Tiempo de pasión

Tiempo de pasión

 

La llegada de la Semana Santa, al igual que la de la Navidad, es una buena ocasión para volver a escuchar algunas obras clásicas de esta etapa del año litúrgico. Es verdad que el público general tiene en mente al hablar de Semana Santa más bien las películas sobre temas bíblicos, pero hay determinadas obras musicales que tratan el tema de la pasión y muerte de Jesús que, precisamente por eso mismo, tienen en esa época su momento natural.

Una de esas obras, por supuesto, es La Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, y precisamente por eso todos los años suele haber alguna nueva grabación de la obra en circulación, lanzada al mercado por algún sello grande o pequeño. En esta ocasión, el sello Harmonia Mundi ha reeditado la reciente grabación de René Jacobs, comentada por nosotros hace algunos meses, esta vez simplemente en CD y sin el documental que acompañaba a la edición original. Pero al margen de una grabación de la obra interpretada por John Nelson en París, la grabación más importante de la obra bachiana aparecida este año por Semana Santa ha sido la que ahora comentamos en extenso, publicada por el sello BR Classics. En este registro participa el Coro de Niños de la Catedral de Ratisbona, el de la Radio de Baviera y Concerto Köln, todos comandados por Peter Dijkstra, el director del coro radiofónico.

Peter Dijkstra no es ningún recién llegado a la obra de Bach. Ya había grabado anteriormente los motetes y el Oratorio de Navidad, obras importantes del catálogo bachiano. Por otra parte, con este registro Dijkstra se une a la nómina de importantes directores de coro que ya han registrado la obra, empezando por Eric Ericson y siguiendo por Philipe Herreweghe o John Elliot Gardiner, probablemente los principales representantes de esta categoría de directores.

¿Y cómo es esta grabación de la Pasión según San Mateo de Dijkstra? Pues bien, es una interpretación historicista, pero no rompedora en ningún aspecto importante. El coro es reducido, aunque no se llega al extremo de la voz por parte. Los dos coros contrastantes están situados en estéreo, como es habitual, y no uno más cerca y otro más lejos, como ha hecho Jacobs en su grabación más reciente. En cuanto al continuo, hay lógica en los instrumentos usados en cada momento. Se reserva el órgano para las arias y los recitativos de Jesús y el Evangelista, tiorba para todo momento en donde se hace referencia a los Profetas y clave para los demás personajes y las turbas. Se consigue así una variedad sonora en el acompañamiento, pero en contra de lo que ocurría con Jacobs, el resultado no es nunca arbitrario.

Esto también tiene consecuencias en la interpretación propiamente dicha. Los tempi son fluidos, y hay una sensación de drama que no se pierde en ningún momento, pero no se alcanza la locura de algunos tempi de Jacobs en determinadas arias. Los corales en particular están muy logrados, interpretados con gran musicalidad y un magnífico sentido de la jerarquía de las diferentes pausas, algo en lo que esta versión es muy superior a la de René Jacobs. En los recitativos, sin embargo, lo que más interesa en esta versión es el manejo de los silencios o de las respuestas rápidas, que da a la versión una inmediatez y un realismo que se agradecen mucho. Con todo, es ésta una interpretación muy teatral, (a los cantantes se les permite incluso adornar discretamente en los da capo de las arias), y en general todo aquel punto en donde se haga referencia a la naturaleza divina de Jesús, muy en particular la intervención del Centurión del final, se desaprovecha y se pasa sin dejar huella.

El reparto de esta interpretación de Dijkstra no tiene grandes nombres, pero ciertamente funciona en conjunto muy bien. El Evangelista lo interpreta Julian Prégardien, que se muestra muy efusivo para la parte, (algunos dirán incluso que demasiado efusivo), pero a cambio puede dotar de inusual drama a la segunda parte, que en conjunto es lo mejor de toda la interpretación. Todos los solistas hacen magníficos trabajos, hasta el punto que el reparto de Jacobs, que tiene nombres mucho más conocidos, no es claramente superior. Y por supuesto, la calidad de los conjuntos orquestales y corales está fuera de toda duda.

