Sugerencias para regalar en Navidad (I)

Sugerencias para regalar en Navidad (I)

 

El período de Navidad es una época propicia para regalos a familiares y amigos. Es una buena ocasión para fortalecer lazos, y como tal hay que entender los obsequios que recibimos en estas fechas. Puesto que regalar música es una de las principales opciones disponibles, nosotros realizaremos desde aquí algunas sugerencias relacionadas con el año que se marcha.

Tomaremos como referencia dos de las principales efemérides musicales que se han celebrado a lo largo del año, como son los doscientos años de los nacimientos de Verdi y Wagner. Es verdad que, puesto que el repertorio de la música culta occidental es tan vasto, era inevitable tener que realizar alguna selección, y puesto que volver a listar algunas de las grabaciones más recientes sin poder realizar comentario alguno sobre ellas sería redundante, me he permitido recomendar algunas interpretaciones wagnerianas y verdianas que, al entender de este comentarista, parecen más afines al verdadero espíritu de los autores.

En este artículo realizaremos el trabajo con las óperas de Richard Wagner, puesto que es el compositor cuyo bicentenario se celebró en primer lugar. En este caso, hay que advertir que para los amantes de la ópera tradicional, (particularmente para los aficionados a la ópera italiana no curtidos en estas lides), Wagner es un compositor con el que es mejor empezar despacio, y en particular probablemente con las obras juveniles, como El holandés errante y Lohengrin. Por eso, en el caso de Wagner, además de recomendar grabaciones de óperas completas, también hablaremos de recopilaciones de preludios y oberturas, pasajes orquestales de brillantísima factura que pueden servir perfectamente de introducción para los no iniciados.

Empezando precisamente por las selecciones de preludios y oberturas, hay que decir que el panorama discográfico es, a este respecto, muy extenso. No obstante, tampoco abundan los directores wagnerianos que han conseguido hacer verdadera justicia a estas auténticas obras maestras, y la mayor parte de los que sí lo han conseguido son intérpretes históricos.

De las compilaciones de preludios y oberturas con buen sonido que circulan por el mercado, posiblemente la más recomendable para un público amplio es la de Otto Klemperer (Emi), un director que no grabó prácticamente óperas completas del mago de Bayreuth, pero que sabía bien cómo hacer justicia a esta música. El Wagner de Klemperer no es particularmente romántico, y por momentos puede carecer del vuelo lírico que otras batutas le pueden otorgar a estas obras, pero el director de Breslau tiene clara la estructura de las obras, mide muy bien las tensiones y traslada con el timbre más bien ocre de la Orquesta Philharmonia un Wagner noble y germano hasta la médula. Se incluye además una magnífica versión del original de El idilio de Sigfrido, escrito en realidad para trece instrumentos de cuerda y viento. Una auténtica delicia.

Aunque el sonido de la grabación de Klemperer es bueno, quienes prefieran interpretaciones más modernas pueden acudir a la selección de preludios y oberturas de Karl Böhm (D.G.), aunque en esta última también hay interpretaciones de Karajan, Barenboim y Kubelik; el nivel no es tan homogéneo, pero como alternativa moderna puede resultar satisfactorio. Quienes no tengan miedo a las grabaciones históricas pueden y deben adquirir el álbum de 4 CDs titulado Great Wagner Conductors, en donde D.G. ha compilado algunas de las grabaciones de preludios y oberturas más importantes de las que dispone, con intérpretes como Wilhelm Furtwängler, Hans Knappertsbusch u Eugen Jochum, una recomendación que satisfará incluso a los aficionados wagnerianos ortodoxos más exigentes.

Por lo que respecta a las óperas completas y empezando por El holandés errante, ya al comentar la interpretación de Klemperer en vivo se aportaban algunas pistas sobre la discografía más recomendable de la obra. Posiblemente la mejor interpretación para el aficionado que quiera iniciarse en esta obra primeriza del compositor sea la de Wolfgang Sawallisch en Bayreuth en 1961, (grabación oficial Decca con Silja y Crass), que tiene un reparto bueno y sin fisuras, más una dirección espléndida y refrescante de un Sawallisch inspirado. Junto a ella, habría que colocar la grabación de estudio de Altan Dorati, dos años anterior e igualmente en Decca, que tiene un reparto de superior calidad y una dirección más que competente, aunque sin la tensión propia de las grabaciones en vivo que sí tiene la toma bayreuthiana de Sawallisch. Los aficionados wagnerianos ortodoxos y exigentes no deben pasar sin la grabación de Hans Knappertsbusch de 1955 (Orfeo), pero no es una versión ésta de Kna recomendable para un público amplio, por los tempi muy despaciosos del alemán y porque la visión en conjunto de la obra mira más bien al Wagner posterior. En todo caso, dentro de ese concepto, es una interpretación genial y de conocimiento obligado. Ninguna interpretación moderna hasta la fecha ha logrado igualar los resultados de estas grabaciones, ya entradas en años.

