LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI CON “NUEVA PERSPECTIVA” EN BALUARTE

“Nueva perspectiva”

Miércoles, 15 de enero de 2020. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Robert Treviño, director. Anton Bruckner: Sinfonía número 9 en Re menor, WAB 124, (versión completada por Nicola Samale, John Phillips, Benjamin Gunnar-Kohrs y Giuseppe Mazzuca realizada entre 1985 y 2012), (1896). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2019-2020.

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En enero de 2019, la música clásica entró en los titulares de la prensa generalista. Un gigante tecnológico chino especializado en la producción de dispositivos móviles financió un intento, realizado gracias a un algoritmo informático, de reconstruir los dos movimientos que supuestamente faltan en la Sinfonía en Si menor de Schubert. La cuestión ya era polémica en círculos musicológicos, (Schubert dispuso de seis largos años para haber “completado” la sinfonía si hubiese querido hacerlo), y la solución alcanzada resultó muy poco convincente; fue más un engendro especulativo que un esfuerzo satisfactorio para el público general.

En el concierto que nos ocupa, y debido a la ausencia del violinista Frank Peter Zimmermann causada por un accidente, Robert Treviño ha afrontado una versión completa de otra obra que, como la Sinfonía en Si menor de Schubert, no quedó concluida a la muerte de su autor. En este caso, se trata de la Novena Sinfonía de Anton Bruckner, una composición que acompañó al compositor austríaco en los últimos cinco años de su vida y que suele escucharse sólo con los tres movimientos que fueron completados. La versión que Treviño ha interpretado con la Orquesta Sinfónica de Euskadi no es la única en circulación, pero sí la que más estudio y más periodo de maduración ha tenido; sus autores comenzaron a trabajar en ella en 1985 y los últimos retoques escuchados aquí se completaron en 2012, con varias versiones intermedias. Aunque no ha alcanzado un estatus canónico comparable a la reconstrucción de la Décima Sinfonía de Mahler emprendida por Deryck Cooke y completada por Berthold Goldschmidt y Colin y Dennis Matthews, (un trabajo que también necesitó cuarenta años para completarse), esta versión de Samale y compañía ha alcanzado mayor difusión que la competencia y ofrece conclusiones de alto interés.

En efecto, escuchar la Novena Sinfonía de Bruckner con este Finale altera considerablemente la percepción de la obra. Al dejar la audición en el tercer movimiento, ese larguísimo Adagio de tinte contemplativo y dramático a la vez, es inevitable pensar en la Novena Sinfonía de Mahler, que concluye con un movimiento planteado de manera similar. Sin embargo, el Finale incorporado por este equipo de musicólogos recuerda por su planteamiento al de la Octava Sinfonía, con su aire solemne y dramático y su afirmativa conclusión. Este final ofrece más argumentos a quienes ven en Bruckner un autor de catedrales sonoras y refuerza sus vínculos con Wagner, pues el preludio del tercer acto de Sigfrido resulta omnipresente.

Robert Treviño realizó una magnífica interpretación de la obra, con una Orquesta de Euskadi en estado formidable. Curiosamente, el primer movimiento sonó casi a sinfonía mahleriana, (esas marchas del desarrollo eran elocuentes), y fue en el cuarto movimiento cuando se perfiló de manera más clara el característico “sonido Bruckner”, tan ligado al órgano de su época. Fue destacable la idea de unir sin pausa los dos primeros movimientos de la composición y sólo lamentamos que la coda del Finale no adquiriera una grandeza conforme con la monumentalidad que presidió el concepto de Treviño en la obra.

En conjunto, fue una velada que a muchos nos ha ofrecido una nueva perspectiva respecto a esta obra maestra tan importante. Es probable que muchos espectadores, que no conocían esta obra en versiones convencionales, no lleguen a apreciar completamente la importancia de un evento musical tan inusual, extraordinario fuera de Alemania.

