LA PAMPLONESA CON “EL TANGO SE HACE POESÍA” EN EL GAYARRE

Nº  18 de 2020

“El tango se hace poesía”

El nombre de Astor Piazzolla asegura siempre la popularidad entre el público. Sus tangos más célebres se han difundido considerablemente entre el público y los intérpretes clásicos de todo tipo los han presentado en numerosos arreglos, haciendo que su nombre sea cada vez más conocido. Sin embargo, a la postre la imagen que el gran público tiene de Piazzolla es la de un compositor clásico de tangos de fácil escucha. Pocos melómanos conocen que sus pretensiones eran mucho más altas y todavía menos aficionados europeos a la música son conscientes de la manera en que el compositor argentino rompió con lo que se consideraba la esencia del tango en su sentido tradicional.

Por eso, la propuesta que realizó La Pamplonesa el domingo en el Teatro Gayarre estaba bien encaminada. Al presentarse el título del programa, “El tango de Piazzolla”, podíamos esperar seguramente una recopilación sin mayor nexo de unión de tangos del compositor argentino, seguramente bien tocados (son obras que admiten perfectamente ser arregladas para banda de concierto). La presencia de Fernando Salinas al bandoneón aseguraba también un extra de autenticidad que, en esta música, siempre es bienvenido.

En realidad, el espectáculo que ofreció La Pamplonesa fue mucho más que todo lo que hemos explicado hasta ahora. Todos los tangos reunidos en el concierto fueron cuidadosamente ordenados siguiendo un hilo conductor, una narración en la que se desgranaban los principales hitos de la carrera de Piazzolla: su amistad con Carlos Gardel, su período de aprendizaje en Argentina, su estudio con Nadia Boulanger (mentora de tantas grandes figuras del siglo XX), su revolución tanguera de los años 1960 y la fusión de los mundos clásico y tanguero en su ópera María de Buenos Aires. No faltaron tampoco algunos poemas en torno al tango como danza, muchos de ellos muy aplaudidos, incluso sin dejar que la música que debía sonar posteriormente para ilustrarlos adquiriera todo su efecto. En algunas de las obras, también se contó con Marina Alcalde y Diego Quispe, finalistas en las dos ediciones pasadas del Campeonato del Mundo de Tango. Sus coreografías fueron uno de los elementos más apreciados por el público.

Interpretativamente, el concierto también adquirió un nivel general más que interesante. Jesús Garísoain demostró dominar completamente el estilo, adaptándose con exactitud al carácter de cada una de las obras programadas. Eso ya pudo escucharse desde el comienzo, cuando dibujó con gran exactitud las características de cada uno de los tres movimientos que conforman la Historia del tango, un ciclo en el que Piazzolla se hace eco de la evolución del género entre 1900 y 1960. Para ello, contó con una banda en buena forma, en la que destacaron como casi siempre los solistas de la madera, siempre musicales y de fraseo amplio en los momentos convenientes. Fernando Salinas, el bandoneonista de Tafalla, fue un complemento ideal para muchas de estas composiciones, aunque consiguió mostrar de manera más convincente el carácter de los tangos más lánguidos que los demás. Hasta cierto punto, eso es lógico: no debe de ser fácil tocar al tempo que corresponde algunos de los tangos más decididos.

En conjunto, fue un concierto muy bien preparado, con un concepto claro y que consiguió un aplauso muy merecido del público. No se trataba ya de buscar un programa con éxito de público asegurado, sino que resultara coherente y que el espectáculo alcanzara una unidad. Al final eso es lo que determina la calidad de una propuesta.

Autor entrada: xabier armendariz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *