Cuando los cantantes toman el control

 

 

Cuando los cantantes toman el control

 

Bach: La Pasión según San Mateo, BWV 244. Werner Güra, Johannes Weisser, Sunhae Im, Christina Roterberg, Bernarda Fink, Marie-Claude Chapuis, Topi Letipuu, Fabio Trumpi, Konstantin Woff, Artuu Kataja. Coro de la Ciudad y de la Catedral de Berlín. Coro de Cámara de la RIAS de Berlín. Academia de Música Antigua de Berlín. Dir.: René Jacobs. Harmonia Mundi HMC 802156-58. 2 SACDs híbridos + DVD. DSD. Precio alto.

 

Bach: La Pasión según San Mateo, BWV 244 (+ otras obras religiosas de Bach). Lucia Popp, Andrea Ihle, Helga Termer, Marjana Lipovsek, Johanna Schneiderheinze, Elisabeth Wilke, Peter Schreier, Eberhard Büchner, Wegner Ekkehard, Ekkehard Wlaschiha, Andreas Scheibner, Robert Holl, Theo Adam, Hans-Joachim Ribbe, Klaus Henkel, Hermann-Christian Polster. Coro de la Radio de Leipzig. Coro de Capilla de Dresde. Orquesta de la Staatskapelle de Dresde. Dir.: Peter Schreier. Decca Collectors Edition 4785564. 12 CDs. DDD. Precio medio. Especialmente recomendado.

 

No es frecuente que los cantantes clásicos tomen la batuta. Algunos lo han hecho, con fortuna desigual, en el mundo operístico, como es el caso de Plácido Domingo y Dietrich Fischer-Dieskau, pero ninguno de ellos se ha distinguido por demostrar grandes capacidades. En el mundo de la música antigua, los casos son más habituales y, al menos a tenor de la crítica, los resultados suelen ser mejores. En particular, el contratenor René Jacobs pasa por ser uno de los directores barrocos más prestigiosos de la actualidad.

Después de varias aventuras discográficas grabando óperas de Mozart, el contratenor belga ha decidido registrar en estudio La Pasión según San Mateo de Bach, una obra que admite haberle acompañado desde su infancia, cuando la cantó como integrante de la escolanía. Jacobs no había registrado la obra como director, pero posiblemente haya interpretado muchas veces la magna composición bachiana con directores como Herreweghe, con quien tantas colaboraciones ha realizado en otros tiempos. Sin embargo, la versión que se comenta poco tiene que ver con las maneras del citado Herreweghe, y menos aún con cualquier representante de las modernas polémicas, aunque sí son rompedoras en muchos aspectos.

René Jacobs no es innovador en la composición de la orquesta ni de los coros. Las plantillas son de tamaño moderado, y los coros son mixtos, incluyéndose únicamente la escolanía para los coros inicial y final de la primera parte. Lo primero que sorprenderá al oyente conocedor de la obra es la particular distribución de los dos coros, que no están situados a izquierda y derecha, como era tradición, sino cerca o lejos del oyente. En el DVD complementario, Jacobs explica las razones que le han llevado a esta disposición, que provoca que algunos solistas se escuchen más lejanamente cuando se disponen a cantar arias importantes.

Todo esto, sin embargo, no deja de ser una cuestión secundaria. La principal novedad del enfoque de Jacobs es el intensísimo dramatismo de los recitativos, que casi parecen monteverdianos. Contribuyen a ello la riqueza del continuo, que incluye también una tiorba, y la extraordinaria ligereza del tempo. En general, se convierte la obra en un drama humano. Jesús resulta más creíble cuando se lamenta ante el Padre por los padecimientos que han de venir que cuando se dispone a instituir la Eucaristía. Las arias se llevan a tempi rapidísimos, de manera que muchas veces no da tiempo a disfrutar de ellas, y los corales se llevan asimismo muy vivos, realizándose con uniformidad robótica los calderones, todos iguales entre sí, sin respetar la jerarquía del fraseo musical.

Lo mejor sin duda de esta grabación de Harmonia Mundi son los cantantes. En particular, Werner Güra es un Evangelista espléndido, cantado con extraordinaria convicción y con inmensa variedad de inflexiones. Johannes Weisser es la réplica como cantante al concepto impreso por la batuta de un Jesús torturado por la responsabilidad. Asimismo, todo el reparto muestra un nivel considerablemente elevado, con presencia de algunos grandes nombres, incluyendo a Bernarda Fink entre ellos. Resultaría muy difícil reunir hoy un reparto tan completo para la obra, por no hablar de los espléndidos coros y de la orquesta, que resuelve su parte con gran atención a las considerables exigencias de la batuta.

Curiosamente, de forma paralela a este registro se ha reeditado otro a cargo de un cantante metido a director. El tenor Peter Schreier, que había grabado la obra junto con Karajan y Karl Richter, realizó un nuevo registro para Decca como director, en donde él mismo se hace cargo de la parte del Evangelista. Cuenta asimismo con una orquesta de excepción, la Staatskapelle de Dresde, y un coro no menos extraordinario, como es el de la Radio de Leipzig. Su visión es mucho más convencional que la de Jacobs, pero en modo alguno vuelve a los tempi de Karl Richter, pareciéndose más las minutaciones a las del pionero registro historicista de Nikolaus Harnoncourt. Allá donde Jacobs baja el nivel, en los momentos más contemplativos, es donde Schreier resulta más claramente superior, e igualmente las secciones más dramáticas tienen su peso, aunque la escena del prendimiento, por ejemplo, no alcance la intensidad de Jacobs.

Es en el reparto donde Schreier no llega a las olímpicas alturas de Jacobs. El propio tenor alemán no pasaba ya cuando grabó la obra por su mejor momento, y aunque canta bien, su voz no tiene el brillo de antaño. De entre los solistas vocales destaca con mucho Lucia Popp, que tiene intervenciones estelares, mientras que el resto del reparto cumple con mucha dignidad, cantando de forma expresiva y por momentos emocionante. No hay grandes voces, pero los tempi de Schreier propician que los cantantes puedan frasear con libertad y facilitan que todos canten a su mejor nivel.

Así pues, estamos ante dos registros de la obra recomendables para dos perfiles de público muy distintos. Aquéllos que prefieran quedarse con el drama deberían acudir inmediatamente a Jacobs; quienes preferimos una versión musicalmente más lograda y coherente optaremos por Peter Schreier. No obstante, una obra como la Pasión según San mateo debería conocerse desde diferentes ángulos, y ninguna de las dos versiones sobraría en una buena fonoteca.

Si a pesar de todo hubiese que escoger versiones concretas de referencia, el firmante optaría por las de Otto Klemperer (Emi, probablemente a comentar aquí dentro de algunos meses), Karl Richter (Archiv), Harnoncourt I (Teldec) y cualquiera de las versiones de Koopman y Herreweghe. La de Peter Schreier podría contarse también entre este puñado de versiones elegidas. Los directores de hoy, y René Jacobs no es excepción, aún tienen en general mucho que aprender sobre la obra para llegar a este nivel.

 

  

Autor entrada: Xabier Armendariz

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