El sonido de la grabación, tomada en vivo, no es desde luego comparable al de la grabación de René Jacobs, que posee una definición mucho mayor incluso en la capa CD, pero la calidad interpretativa de esta grabación de Dijkstra es en conjunto mucho mayor. Estamos ante una versión que podría ser adecuada para un primer acercamiento a la obra, aunque hasta ahora ninguna versión con instrumentos de época parece haber dado en la diana del todo con esta obra. Quienes más cerca se han quedado son Koopman, Herreweghe y sobre todo Harnoncourt en su primera época. En cuanto a las grabaciones con instrumentos modernos, las referencias claras son Peter Schreier (Decca) y Karl Richter (Archiv), que reúnen repartos mejores y alcanzan una profundidad jamás lograda con instrumentos originales. ¿Y qué hay de Otto Klemperer, una versión que el firmante ha citado en ocasiones como versión de referencia? Bien, precisamente de esa interpretación vamos a hablar a continuación.

Antes que nada, conviene situar a Otto Klemperer, porque entender la formación y las circunstancias vitales del director alemán es la única manera de comprender por qué su interpretación de la obra bachiana es tan singular. Otto Klemperer había nacido en 1882 en Breslau, una localidad que hoy es polaca pero que entonces pertenecía a Prusia. La carrera de Klemperer despegó pronto, y ya a comienzos del siglo XX el joven Otto tuvo oportunidad de integrarse en el círculo de la vanguardia, conociendo por ejemplo a Gustav Mahler, con quien guardó relación durante los últimos años de vida del compositor bohemio. Después de la Gran Guerra, Klemperer tomó posesión de un puesto como director en la Krolloper de Berlín, en donde presentó producciones rompedoras de títulos del gran repertorio y estrenó obras de Kurt Weill, Schönberg, Hindemith y otros autores de vanguardia. También allí interpretaba obras de Bach. Al llegar los nazis al poder, Klemperer tuvo que huir de Alemania, porque su origen judío y su simpatía por la nueva música le hacían sospechoso frente al nuevo régimen. En Estados Unidos no alcanzó fortuna, y de nuevo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial se estableció como director de la Ópera de Budapest, donde las interferencias de las autoridades comunistas le llevaron a dimitir. Entonces, Walter Ledge, el director de la Emi, que estaba buscando un director que se hiciera cargo de la Orquesta Philharmonia tras la marcha de Karajan, le contrató para hacer grabaciones. Curiosamente, la mayoría de esas grabaciones no se corresponden con el repertorio del siglo XX que habían hecho famoso a Klemperer, sino que se centraron en el gran repertorio centroeuropeo, desde Bach hasta Richard Strauss, incluyendo incursiones en Tchaikovsky, Dvorák y otros autores nacionalistas.

¿Cómo es, por consiguiente, la interpretación de La Pasión según San Mateo de Bach por Otto Klemperer? Es más fácil empezar diciendo lo que no es. Desde luego, este Bach no pretende ser históricamente informado. No sólo se usa orquesta moderna y coro gigantesco, (eso era muy habitual en la época), sino que además los tempi son tremendamente lentos. El cronómetro nos servirá de ayuda en este aspecto. La interpretación de Dijkstra dura, desglosando la extensión de cada parte, 69:03+94:04=163:07; compárese esto con Otto Klemperer, que para la misma obra invierte 97:15+126:08=223:23. La diferencia es de más de una hora, aproximadamente equivalente al 40% de la duración de la versión de Dijkstra. Estas duraciones son muy superiores a las versiones más habituales en la época en que Klemperer grabó esta interpretación. Karl Richter emplea casi veinte minutos menos que Klemperer, sin necesidad de hacer cortes sobre la partitura.

Esto indica que los tiempos son lentos, lo cual podría desanimar de entrada a los integristas de la interpretación históricamente informada. En efecto, a ellos les parecerá que los tiempos son demasiado despaciosos, que los recitativos avanzan con rigidez, que algunas de las texturas orquestales son demasiado gruesas. Desde luego, quienes quieran una versión que suene mínimamente a Bach, no deben acudir a Klemperer; no es ésta una opción válida si lo que se quiere es una versión idónea para escuchar la obra por primera vez.

Sin embargo, hay que admitir que no es justo deducir que estamos ante un Bach romántico. Es una interpretación grandiosa, monumental, ciclópea. Pero en todo momento se percibe una sobriedad ausente de otras interpretaciones anteriores y posteriores, como las de Mengelberg, Furtwängler, Karajan y otros directores. Esto es como si Stravinsky o Hindemith hubiesen realizado una grabación de la obra de Bach. Los corales son tomados con recogimiento y espiritualidad; las arias son interpretadas con gran delicadeza. A este respecto, contar con solistas de la talla del flautista Gareth Morris, por ejemplo, es una ventaja insoslayable. Todo es digerido con la máxima atención; la rigidez que apreciamos en los recitativos se debe precisamente a esa atención al sentido de cada palabra. Aunque algunos de los descriptivismos de la partitura se pueden perder, en la sustancia siempre hay un drama interno que jamás decae.