Por lo que se refiere a Tanhäuser, al margen de las versiones diferentes de la obra, sí hay una referencia clara. La grabación de Sir Georg Solti para Decca (Dernesch, Ludwig, Kollo, Brown y la Filarmónica de Viena), posiblemente no tenga el mejor reparto posible, pero combina cantantes bastante adecuados en general con una toma de sonido espléndida y una orquesta absolutamente formidable. Puede que la dirección de Solti no sea la mejor en los momentos de mayor recogimiento, pero esto es en realidad un reparo menor teniendo en cuenta el extraordinario nivel al que nos acostumbró el maestro húngaro. Dejando a Solti al margen, la versión más acabada de la obra que circula por el mercado es la interpretación en vivo de André Cluytens (Orfeo, 1955), con Gre Brounstijn, Wolfgang Windgassen y Dietrich Fischer-Dieskau; un reparto de auténtica ciencia ficción visto desde el día de hoy.

Lohengring tiene asimismo una referencia muy clara en la discografía. En efecto, la grabación de Rudolf Kempe para Emi realizada en los años sesenta es un dechado de virtudes en todos los aspectos, empezando por la cuidadísima dirección del sajón a unos conjuntos orquestales y corales magníficos, y siguiendo con un reparto excepcional. Menos claro queda quién debe ocupar el segundo puesto después de tan magnífica interpretación. Probablemente la grabación que más cerca se queda vuelve a llevarnos al Bayreuth de los cincuenta, en concreto al festival de 1953, en el que Eugen Jochum dirijió a un reparto estelar encabezado por Birgit Nilson y Wolfgang Windgassen. La grabación, no oficial, está disponible en varios sellos. Aunque la grabación de Kempe tiene buen sonido, una alternativa moderna de mejor calidad sonora, aunque no necesariamente acompañada de la mejor calidad vocal, es la versión de Sir Georg Solti para Decca, que incluye a una Jessye Norman estelar y a un Plácido Domingo en buena forma vocal, pero ligeramente falto de estilo.

En lo que respecta a Tristán e Isolda, la crítica lo ha tenido tradicionalmente muy claro. La versión de referencia es la interpretación de Wilhelm Furtwängler (Emi, 1952), con Flagstadt, Suthaus, Fischer-Dieskau y Greindl en los principales papeles. Nuevamente, se hace difícil escribir todos estos nombres sin que a uno se le corte por un momento la respiración y, efectivamente, es una interpretación espléndida, siempre que tomemos la obra como una especie de versión antigua de “atracción fatal” y obviemos la vertiente de exaltación del amor humano que tiene la partitura; esta interpretación debe estar en la fonoteca de todo amante de la música, ya no sólo en la de los aficionados a Wagner. No obstante, hay una interpretación superior a ésta, que es la que grabó Daniel Barenboim (Teldec, 1995), con Waltraud Meier, Siegfried Jerusalem, y otros cantantes de excepción. La pasión torrencial y la carnalidad de esta interpretación, mucho más convincente que la relativa distancia de la lectura de Furtwängler, resultan para quien esto escribe en la referencia absoluta para esta obra inmortal.

En Los maestros cantores de Núrenberg, la elección parece más complicada. Al ser una obra en donde hace más falta reunir un reparto eficaz en conjunto que contar con un par de estrellas vocales, buena parte de las versiones existentes flaquean por uno u otro lado. Entre las grabaciones históricas, la interpretación de referencia bien puede ser la comandada por Hans Knappertsbusch en el Teatro del Príncipe Regente de Múnich (Orfeo, 1955). Es una lectura animada, briosa, festiva, en donde Knappertsbusch interpreta la obra con inspiración y sentido lúdico. El reparto está formado por algunas de las más grandes voces del momento, y aunque el Walther de Hans Hopf resulte muchas veces demasiado exaltado, (lamentablemente hoy no disponemos de voces semejantes, con lo que el debate sobre la idoneidad de Hopf para este personaje hoy estaría fuera de lugar), funciona muy bien en conjunto. Además, el sonido Orfeo es magnífico y capta muy bien la excitación de la velada. Entre las tomas en estudio, y teniendo en cuenta que la interpretación de Rudolf Kempe sólo está disponible en Pristine Records por Internet, posiblemente la mejor opción disponible para muchos sea la interpretación de Herbert von Karajan (Emi, 1970), grandiosa y monumental, que se beneficia de una Staatskapelle de Dresde en magnífica forma y un reparto muy bueno para la época, encabezado por René Kollo, Helen Donath y Theo Adam.

