Pärt Schumann Bach Hindemith Elisabeth Leonskaja Andrei Boreiko 27/05/2015

El buen gusto

 

Martes, 27 de Mayo de 2015. Auditorio y Palacio de Congresos Baluarte de Pamplona. Elisabeth Leonskaja, piano. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Andrei Boreiko, director. Arvo Pärt: Fratres, (1977). Robert Schumann: Concierto para piano y orquesta en La menor, Op. 54, (1845). Johann Sebastian Bach: Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, (versión para orquesta arreglada por Granville Bantock), (1747). Paul Hindemith: Sinfonía Matías el pintor, (1934). Concierto inscrito en la temporada de abono de la Orquesta Sinfónica de Euskadi 2014-2015.

 

Los intérpretes “históricamente informados” están acostumbrados a consultar todo tipo de fuentes en busca de conclusiones fidedignas sobre los repertorios que estudian. Una de las fuentes a las que acuden son los tratados teóricos, en los que compositores o intérpretes ilustres explican algunos detalles sobre la interpretación de las obras (ejecución de los adornos, temperamento, carácter general, etc.). Sin embargo, con frecuencia el lenguaje de esos tratados es muy general, y una de las expresiones que aparecen con más frecuencia es que todo debe realizarse siguiendo los cánones del “buen gusto”. Como es natural, eso puede (y debe) traducirse de muchas maneras distintas según los repertorios, pero el hecho es que cuando no prima el buen gusto en una interpretación, los resultados son invariablemente mediocres. Por fortuna, no fue éste el caso en el concierto que nos ocupa.

La primera obra del programa era Fratres, una composición muy ilustrativa del estilo de Arvo Pärt, autor conocido por su gusto por el misticismo y las armonías extáticas, celestiales. Para traducir esto en sonidos, se necesita un director de gran sensibilidad, y Andrei Boreiko demostró tenerla. Afrontó la obra sin prisas y contando con unos instrumentistas de cuerda de la Sinfónica de Euskadi en muy buen estado de forma. El resultado alcanzó un nivel magnífico.

La pianista rusa Elisabeth Leonskaja ha demostrado muchas veces poseer esa cualidad que aquí describimos como “buen gusto”, y esta ocasión no fue una excepción. En el primer movimiento del Concierto de Schumann ofreció un auténtico recital sobre cómo debe interpretarse esta música: extraordinario manejo del rubato, uso muy controlado de los contrastes, sentido camerístico para acompañar a los solistas de la orquesta (que aprovecharon la ocasión con mucho acierto) y sobriedad en el fraseo. Los dos últimos movimientos no alcanzaron un nivel tan colosal y en el tercero se perdieron algunos detalles rítmicos importantes, pero sólo por la interpretación del primer movimiento se demostró la gran categoría de la intérprete. Andrei Boreiko tomó el camino contrario y, después de un primer movimiento algo apagado, acompañó con diligencia en los dos siguientes, aunque sin demostrar tanta afinidad con Schumann como Leonskaja. De propina, una interpretación extraordinaria del Impromptu D. 899 número 3 de Schubert, una especialidad de la casa servida con exquisita atención al detalle; los adjetivos se nos quedan cortos.

La orquestación que Granville Bantock realizó del Coral BWV 645 de Bach, un ejercicio demostrativo de oficio indudable, no es la más sutil que se ha escuchado y posiblemente la falta de ensayos hizo que esa tosquedad se notara en mayor medida. Con todo, su inclusión estaba plenamente justificada como preludio a la Sinfonía Matías el pintor de Hindemith, una obra donde los corales luteranos tienen gran protagonismo. Boreiko realizó aquí una interpretación muy sobria, donde hubo dramatismo, lirismo de la mejor ley y grandeza en combinación muy bien medida. Quedó claro que Boreiko sintoniza bien con la música de este autor alemán tantas veces incomprendido.

Fue un concierto presidido por el “buen gusto”, algo que, como vemos, se puede presentar de muy diferentes maneras. El público supo apreciarlo y aunque el éxito de la obra de Hindemith fue menor, dada la hora algo tardía, aplaudió con largueza a los artistas.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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