LA ORQUESTA SINFÓNICA DE EUSKADI A “LO UNIVERSAL” EN BALUARTE

Lo universal

Jueves, 5 de diciembre de 2019. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Julian Bliss, clarinete. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Robert Treviño, director. Bela Bartok: Música para cuerdas, percusión y celesta, SZ 106, BB 114 (1937). Aaron Copland: Concierto para clarinete y orquesta (1950). Maurice Ravel: Espejos: Alborada del gracioso (versión orquestal de Maurice Ravel realizada en 1918), (1905). Rapsodia española (1908). Pavana para una infanta difunta (versión orquestal de Maurice Ravel realizada en 1910), (1899). Bolero (1928). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2019-2020.

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El primer movimiento de la Música para cuerdas, percusión y celesta de Bela Bartok es una obra de ingeniería musical, pero también el comienzo más turbador de la música del siglo XX. En un registro central, las cuerdas altas inician una fuga a partir de un tema especialmente tortuoso. Dicho tema se expande con sucesivas imitaciones, en registros más agudos o más graves, en un ascenso especialmente gradual.

Cuando se llega al clímax, escuchamos la dramática intervención de la percusión y entonces se inicia el proceso contrario. El tema inicial es sustituido por su inversión, (es decir, lo que se obtendría si lo leyéramos en un espejo), y todo vuelve a la calma, en un final que podríamos definir incluso como ensoñado.

Con esta obra se iniciaba la sesión que nos ocupa, perteneciente a la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi. Bela Bartok la compuso en 1937 para satisfacer un encargo de la Orquesta de Cámara de Basilea. Se trata de una obra emblemática, en la que aparecen todos los componentes del lenguaje bartokiano: su interés por los recursos contrapuntísticos, la simetría natural, la reinvención del folklore, etc.

Agotar las posibilidades interpretativas de la obra es prácticamente imposible y Robert Treviño presentó un mensaje universalista, prescindiendo de los componentes más hungarizantes y buscando su vertiente arquitectónica. La versión que ofreció la Sinfónica de Euskadi fue de más a menos, con un primer movimiento excepcional (con cuerdas muy poco vibradas), y unos movimientos pares carentes de fuerza rítmica. En cualquier caso, es muy importante que la Sinfónica de Euskadi presente en Pamplona este tipo de composiciones, fundamentales para entender el siglo XX.

La segunda parte del concierto ofrecía las cuatro obras de inspiración española de Maurice Ravel, que a su vez son sus composiciones orquestales más conocidas. En Alborada del gracioso (donde la relación con el piano de Albéniz es evidente), está más presente el espíritu festivo y algo chabacano, pero Treviño explotó esa vena en exceso.

La Rapsodia española fue lo mejor de la sesión; la obra tiene instantes verdaderamente mágicos en los movimienhtos impares, y Treviño lució especialmente a unos clarinetes de sonido especialmente sensual. La Pavana para una infanta difunta (en su versión original para piano, la primera obra importante de Ravel), se tomó con gran lentitud, lo que permitió a Treviño desplegar una amplia gama de colores pero también comprometió al trompa solista. Finalmente, en el celebérrimo Bolero (una pieza mucho más difícil de lo que parece), Treviño logró trazar bien la línea general del crescendo pero no mantuvo el tempo uniforme que se exige; los colores orquestales también podían haber sido mejor cuidados.

Entre medio, también se escuchó el Concierto para clarinete de Copland, una composición compuesta para el clarinetista de jazz Benny Goodman y que destaca por su primer movimiento, que muestra el lirismo más contenido del compositor. El lenguaje jazzístico se observa en el virtuosístico y brillante Finale. Julian Bliss, uno de los mejores clarinetistas del mundo, demostró su condición, con un acompañamiento orquestal impecable de Treviño y una Sinfónica de Euskadi en gran forma.

En conjunto, fue un concierto de diferentes sensaciones, donde tres compositores (Bartok, Copland y Ravel), utilizan diferentes lenguajes folklóricos y populares para ir más allá y buscar lo universal. Treviño y la OSE siguen ofreciendo en su viaje metas muy interesantes.

Autor entrada: xabier armendariz

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