Día Europeo de la Música Antigua Museo de Navarra 21/03/2015

Arqueología musical

 

Sábado, 21 de Marzo de 2015. Museo de Navarra. Ensemble de Chirimías Miguel de Arrózpide (Ricardo Oficialdegui, chirimía; Jose Luis Fraile, chirimía y bajón alto; Martín Ariztimuño, bombarda alto; Elena Fraile, bajón alto y percusión; Pello Berasategi, bajón tenor; Mikel Fraile, bajón). Ensemble Secretum (Renata Fusco, canto; Íñigo Casalí, flautas renacentistas y canto; Sergio Barcellona, violas da gamba, lira, viol y viola medieval; Laura Álvarez, viola da gamba; Paulino García, vihuela y laúd medieval; Sorkunde Idígoras, viola da gamba; Maurizio Piantelli, archilaúd; Daniel Garay, percusión). Obras anónimas de los siglos XIV y XVI y de Michael Praetorius, Nicolo Piccinini, Johann Hermann Schein, Pedro Guerrero, Diego Ortiz, Juan Vásquez, Anthony Holborne y Adrian Willaert. Concierto inscrito en los actos de conmemoración del Día Europeo de la Música Antigua preparados por el Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra.

 

La recuperación de la música antigua no deja de ser, en cierta medida, una suerte de trabajo arqueológico. Los restos que nos han llegado de las músicas de siglos pretéritos son, muchas veces, de interpretación compleja. La razón es muy simple: quienes practicaban la música en épocas pasadas, (pongamos en el siglo XVI, por ejemplo), posiblemente no sospechaban que más de quinientos años después alguien se esforzaría por interpretar de nuevo aquellas obras, y plasmaron en el papel sólo las indicaciones que ellos consideraban estrictamente necesarias para su propia lectura inmediata. Además, los instrumentos de la época que nos han llegado son escasos, y si se quieren conservar los criterios interpretativos “originales”, han de ser reconstruidos a través de reproducciones, muchas veces basadas en fuentes iconográficas, como iluminaciones de documentos antiguos o, simplemente, representaciones pictóricas o escultóricas. Como los tratados teóricos suelen adoptar además un lenguaje algo oscuro y muy generalista, muchas veces los testimonios de la época no hacen sino añadir confusión. Por tanto, toda reconstrucción que hoy podamos hacer de la música del pasado es, por necesidad, limitada y a lo sumo aproximada.

La actividad propuesta por la Dirección de Cultura del Gobierno de Navarra para celebrar el Día Europeo de la Música Antigua era, de entrada, muy interesante. Se abría con una visita guiada al Museo de Navarra, centrada en tres obras del Museo que incluyen reproducciones de instrumentos musicales. Las obras databan de un período histórico que cubría los siglos XIV, XVI y XVII, y las explicaciones eran acompañadas por música contemporánea a los cuadros interpretada por los miembros del Ensemble Secretum. De esta manera, el público tuvo la oportunidad de conocer, al menos en parte, la manera en que trabajan los estudiosos de la música medieval y renacentista para recrear el sonido de los instrumentos de la época.

El acto central de la tarde, sin embargo, era el concierto del Ensemble Secretum, realizado junto con el Ensemble de Chirimías Miguel de Arrózpide. Fue realmente una decisión sabia mezclar dos conjuntos tan diversos, porque la propia conformación instrumental pudo tener su reflejo en repertorios completamente diferentes. El ensemble de chirimías, una familia instrumental emparentada con la del oboe y el fagot modernos y de sonido nasal y potente, fue reservado sobre todo para las músicas de danza, y ofreció interpretaciones briosas de las obras de Schein y Praetorius desde el coro de la Capilla del Museo de Navarra. El Ensemble Secretum, formado sobre todo por instrumentos de cuerda de volumen mucho más reducido, ofreció una selección de música renacentista, tanto vocal profana como instrumental, tomada de fuentes españolas, italianas e inglesas. Fragmentos de cancioneros y diferencias sobre bajos de danza se alternaron, en interpretaciones de gran intimismo. Destacó la prestación vocal de Renata Fusco e Íñigo Casalí, que supieron cantar con gran expresividad las canciones encomendadas a ellos. El “¡Ay, luna que reluces!”, una canción anónima recogida en el Cancionero del Duque de Calabria y que adquirió considerable difusión en el siglo XVI, fue el momento más conseguido de un concierto que convenció por completo.

En conjunto, fue una magnífica forma de acercar al público a una realidad que no sólo no conocemos, sino que tampoco podemos reconstruir en todos sus detalles con absoluta certeza; precisamente por eso resulta apasionante. Es el acercamiento a la trastienda, a la arqueología musical que supone el mundo de la música antigua.

 

 

Autor entrada: Xabier Armendariz

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