Händel Carlos Mena Enrico Onofri 5/12/2014

Aproximación

 

Viernes, 5 de Diciembre de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Carlos Mena, contratenor. Daniel Ollarzábal, órgano positivo. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Enrico Onofri, director. Georg Friedrich Händel: Concerto grosso, Op. 6 número 4: Primer movimiento, (1739). La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo: Selección, (1708). Concerto grosso Op. 6 número 4: Segundo movimiento, (1739). La resurrección de Nuestro Señor Jesucristo: Selección, (1708). Concerto grosso, Op. 6 número 8: Segundo movimiento, (1739). Ptolomeo, rey de Egipto: Selección, (1728). Concerto grosso, Op. 6 número 8: Movimientos IV y VI, (1739). Rinaldo: Selección, (1711). Teodora: Obertura, (1750). Concierto para órgano y orquesta en Fa mayor, HWV 295, (El cuco y el ruiseñor), (1739). Música para los reales fuegos de artificio, HWV 351, (1749). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2014-2015.

 

La irrupción de los intérpretes “históricamente informados” en los años sesenta tuvo, a nuestro entender, una consecuencia negativa. Se ha vuelto poco habitual escuchar repertorio barroco a las orquestas modernas. Desde que las cuerdas de tripa y las trompas naturales irrumpieron en escena, parece absurdo tocar las obras de Bach o Händel con trompas de válvulas y arcos modernos. Los programadores de la  Orquesta Sinfónica de Navarra ha incluido repertorio barroco en sus últimas temporadas, generalmente dejándolo en manos de orquestas especializadas invitadas. La Orquesta Sinfónica de Euskadi no había tocado antes ninguna de las obras incluidas en este concierto, ni siquiera la Música para los reales fuegos artificiales de Händel. Por eso era muy bienvenida la iniciativa de dedicar un concierto a la obra de Händel, máxime contando con uno de los mejores contratenores del mundo. Los resultados han sido irregulares.

De entrada, la concepción de la primera parte del programa tuvo algunos aspectos discutibles. Se conformaron varios bloques compuestos por arias de óperas y oratorios, entremezcladas con movimientos sueltos de concerti grossi del compositor sajón. Ninguna de las arias se contaba entre los éxitos más populares de las óperas händelianas, aunque la selección de obras sí era ilustrativa de la evolución del músico, desde su período romano en los fragmentos de La Resurrección hasta sus oratorios finales. Hubo pocas ocasiones de lucimiento para Mena, ya que algunas de las arias se unieron a movimientos instrumentales sin pausa y su intervención  quedó tal vez algo escasa. Funcionó mejor como programa la segunda parte, conformada por tres obras instrumentales muy ilustrativas del estilo del músico, y que permitieron disfrutar en el conjunto de la velada de un esquema suficientemente variado.

Aunque el rendimiento de la Orquesta Sinfónica de Euskadi fue en general eficiente, la  falta de experiencia se notó ocasionalmente, sobre todo cuando los músicos debían echar mano de instrumentos menos usuales, como las trompas naturales en la Música para los reales fuegos de artificio. El violinista Enrico Onofri es, sin duda alguna, un acreditado especialista en el estilo barroco, pero suponemos que tener que lidiar con una orquesta no acostumbrada le pasó factura, y se le notó algo incómodo durante la mayor parte de la velada. Esto fue particularmente notable en algunas arias, algo escasas en drama, y en el Concierto para órgano HWV 295, en el que Daniel Ollarzábal, por lo demás un solista magnífico, tendió a acelerar en exceso. Con todo, Onofri dio muestras de su valía en una versión, bastante convencional pero efectiva, de la Música para los reales fuegos artificiales.

El verdadero interés del concierto estuvo en la actuación vocal de Carlos Mena. El contratenor vitoriano hizo gala de su extraordinario fraseo y de su magnífica dicción. Destacó en las arias de carácter más lírico, aunque en el aria de Rinaldo que cerraba la primera parte demostró que no le amedrenta la pirotecnia vocal más exigente. Le falta a Mena el arrojo y la espectacularidad en las arias de bravura de algunos colegas más mediáticos, pero la musicalidad que ofrece a cambio es, sencillamente, avasalladora. El público le aplaudió con fuerza.

En conjunto, fue un intento por parte de la Orquesta Sinfónica de Euskadi por acercarse a un repertorio que históricamente no ha frecuentado, que ha alcanzado un interés mayor gracias a la presencia de un cantante extraordinario, como Carlos Mena.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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