Gala Final SarasateLive 2015 04/07/2015

Fin de fiesta

 

La semana del SarasateLive ha llegado a su fin. Ha sido una semana muy intensa, plagada de conciertos, conferencias, cursos, ensayos abiertos, etc. Fue un conjunto de actos amplio que tuvo su final con la gala que nos ocupa, un acto largo (alcanzó las cuatro horas de duración) que mantuvo el interés del público y que concluyó con la entrega de premios del Concurso Internacional de Violín Pablo Sarasate. Pero antes de eso, hubo algunos atractivos importantes.

Se abrió la sesión con un interesante documental en torno a la figura de Pablo Sarasate, en el que parte de la música fue interpretada en directo por la Orquesta Sinfónica de Navarra. El audiovisual, muy bien preparado, contaba con la participación de María Nagore, Joseph Gold, Antoni Wit, Ana María Balderrama, etc., sin olvidar el testimonio de Javier Trías de Mena, sobrino-nieto del homenajeado. El documental fue recibido con éxito y habría merecido un espacio propio en un día distinto del concurso. A la postre, los demás acontecimientos incluidos en la gala terminaron por restar a Joaquín Calderón y su equipo un protagonismo que sin duda merecían; en su lugar, habría sido más deseable permitir que los concursantes tocaran el concierto completo en la final y no sólo un primer movimiento.

Mientras el jurado deliberaba y debatía la concesión de los premios, se presentó en sociedad la BlackBinder, una aplicación que permite a los músicos seguir una partitura en tiempo real mientras tocan a través de sus tabletas electrónicas, sin ocuparse de cambios de página u otras circunstancias. Se interpretó a tal efecto la Sinfonía número 40 de Mozart, una obra bien conocida del público pero que no habría estado de más anunciar oralmente a los no iniciados. Antoni Wit la interpretó con mano maestra, ocupándose con acierto de construir la arquitectura de la obra sin prisa pero sin pausa y no restando serenidad al segundo movimiento ni dramatismo a los restantes. Por otra parte, ya fuera por mérito de Wit o por haberse eliminado parte de la barrera que suponen los atriles, pareció que las partes de los instrumentos de madera tomaban más protagonismo de lo habitual.

Por lo que respecta a la final del Concurso Internacional de Violín, la decisión del jurado no era sencilla; en conjunto, dio la impresión de que la riqueza de planteamientos musicales de los concursantes primó sobre la prestación concreta en la final.

En conjunto, Angela wee realizó una actuación bastante regular. Su interpretación del primer movimiento del Concierto de Brahms resultó técnicamente muy segura y de gran belleza. El planteamiento fue sobrio, muy en línea con lo que la concursante había estado ofreciendo en el resto del concurso. Después, la interpretación de la Fantasía sobre temas de Carmen de Bizet resultó ajustada a estilo, aunque también fue en general bastante convencional.

Robert Lakatos no ofreció su mejor actuación en la final. En la introducción del Capricho vasco de Sarasate, ni él ni Antoni Wit supieron reproducir el ritmo de zortziko que debería ser evidente desde el primer compás. Entre violinista y orquesta hubo discrepancias a este respecto y el resto de la obra perdió interés. Sin embargo, el concursante serbio supo recomponerse. En el grueso del primer movimiento del Concierto para violín de Brahms, Lakatos no ofreció grandes novedades respecto a lo escuchado a Angela Wee; en última instancia, Antoni Wit fue el que construyó ambas interpretaciones. Pero al llegar la cadencia, los silencios adquirieron mayor intención y peso dramático en manos del serbio, que dotó de mayor vida a este complicado pasaje. Posiblemente Robert Lakatos no fue manifiestamente superior en la final si se consideran todos los elementos, pero su regularidad en todo el concurso y su mayor riqueza y originalidad interpretativa le han llevado a la victoria. Ignoramos si Lakatos lo celebró en la Plaza de Baluarte, donde podía escucharse el trabajo de un DJ que interpretaba música prácticamente para sí mismo, ya que el público que vio la final en la retransmisión de la pantalla gigante allí colocada debió de ser ahuyentado por la lluvia que había caído minutos antes.

En conjunto, fue un digno fin de fiesta para una competición que ha permitido poner nuevamente en consideración la figura de Pablo Sarasate. Confiemos en que esta iniciativa prospere y (¿por qué no?) no tardemos en ver un GayarreLive. El tenor del Roncal también lo merece, sin duda.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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