniza especialmente con la música de Rachmaninov, razón por la cual es una lástima que nos hayamos perdido su versión de la Segunda Sinfonía. En fin, otra vez será. De propina, Lugansky ofreció la adaptación, ésta sí, que realizó Rachmaninov a partir del Preludio de la Partita para violín solo en Mi mayor de Bach.

En conjunto, fue un concierto de grandes pasiones que cerró una temporada compleja para la Orquesta Sinfónica de Euskadi que, al fin y a la postre, se ha llevado a buen término. Con suerte, la temporada 2021-2022 nos llevará, poco a poco, a una mayor normalidad.

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Autor entrada: xabier armendariz

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