Beethoven Wagner Richard Strauss Lukäsh Vondrácek Michal Nesterowicz 26/03/2014

Beethoven de salón

 

Miércoles, 26 de Marzo de 2014. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Lukásh Vondrácek, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Michal Nesterowicz, director. Ludwig van Beethoven: Concierto para piano y orquesta número 3 en Do menor, Op. 37, (1803). Richard Wagner: Tristán e Isolda, WWW 90: Preludio y muerte de amor, (1859). Richard Strauss: Don Juan, poema sinfónico Op. 20, (1889). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2013-2014.

 

La situación de Beethoven durante sus primeros años en Viena no se corresponde, ni mucho menos, con la imagen que hoy conservamos del compositor de Bonn. A lo largo de aquellos años, entre 1795 y 1800 básicamente, Beethoven trabajaba durante muchas horas como pianista “de salón”, tocando en presencia de algunos de los nobles más acaudalados de la ciudad. Gozaba de una consideración social que nunca perdió, y aunque Haydn empezaba a intuir que el joven Ludwig pronto desarrollaría un carácter propio, fue esencialmente la sordera la que aceleró el aislamiento cada vez mayor de Beethoven, que contribuyó a empeorar sus condiciones de vida a lo largo del tiempo. Esa sordera empezó a manifestarse cuando el compositor estaba componiendo el Tercer concierto para piano y el pianista de salónquedó definitivamente atrás.

Al empezar a escuchar a Lukásh Vondrácek la parte solista del piano en el Tercer concierto de Beethoven, era inevitable imaginarse al propio compositor tocando la parte solista en una reunión privada de nobles acaudalados, de manera análoga a como suponemos lo haría Chopin en años no tan lejanos. Vornácek mostró un sonido perlado apropiado para otros repertorios, pero el primer movimiento del concierto requiere un carácter más contrastado y dramático. El segundo movimiento, más calmado y tranquilo, resultó por ello también más logrado, y el humorismo del Finale fue bien captado por el pianista, pero lo más importante de la obra, el primer movimiento, había pasado. Nesterowicz acompañó al solista con la gravitas que a éste le faltó en determinados momentos, sobreponiéndose a una orquesta que no tuvo su mejor actuación. De propina, una obra de Rachmaninov, que resultó en manos de Vondrácek excesivamente deliberada.

La segunda parte se abrió con una interpretación del preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda de Wagner lenta y metafísica, similar a lo que Wilhelm Furtwängler propone en su célebre grabación de estudio de la obra completa (Emi, 1952). Quizá una interpretación en concierto se presta a una versión del preludio más carnal, (Tristán e Isolda son un hombre y una mujer de carne y hueso que se aman, y en esta combinación de preludio y muerte de amor no hay necesidad de medir tanto los puntos culminantes como en el conjunto de la ópera), pero la visión que Nesterowicz propuso también es legítima y tuvo una gran virtud: al final de la interpretación, nos quedó interés por conocer cómo afrontaría el director polaco el drama completo.

El Don Juan de Richard Strauss es otra cosa. Como obra de lucimiento orquestal que es, se presta a los contrastes de carácter y a la expansividad, como corresponde a las aventuras del seductor que tanto alimentó la imaginación romántica. Nesterowicz supo interpretarla aportando el dramatismo, la sensualidad y la violencia que se alternan en esta obra. El silencio del público que consiguió al terminar, con esos tres acordes en pianissimo, resultó elocuente.

Fue un concierto con una segunda parte muy lograda, en donde Nesterowicz ofreció interpretaciones ortodoxas atendiendo a los contextos de Wagner y Strauss. Vornácek quiso ir más lejos, pero no le fue bien; aunque lo hubiera sido antes, cosa en cierta forma discutible, el Beethoven de 1803 ya no era un  complaciente pianista de salón.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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