Beethoven para la modernidad

Beethoven para la modernidad

 

Beethoven: sinfonías números 1-9. Johannes Maria Staub: Maniai. Misato Mochizuki: Mirai. Rodion Schedrin: El testament de Heiligenstadt de Beethoven. Raminta Serksnite: Fuegos. Jörg Widmann: Con brío. Giya Kancheli: Dixy. Coro de la Radio de Baviera. Dir. Cor.: Peter Dijstra. Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Dir.: Maris Jansons. BR Classics 900119. 6 CDs. DDd. Calidad excelente. Precio alto.

 

Cada vez que sale al mercado un nuevo ciclo de sinfonías de Beethoven, muchos aficionados nos preguntamos si realmente es necesario volver a grabar estas obras, habiendo tantas y tan grandes versiones disponibles. Cada aficionado clásico tiene en mente su ciclo beethoveniano ideal, muchas veces compuesto por versiones de distintos directores, porque evidentemente es muy complicado poder dar en la diana en todas y cada una de estas obras, sin contar con la cantidad de recovecos que hay en cada una de ellas. Captar toda la riqueza de estas obras en una grabación es una empresa imposible, y quien sepa aportar matices nuevos puede hacerse un hueco en las recomendaciones.

El director letón Maris Jansons estaba prácticamente destinado a grabar estas obras en algún momento. Las dos orquestas de las que hoy es titular, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera y el Concertgebouw de Amsterdam, tienen un historial beethoveniano extraordinario del que ahora no es necesario hablar por extenso. Finalmente ha sido el sello BR Classic quien ha decidido grabar estas sinfonías en vivo, en conciertos celebrados en Múnich y en Japón frente a un público entusiasta, (con razón), dejándonos escuchar por primera vez la visión completa que Jansons tiene sobre las sinfonías beethovenianas.

El ciclo Beethoven de Jansons es, por así decir, el propio de un buen artesano. Jansons no pretende descubrir América. Lo que intenta hacer, y en muchos casos consigue, es hacer un Beethoven que concilie los hallazgos del historicismo con el sentido musical y la inteligencia. El Beethoven de Jansons no es integrista; el letón se preocupa por que la música fluya y tenga una dirección, un fraseo lógico y adecuado, cosa que no todos los historicistas hacen. Por supuesto, no es un Beethoven pesado, sino que tiene la fuerza rítmica que hoy se espera al interpretar las obras de este autor. Y por supuesto, la orquesta es excelente, con maderas muy presentes todo el rato. Sin embargo, como veremos, al no asumir determinados riesgos o tomar decisiones equivocadas, este ciclo tiene algunos altibajos.

Las dos primeras sinfonías conocen realizaciones muy camerísticas pero bien perfiladas. Los Allegros extremos se dibujan con precisión rítmica admirable, igual que los Scherzos de ambas sinfonías. Con todo, son los tiempos lentos los que lastran las interpretaciones. Muy en particular en el de la Primera, hay un sentido danzable demasiado pronunciado, que no parece especialmente procedente con el estilo beethoveniano. Buenas lecturas, por tanto, pero no referenciales por la presteza de los tiempos lentos.

La Heroica es uno de los grandes logros del ciclo de Jansons. Toda la obra está llevada sabiamente a un tempo atlético, incluida la marcha fúnebre. No hay aparato orquestal gratuito, pero el héroe aparece en todo momento como unt itán invencible y a pesar de todo la marcha fúnebre mantiene cierta grandeza. En su estilo, esta Heroica se va a convertir en una referencia para las generaciones venideras, igual que lo será la Cuarta, gracias a la pujanza rítmica de la interpretación en su conjunto.

El punto álgido del ciclo es probablemente la Quinta. Como ha sido ésta probablemente la sinfonía más deformada por años de interpretaciones demasiado infladas, (Karajan, por ejemplo), o demasiado integristas con la partitura, (Toscanini, Chailly), la vía de Jansons es especialmente agradecida. El primer movimiento no pierde pujanza, pero hay tiempo para frasear los temas líricos. Un Scherzo cuidadosamente planificado en las tensiones da paso a un Finale jubiloso pero no exagerado en su grandeza.

