Judith Jáuregui Andrei Boreiko Sorozábal Beethoven Stravinsky 08/10/2013

Nuevos caminos

 

Martes, 8 de Octubre de 2013. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Judith Jáuregui, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Andrei Boreiko, director. Pablo Sorozábal: Dos apuntes vascos, (edición de Pablo Sorozábal Gómez), (1925). Ludwig van Beethoven: Concierto para piano y orquesta número 1 en Do mayor, Op. 15, (1800). Igor Stravinsky: La consagración de la primavera, (1913). Concierto inscrito en la temporada de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2013-2014.

 

Hay momentos en la Historia de la Música en donde se producen cambios especialmente decisivos, que a veces pueden parecer revoluciones. El surgimiento del melodrama a final del siglo XVI obligó a replantear muchas concepciones que habían sostenido la música de la centuria anterior. La desaparición del bajo continuo y la Ilustración produjeron un cambio de gusto estético en torno a 1750. Son procesos más graduales de lo que se dice en los libros, pero no se pueden ignorar, y al interpretar obras de transición entre estilos, es complicado optar por una estética u otra. En el concierto de hoy, hubo ejemplos ilustrativos.

Los Dos apuntes vascos de Sorozábal, en ese aspecto, no suponen dificultad alguna. Son dos pequeñas piezas con aparición de material folclórico, de las cuales la más interesante es con mucho la primera, que muestra clara influencia impresionista. Andrei Boreiko supo defenderla de manera adecuada, destacando los aromas franceses y el sustrato popular del conjunto, apoyado en una orquesta en buena forma.

El Primer concierto de Beethoven sí presenta más problemas. Siendo una obra juvenil, aún muestra muchos elementos propios de los conciertos de Mozart, pero ya hay características, como los acentos desplazados del Finale, que empiezan a anunciar el Beethoven maduro. Judith Jáuregui decidió mostrar los aspectos más clásicos de la obra, con su toque cristalino y de gusto exquisito. Supo dialogar muy bien con la orquesta, y emocionó a todos en un segundo movimiento magníficamente fraseado y cantado. Ahora bien, en los movimientos extremos le faltó a veces cierta contundencia, y puntualmente algunos cambios de tempo produjeron caídas de tensión. Andrei Boreiko acompañó de forma muy atenta y conforme con los presupuestos planteados por la pianista, y el solista de clarinete hizo maravillas en su importante intervención del Andante. Los aplausos del público llevaron a que Jáuregui tocara de propina Granada de Albéniz, de manera muy idiomática aunque quizá demasiado libre con el tempo.

Con La consagración de la primavera parece más claro qué partido tomar. Aunque Stravinsky había sido alumno de Rimsky-Korsakov, la contundencia de la escritura orquestal y el propio argumento del ballet, que relata un ritual pagano en donde se sacrifica a una virgen para pedir a la tierra fruto suficiente, piden un acercamiento más antirromántico, primitivista. Andrei Boreiko lo entendió así, y logró instantes memorables en ese aspecto, en especial una Danza de la tierra de una fuerza telúrica extraordinaria. Pero además el director ruso supo crear tensión en los pasajes más recogidos, algo muy necesario en una obra tan evocadora como la que nos ocupa pero tantas veces olvidado por los directores. Si los aplausos del público no fueron en general tan fuertes como en el concierto beethoveniano, pudo deberse a que es  necesario tomar aliento después de una interpretación semejante de esta obra, que ahora parece incluso más actual que cuando se estrenó.

En conjunto, fue una velada en la que destacó la interpretación stravinskiana, donde la Orquesta Sinfónica de Euskadi demostró que ha comenzado el curso con fuerza. Eso sí, también quedó claro que las obras de transición entre estilos, aquellas en las que empiezan a intuirse nuevos caminos, son las más difíciles de plantear.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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