En El anillo del nibelungo, la recomendación es unánime. La referencia absoluta es sir Georg Solti (Decca, 1958-1965), inigualable por calidad de grabación, respuesta orquestal y calidad media del reparto. En esa grabación están la mayor parte de los grandes cantantes de la época, liderados por un Solti fogoso, straussiano, a veces terriblemente violento, (muy particularmente en el Oro), que saca chispas de la obra. Quien se maneje bien en inglés no debería dudar en comprar la edición de lujo preparada para conmemorar el centenario del nacimiento de Solti, que también incluye el análisis de Deryck Cooke de los motivos conductores de la obra, absolutamente primordial, un importante disco de preludios y oberturas que incluye probablemente la referencia de la versión original de El idilio de Sigfrido, más partituras con anotaciones de Solti, documentales sobre la grabación y el libro asimismo fundamental de John Culshaw sobre este documento excepcional. Esta grabación de Solti, en una u otra edición, debe estar en cualquier fonoteca de aficionado a la música, no ya sólo en la de los wagnerianos entusiastas. Dejando al margen a Solti, se hace más difícil recomendar una única versión de la obra; tal vez la recuperación por Pristine Records del Anillo milanés de Furtwängler tomado en vivo en 1950 es la mejor opción, por reparto y la dirección extraordinaria del alemán, que se crece en el teatro. Hay cortes importantes, pero el documento está magníficamente grabado y hoy es probablemente la segunda opción después de Solti, considerando asimismo la calidad sonora de la restauración. Quienes no puedan acceder a comprar por Internet esta edición, pueden acudir a Hans Knappertsbusch en cualquiera de sus tres grabaciones en Bayreuth y, sobre todo, a Joseph Keilberth en la colina verde (Testament, 1955), o en otra línea, incluso la grabación de Karl Böhm (Decca, 1967). De entre las grabaciones recientes, tal vez la interpretación de Daniel Barenboim sea la única que, por dirección, pueda competir con las citadas, aunque el reparto es por fuerza inferior.

En cuanto a Parsifal, el debate no es qué director es la primera opción para esta obra, sino cuál de sus múltiples interpretaciones. Hans Knappertsbusch grabó en Bayreuth más de diez funciones de este título, de las cuales tres son grabaciones oficiales. Por circunscribirnos a ellas, posiblemente sea la grabación de 1962 la más recomendable, porque la toma de sonido Decca es mejor que la de sus rivales, y los tiempos de Kna no son tan lentos como los de 1951. Con Knappertsbusch, la ópera se convierte en un monumental oratorio, pleno de espiritualidad y grandeza monumental. Fuera de Kna, sólo dos opciones parecen lógicas: la interpretación de Solti (Decca, 1972), y la de Rafael Kubelik, injustamente ignorada en su tiempo (Arts, 1980).

En cuanto a las cajas con las integrales o semiintegrales de óperas, la opción más recomendable para aquellos que consideren el factor sonoro como un aspecto a tener en cuenta es la compilación de las grabaciones de Sir Georg Solti, que incluye el Anillo de referencia, entre otras cosas admirables. Pero si no hay reparos por aversión al sonido histórico, entonces la mejor opción es la caja Wagner’s Vision del sello Documents, que agrupa grabaciones del Festival de Bayreuth, con directores como Knappertsbusch, Keilberth, Kempe, Cluytens, Abendroth, Karajan o Clemens Kraus. Y los paladares más exigentes pueden probar con Wagner at the Met, una caja con grabaciones históricas que incluye un Holandés fundamental conducido por Fritz Reiner; aunque las obras del período maduro están muy cortadas, como corresponde a la época, el plantel vocal es tan impresionante que resulta una adquisición básica para cualquier amante de las grabaciones históricas, aunque no es recomendable para un público general.

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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