MÚSICA Xabier Armendáriz
“Dos momentos mágicos”
Martes, 18 de junio de 2024. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Federico Colli, piano. Euskadiko Orkestra. Giancarlo Guerrero, director. Sergei Rachmaninov: Concierto para piano y orquesta número 2 en Do menor, Op. 18, (1901). Richard Strauss: Macbeth, Op. 23, (1888). Don Juan, Op. 20, (1888). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Euskadiko Orkestra 2023-2024.
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Después de terminar su participación como solista del Concierto para piano y orquesta número 2 de Sergei Rachmaninov con la Euskadiko Orkestra, el pianista Federico Colli recibió, como es habitual con esta obra, aplausos extensos y entusiastas del público. Y como era lógico, se vieron recompensados: después de anunciarlo, (aunque sin utilizar micrófono, así que nadie pudo entenderlo), ofreció Las barricadas misteriosas, quinta de las piezas que componen el Segundo libro de piezas para clave de François Couperin. Hablamos de una obra en efecto enigmática, ya desde el mismo título, cuya explicación precisa no conocemos, y que resulta muy evocadora por su particular escritura, muy centrada en la región grave del teclado entonces disponible, y su escaso contenido melódico. Federico Colli realizó una interpretación de gran intimismo, empleando con gran sutileza el pedal y moviendo el tempo con una naturalidad realmente asombrosa. Escuchando esta interpretación, se entendió por qué Mikel Chamizo escribía en las notas al programa que Federico Colli es “el pianista más imaginativo de su generación”.
Como decimos, Colli había interpretado anteriormente el Concierto para piano número 2 de Rachmaninov, obra compuesta en un momento de profunda crisis en la carrera del autor ruso y una de las más celebradas en su género del repertorio. El comienzo fue poco prometedor: Colli tomó la primera intervención del piano de manera especialmente acelerada, (más aún que el propio Rachmaninov en su grabación de la obra), y posteriormente Giancarlo Guerrero, el director, tomó un tempo muy diferente, mucho más lento. El primer movimiento avanzó con poca fluidez y el pianista, aparentemente más interesado en sus intercambios puntuales con otros instrumentos solistas de la orquesta, no quiso hacerse escuchar tanto como habría sido deseable. Fue en el segundo movimiento cuando todo empezó a tomar otro color, con buenas intervenciones solistas de las maderas desde el comienzo. Ya en el Finale, tanto pianista como orquesta se situaron y ofrecieron una interpretación bien cantada pero nada lánguida, concluida con la brillantez técnica esperable. Colli había demostrado dominio y capacidad expresiva, pero sólo daría lo mejor de sí en la propina, ya comentada.
Se completaba la sesión con dos poemas sinfónicos juveniles de Richard Strauss, pero de distinto signo. Macbeth es una obra singular, que presenta buenas ideas musicales desde el principio pero que, a pesar de las numerosas revisiones a las que fue sometida, termina perdiendo fuelle a partir de su sección central; el director costarricense Giancarlo Guerrero la defendió con solidez, pero no pudo evitar cierta caída de tensión en la parte final. Sin embargo, después llegó Don Juan, obra maestra absoluta donde la Euskadiko Orkestra ofreció su mejor nivel. Giancarlo Guerrero inició la obra con brío y gran impulso rítmico, pero dio lo mejor de sí en las dos escenas de seducción, particularmente en la segunda de ellas, donde escuchamos una gran intervención del oboe solista. El final dramático de la obra fue llevado con gran intensidad y resultó mágico el cierre de la composición, con un silencio sobrecogedor que se extendió durante lo que pareció una eternidad. Que el público respetara ese silencio y permitiera disfrutar de ese momento mágico es muestra palpable de la eficacia con la que Guerrero había alcanzado ese momento de máxima tensión.
En conjunto, este cierre de temporada de la Euskadiko Orkestra deparó un concierto muy agradecido por el público, pero con dos momentos mágicos, realmente memorables.

