LA SINFÓNICA DE EUSKADI “LO DESCONOCIDO” EN BALUARTE

MÚSICA CLÁSICA Xabier Armendáriz

Lo desconocido

Más allá de las propuestas de signo pedagógico, en algunos países es habitual que determinadas orquestas planteen formatos de concierto poco habituales. Así, agrupaciones como la New World Symphony organizan todos los años espectáculos diferentes, destinados a potenciar la experiencia musical de diversos públicos, como espectadores inhabituales, jóvenes o abonados veteranos. Estos planteamientos no han progresado en España, pero algunas orquestas ofrecen ocasionalmente formatos de concierto que escapan de lo convencional.

Precisamente esto último ha querido hacer la Orquesta Sinfónica de Euskadi en esta sesión inaugural de su temporada de abono 2019-2020 en Pamplona. Se trataba de ofrecer un concierto en el que el público no conociera las obras en programa hasta el final. Es una propuesta muy atractiva, pero hace falta encontrar el mix de obras y el formato adecuado.

El comienzo del concierto fue sorprendente. Sólo había salido la percusión, que inició la obra en solitario, mientras el director Robert Treviño realizaba una espectacular salida a escena. Después de escuchar varias fanfarrias fuera de escena, poco a poco entraron más instrumentistas conforme iban interviniendo, saliendo de diferentes lugares, incluso de entre el público. La obra en sí tenía ese melodismo característico de cierta música inglesa del siglo XX, pero con un tono algo informal; parecía una obra de William Walton. En realidad, era la Promenade Overture del compositor estadounidense John Corigliano (n. 1938). El éxito de público fue evidente.

Salió el director de la escena y, aparentemente, la orquesta empezó a afinar, pero entonces surgieron unos agresivos metales con fragmentos de una obra que no reconocemos. Una y otra vez, la orquesta intentaba afinar, pero aparecían elementos extraños: un capricho de Paganini por allí, un fragmento de la Séptima Sinfonía de Beethoven por allá… Parecía una parodia de lo que puede escucharse antes del comienzo de un ensayo de orquesta; de hecho, el concertino intervenía cuando se traspasaban ciertos límites. En realidad, se trataba de Tuning up, una composición de Edgard Varése. Siguió una obra a base de palmadas interpretada por la percusión; una obra simpática basada en ritmos repetidos, cuya interpretación tenía mucho mérito y que recibió fuertes aplausos. Era Clapping music de Steve Reich, un clásico del minimalismo de los años setenta.

Seguía la única composición del concierto cuya identidad se conocía de antemano: la obra de Mikel Chamizo que iniciaba el Proyecto Elcano, la serie de obras encargadas a compositores vascos y navarros para conmemorar el quinto centenario de la vuelta al mundo de Juan Sebastián Elcano. Era una obra ambiciosa para coro y orquesta, iniciada con una solemne Salve y que poco a poco se volvía más dramática, conforme un recitador anunciaba las provisiones que llevaba la expedición. Era música de tensión poderosa, de compleja escritura coral y que empezaba a plantear dificultades para los oyentes. Pero entonces salió la soprano y la magnitud del reto para el público creció. Comenzó una obra larga, sobre un truculento texto en alemán, cargada de histeria y de tensión dramática. Apenas había contraste con lo anterior y el resultado se hizo pesado para buena parte del público. La composición en cuestión, que era Erwartung de Schönberg, es una obra fundamental de la música del siglo XX, de conocimiento indispensable para cualquier aficionado, pero este no era su contexto, aunque la soprano Mojca Erdmann era ideal para la obra y Robert Treviño domina especialmente este repertorio. En fin, En el mar de Jose María Usandizaga que cerró la sesión, sirvió para mitigar las tensiones.

En conjunto, fue un concierto interesante por la novedad de la propuesta, pero creemos que la Sinfónica de Euskadi no supo encontrar la fórmula adecuada para hacer funcionar el final de la sesión. Es el riesgo que tienen estos viajes hacia lo desconocido…

Autor entrada: xabier armendariz

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