Autor entrada: xabier armendariz

2 comentarios sobre “LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI CON “NUEVA PERSPECTIVA” EN BALUARTE

    miguel laspalas perez

    (febrero 28, 2020 -12:49 pm)

    Sigo con asiduidad las criticas de los conciertos de la sinfónica de Euskadi, y me sorprende siempre los benévolo que es en los juicos sobre el Sr. Trevino. No me he podido resistir tras leer la critica a la novena de Bruckner. Tevino, como le suelo decir a mi vecina de fila “ni sufre ni padece”… es la negación a la mas mínima expresividad. Es bien sabido que Bruckner en comparación de sus comtemporaneos no sabia orquestar, solo sabia hacer melodías.. Pues bien, si en una sinfonía de Bruckner le quitas la expresividad y la calidez en la exposición de las líneas melódicas, pierde todo el sentido la obra…, la interpretación de trevino fue técnicamente ajustada, sabe mantener coherencia en los tempi y en la estructura sonora, saca un sonido bonito, pero hasta la fecha no el he escuchado nada que emocione…, la falta de expresividad en sus lecturas es pasmosa, en resumen, no transmite nada…. Creo que lo único que le escuchado con cierto fundamento ha sido el Erwartung de Arnold Schönberg. El repertorio contemporáneo lo domina, pero en lo demás deja mucho que desear. Si que destaco la gran calidad de la sección de cuerdas de la Sinfónica de Euskadi, que esta en un momento explendido.

      xabier armendariz

      (marzo 3, 2020 -10:54 pm)

      Muchas gracias por tus observaciones. Voy a responderte de la forma más clara que puedo, separando las dos cuestiones a las que te refieres:
      Primero: las orquestaciones de Bruckner. Durante mucho tiempo ha circulado la idea de que Bruckner no era un buen orquestador, y lo mismo se ha dicho en alguna ocasión sobre Chopin, Liszt, etc. Sin embargo, hay muchos autores importantes que dicen que Bruckner sí fue un gran orquestador y que de hecho es uno de los mejores de la Historia. Para mí, la pregunta es: ¿qué ideal sonoro tenía Bruckner en la cabeza? Bruckner era organista, como sabemos, y trata la orquesta como si fuera un gigantesco órgano. Además, curiosamente, esa manera de orquestar está más marcada en sus sinfonías finales, mientras las sinfonías 0, 1 y 2 son de escritura mucho más tosca. Creo que, cuando Bruckner superó su Tercera Sinfonía, dominaba bien los recursos orquestales y cuando escribía sus obras tenía claro el efecto que deseaba conseguir. Si Bruckner no fue un orquestador de gran colorido como Rimsky-Korsakov y por ello sería un mal orquestador, entonces tampoco Brahms orquestaba bien. Y todo eso sin contar que Bruckner es mucho más que un gran constructor de melodías de gran lirismo… Eso sí, para apreciar a Bruckner como orquestador hay que escuchar a sus mejores intérpretes: Jochum, Celibidache, Sanderling, Barenboim (en sus versiones más tardías), Rosbaud… Y si quieres una prueba de que Bruckner era un buen orquestador, compara las dos versiones de la Quinta Sinfonía: la que él escribió y lo que luego publicó Franz Schalk (esa versión es la que siempre hacía Hans Knappertsbusch). Yo no tengo nada claro que Schalk mejorara la orquestación de Bruckner ni creo tampoco que sus cortes mejoren la obra. Antes al contrario: lo que era en principio una construcción colosal y llena de coherencia, de repente se queda con la cúpula a medio terminar…
      Segundo: Sobre Treviño como director en la Novena Sinfonía de Bruckner. De hecho, creo que Treviño hizo una gran interpretación de la Novena Sinfonía de Bruckner desde su propia visión de la partitura, así que creo que no he sido especialmente benévolo con él, sobre todo en esta ocasión. Y por cierto, a Treviño se le podrán discutir otras cosas, pero no estoy de acuerdo en que a sus versiones les falte emoción o expresividad. Treviño no es Boulez en los años setenta. De hecho, a mí me recuerda más al Bernstein de los años ochenta, que era tremendamente comunicativo y a veces tomaba decisiones y cambios de tempo algo exagerados. Precisamente como es muy expansivo, hace muy bien Mahler y la Segunda Escuela de Viena; otros repertorios no le funcionan al mismo nivel, como les ocurre por cierto a muchos directores, incluso algunos realmente grandes. Pero tanto en un caso como en otro, yo lo he ido diciendo.

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