La Sexta, sin embargo, no convence tanto. El primer movimiento está lleno de animación, la animación propia de los niños cuando van de excursión con el colegio al campo. En el segundo movimiento, esa misma animación se infunde al arroyo, que no corre con la serenidad debida. La alegre reunión de campesinos mejora algo el nivel, con un Trío especialmente rústico y popular, y en la Tormenta Jansons se permite experimentar con los efectos especiales de manera muy inteligente. Pero en conjunto esta Sexta es, probablemente, la sinfonía menos lograda de la serie hasta ese momento.

Como era de esperar, Jansons infunde a la Séptima toda su pujanza rítmica. La introducción del primer movimiento está tomada con sencillez, y da paso a un Allegro electrizante, de fuerza extraordinaria. En el Allegretto, Jansons toma la indicación de tempo al pie de la letra y pierde por eso algo de profundidad por comparación con versiones en donde se toman tiempos más lentos. Los dos movimientos prosiguen con la atmósfera festiva del comienzo, coronando una Séptima si no referencial, sí muy interesante.

De las sinfonías clásicas, la Octava es la más conseguida; a destacar especialmente el segundo movimiento, en donde las bromas relacionadas con la invención del metrónomo están muy logradas. Pero el ciclo vuelve a caer algo en la Novena, que recibe una lectura convencional. El primer movimiento retiene el drama adecuado, pero el Scherzo se resiente de un Trío poco sereno y que enlaza con la recapitulación con poco misterio. Lo menos logrado sin embargo es el tercer movimiento, tomado con apreciable ligereza y un punto de superficialidad que no encaja con esta música admirable. Aunque el Finale suene realmente convencido y se beneficie de unos solistas y un coro admirables, no puede compensar lo que se ha escuchado en los dos movimientos anteriores.

Por consiguiente, este ciclo de Maris Jansons puede competir con algunos de los ciclos beethovenianos más recientes, pero no con todos. Jansons supera con creces a Riccardo Chailly (Decca), porque su Beethoven es mucho menos rígido que el del director italiano y respeta más la tradición. Con quien Jansons no puede competir es con Barenboim en su reciente ciclo de 2011 (Decca). El director argentino tiene una visión de las obras mucho más rica que la del letón, más sostenida por la tradición y más interesante cuando se trata de potenciar los aspectos más humanistas del de Bonn, versiones construidas con más sabiduría. Pero para encontrar referencias no hay que buscar en los ciclos modernos,sino en Otto Klemperer (Emi, 1960), Wilhelm Furtwängler o Willem Mengelberg (Andrómeda, 1940). Como el Beethoven de los dos últimos citados es mucho menos ortodoxo, quien aspire a conocer bien las obras debe probar primero con el de Klemperer.

Lo más  interesante del ciclo de Jansons, sin embargo, son los complementos.  En lugar de las clásicas oberturas, se incluye una selección de obras encargadas a compositores de distintas procedencias “inspiradas” en las sinfonías beethovenianas. La relación entre estas obras y sus respectivos modelos no siempre está clara, y por supuesto su calidad  es irregular, pero todas ellas tienen interés y para quien busque un ciclo beethoveniano alternativo, diferente, pueden darle el interés suficiente a esta caja como para adquirir el ciclo. Por lo demás, los aficionados generalistas podrían pensar en adquirir la edición en DVD, pero contando ccomo se cuenta con la grabación de Leonard Bernstein (D.G.), ésta sólo sería recomendable para quienes ya conozcan el ciclo del director norteamericano y busquen una perspepctiva distinta. No siendo éste el ciclo para conocer las obras, sí da algunas claves importantes para su descubrimiento, y en general es éste un Beethoven para la modernidad, reflejo de un mundo en el que todo cambia con rapidez.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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