«ROMÁNTICOS CLASICISTAS» CON DENIS KOZHUKHIN (PIANO) Y EUSKADIKO ORKESTRA EN BALUARTE

CLÁSICa Xabier Armendáriz

“Románticos clasicistas”

Miércoles, 15 de enero de 2025. Auditorio Baluarte de Pamplona. Denis Kozhukhin, piano. Euskadiko Orkestra. Alexandre Bloch, director. Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta número 1 en Re menor, Op. 15 (1859). Antonin Dvorák: Sinfonía número 6 en Re mayor, Op. 60, B. 112 (1881). Concierto inscrito en la Temporada de abono de la Euskadiko Orkestra 2024-2025.

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Durante la primera mitad del siglo XIX, la música instrumental estuvo marcada, en los países germanos, por dos compositores que, durante décadas, han recibido la etiqueta de “románticos clasicistas”. Contando con el precedente, entonces no muy conocido, de Franz Schubert, tanto Felix Mendelssohn como Robert Schumann mostraron obvias influencias del Romanticismo literario en sus obras y, además, desarrollaron el fenómeno de la canción de concierto en alemán y las piezas breves para piano. Pero al mismo tiempo, cuando afrontaron las grandes formas establecidas desde la segunda mitad del siglo XVIII, respetaron esencialmente la tradición, sin ampliar la instrumentación en las sinfonías y manteniendo sus duraciones en dimensiones generalmente moderadas. Con todo, Schumann y Mendelssohn no son los únicos autores a los que se podría aplicar este concepto, pues los dos autores implicados en el concierto que nos ocupa también responden plenamente a esta definición.

En efecto, la Euskadiko Orkestra iniciaba la sesión que nos ocupa con el Concierto para piano número 1 de Johannes Brahms, una obra que manifiesta como pocas la influencia beethoveniana del compositor hamburgués. Hablamos de una composición de amplias proporciones, marcada por un primer movimiento muy extenso que admite dos planteamientos básicos: una visión clasicista y enérgica (Fleischer/Szell, por ejemplo), o una visión más grandiosa y épica (Gilels/Jochum o Claudio Arrau en cualquiera de sus grabaciones).

El problema de la introducción orquestal de la interpretación que escuchamos en esta sesión fue que, al comienzo, no parecía claro qué enfoque se iba a imponer. Afortunadamente, Denis Kozhukhin sí tenía las ideas claras. Al pianista ruso le falta la profundidad de sonido en la región grave del teclado que asociamos con la escritura pianística de Brahms, pero no le falta intensidad sonora ni capacidad técnica. Ya en su primera intervención dejó claro que no pensaba recrearse en el rubato y que su visión de la obra es plenamente clásica.

El resto del acompañamiento que ofreció Alexandre Bloch siguió esa idea, sobre todo en un segundo movimiento de tempi muy fluidos y donde las maderas rindieron a gran nivel. Pero fue en el tercer movimiento donde todos se sintieron más cómodos, cerrando la interpretación con gran fuerza y empuje. Posteriormente, Kozhukhin ofreció dos propinas, la segunda de ellas la Arieta, primera de las Piezas líricas Op. 12 de Grieg. En la segunda parte, se escuchó la Sexta Sinfonía de Dvorák, una de las obras que lanzaron internacionalmente al autor bohemio y otro ejemplo de “romanticismo clasicista”.

La alargada influencia brahmsiana preside claramente esta composición, y Mikel Chamizo subraya muy acertadamente en sus notas al programa los guiños a la Segunda Sinfonía del hamburgués, dejando de lado las influencias más claramente folklóricas, sobre todo el ritmo de Furiante del Scherzo. Todo el conjunto orquestal rindió al máximo, y los mejores momentos se consiguieron en los dos movimientos centrales, sobre todo en el tiempo lento. En conjunto, fue un concierto bien planteado, donde se dio la oportunidad de observar la vertiente más clasicista de Brahms y Dvorák.

Autor entrada: xabier armendariz

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