Catalán Haydn Shostakovitch Emanuelle Bertrand Carlo Rizzi 09/04/2014

El estilo y la idea

 

Miércoles, 9 de Abril de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Amaia Zubiria, recitadora. Emanuelle Bertrand, violonchelo. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Carlo Rizzi, director. Teresa Catalán: Danza de la princesa, (2010, estreno absoluto). Franz Joseph Haydn: Concierto para violonchelo y orquesta número 2 en Re mayor, Hob. VII B2, (1783). Dimitri Shostakovitch: Sinfonía número 10 en Mi menor, Op. 93, (1953). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2013-2014.

 

A la hora de describir las obras musicales, nos enfrentamos a un problema de difícil solución a primera vista. ¿Cómo podemos describir algo tan aparentemente inmaterial como la música? Es verdad que toda música tiene características objetivas: tiene una forma, está instrumentada de una manera concreta, busca determinados contrastes dinámicos, ha sido escrita siguiendo un determinado “sistema”; en definitiva, todo eso lo conforma el estilo. Pero por otra parte la música transmite sentimientos, comunica; lo que a cada oyente le transmite, eso ya no es objetivable. Lo único “objetivo” puede ser la intención que el autor haya confesado querer transmitir, la idea en definitiva. Pero una obra debe poder sostenerse sin necesidad de un sentido extramusical.

La obra que abría programa, Danza de la princesa de Teresa Catalán, que era estreno absoluto,  cuenta la historia de una princesa que, gracias a su inteligencia y capacidad, se libera de las ataduras para optar por lo que ella cree conveniente. Pero la obra se sostiene perfectamente sin conocer el argumento. Se inicia con un tono expresionista, que recuerda al Schönberg inmediatamente previo a la Gran Guerra, para derivar hacia una escritura más lírica. Considerando lo escuchado anteriormente, el final sorprende por su aparente convencionalismo. Carlo Rizzi interpretó la obra con gran dedicación, secundado por una orquesta igualmente motivada.

En el Concierto para violonchelo y orquesta número 2 de Haydn, Carlo Rizzi demostró que conoce muy bien el estilo clásico, ofreciendo una dirección llena de equilibrio en donde el fraseo de la cuerda fue especialmente cuidado. Emanuelle Bertrand se mostró como una solista musical, que frasea con gusto, pero a quien las dificultades técnicas del concierto le supusieron demasiado esfuerzo, sobre todo cuando debía ascender al agudo. En todo caso, el concepto resultó unitario, y los aplausos del público dieron oportunidad a que Bertrand luciera sus habilidades en una propina.

Reflexiona muy inteligentemente Mikel Chamizo en las notas al programa sobre las posibles connotaciones políticas de la Décima sinfonía de Shostakovitch; junto a la versión habitualmente aceptada de que esta obra es una acerva crítica al régimen soviético, también habla de otras lecturas más ligadas a la vida afectiva del compositor. No obstante, no pareció que a Carlo Rizzi le importara mucho una interpretación u otra. Según Rizzi, esta sinfonía continúa el legado sinfónico de Bruckner y Mahler, y así nos lo mostró. Midió mucho las tensiones en el primer movimiento, procurando no gastar energía antes de tiempo; dotó de dinamismo al tremendo segundo movimiento, convirtió el tercero en un auténtico Scherzo mahleriano y se destapó en un cuarto movimiento extraordinario, coronado con brillantez. Fue una interpretación sobria, concentrada, poco interesada en cuestiones accesorias; en definitiva, una gran versión.

En conjunto, el concierto fue una velada muy interesante, por demostrar precisamente lo que decíamos al comienzo: las obras verdaderamente grandes se sostienen solas, sin necesidad de recurrir necesariamente a ideas extramusicales que los oyentes añadirán naturalmente por su cuenta; tampoco importa componer en un sistema u otro. Es la coherencia lo que verdaderamente importa, tanto para compositores como para intérpretes.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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