El reparto vocal es impresionante: Peter Pears, Dietrich Fischer-Dieskau, Elisabeth Schwarzkopf, Christa Ludwig, Nicolai Gedda, Walter Berry. Resulta difícil escribir todos estos nombres seguidos en la misma frase sin sentir la necesidad de tomar aire. De todos ellos, el que aquí resulta más discutible es Peter Pears, que muestra su habitual voz oscura, y se ve perjudicado por la lejanía de la toma sonora. Por otra parte, su Evangelista es sobrio aunque no carente de expresividad; más o menos es la misma entonación con la que en el rito romano se suelen leer las lecturas bíblicas. Dietrich Fischer-Dieskau hace su habitual Jesús, aunque aquí se muestra más humano y expresivo que en las interpretaciones de Karajan y Richter; también en esta versión lo encontramos en mejor forma vocal. Schwarzkopf ya no tiene la frescura de años anteriores, pero su arte de canto sigue siendo exquisito. De Christa Ludwig y su voz extraordinaria no hay mucho que decir; las arias de contraalto son probablemente lo mejor de la interpretación y lo más recomendable para quienes se muestren reservados con respecto a esta versión. Nicolai Gheda es más belcantista que Pears en sus arias, y su voz más clara habría sido más adecuada que la del británico para cantar la parte del Evangelista; escucharle las arias es un lujo asiático. Por último, Walter Berry no baja el nivel, y frasea con mucho gusto y depuradísimo arte de canto.

La Orquesta Philharmonia de Londres está a un nivel extraordinario; en particular las maderas, con su tono ocre, resultan de lo más adecuado y su presencia en los corales se agradece mucho. Como decíamos, la calidad de los solistas instrumentales está fuera de toda duda. El Coro Philharmonia lo preparó Wilhelm Pitz con toda conciencia, y está expresivo y muy empastado; no obstante, como el coro es enorme, evidentemente se pierde la precisión perfecta que se puede conseguir con un coro más reducido como los que suelen utilizar Koopman, Herreweghe o Harnoncourt; incluso da la impresión de que el coro de Karl Richter es en ese aspecto más apropiado. Por otra parte, contar con un coro numeroso es la única decisión que se podía considerar lógica con el concepto general.

La grabación no está sonoramente al mejor nivel de la época. Las tomas se realizaron en lugares distintos que poseían acústicas muy diferentes, como la catedral de San Pablo de Londres o los estudios de Abbey Road. Por eso, se notan diferencias en la presencia sonora y en la reverberación a lo largo de la interpretación, que el actual reprocesado no ha eliminado. Por otra parte, aunque se escucha cierto siseo de fondo, el volumen de la grabación es relativamente bajo.

Unas palabras finales sobre la edición que usamos para comentar esta grabación. Warner Classics, nueva propietaria de los derechos de las grabaciones de Emi, cerró la serie The Klemperer Legacy iniciada por el sello británico con esta última caja, en donde se recopilan las grabaciones que el director alemán realizó de obras sacras, (sólo falta el Requiem alemán de Brahms, que se incluyó junto con las demás obras orquestales del compositor de Hamburgo). Así, tenemos también una Misa en Si menor de Bach similar en concepto a esta versión de La Pasión según San Mateo, igualmente referencial bajo las mismas premisas, y un Mesías händeliano mucho más discutible aún, de espíritu plenamente elgariano, pesado y propio del Klemperer anciano. Por último, está la interpretación de la Misa Solemnis de Beethoven, una versión simplemente referencial, un clásico de la fonografía que todo aficionado debería conocer. La caja se vende a bajo precio y los fans de Klemperer, entre los cuales este comentarista se cuenta, no deben dudar en comprarla. Incluso los aficionados con amplitud de miras pueden encontrar en el conjunto interés suficiente. No obstante, todas estas grabaciones menos el Mesías se venden por separado en la serie Great Recordings of the Century y en otros sellos “no oficiales”, como Regis. Para la mayoría de aficionados, a los que esencialmente les interesará alguna de estas obras en particular, esa opción parece preferible, sobre todo si lo que se desea es la versión de la Misa Solemnis.

En todo caso, ya sea en una versión o en otra, un aficionado a la música debería disponer de varias grabaciones de La Pasión según San Mateo de Bach, y por supuesto con enfoques distintos. La época del año en la que estamos es la más propicia para repasar y ampliar nuestro conocimiento de una obra fundamental en la Historia de la Música.

 

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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