Valoración del Usuario: 0 / 5

estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
 
COMPARTIR

Retrospectiva de un maestro (I)

 

De un tiempo a esta parte, las colecciones de grabaciones de grandes directores han hecho fortuna. Emi inició el camino con su edición por entregas de algunas de las principales grabaciones de Otto Klemperer, una labor continuada después por Warner cuando la firma británica fue absorbida. Deutsche Grammophon ha fragmentado en cuatro amplios cofres el legado de Herbert von Karajan, y el dos las grabaciones que posee de Leonard Bernstein. Sony no se ha quedado atrás, y ha editado también por capítulos sus grabaciones bernsteinianas, aunque en su caso parece que quedan algunas cosas importantes por salir. También la Sony ha publicado un lanzamiento con las grabaciones en estéreo de Jascha Heifetz, cuando todavía un cofre con las grabaciones integrales de este violinista de origen ruso está circulando en el mercado.

Ahora el sello Swr Musik, recién creado a partir de la marca Hänsler, ha iniciado una serie que promete a los aficionados momentos de extraordinario interés. El protagonista de la misma es Michael Gielen, un ilustre director austríaco nacido en 1927 y que desarrolló una temprana carrera como pianista repetidor en Buenos Aires y Viena antes de subirse al podio de la Ópera de Francfurt, la Orquesta Nacional de Bélgica, la Orquesta Sinfónica de Cincinatti y, sobre todo, la Orquesta Sinfónica de la Swr de Baden Baden y Friburgo, conjunto con el que se asocia principalmente a nuestro protagonista.

Michael Gielen se dio a conocer en el panorama musical bonaerense presentando en concierto la obra completa para piano de Arnold Schönberg en 1949, (una extraordinaria proeza, dado que el compositor austríaco aún vivía), y luego fue un importante defensor de la música contemporánea, incluyendo obras de Bernd Aloys Zimermann, György Ligeti, Karlheinz Stockhausen, etc. También el propio Gielen ha compuesto algunas obras siguiendo los dictados de la Segunda Escuela de Viena. Pero no menos que por sus interpretaciones de música actual, Gielen es conocido por sus recreaciones de obras del pasado, en particular por sus ciclos sinfónicos de Beethoven y Mahler. El ciclo Beethoven fue y sigue siendo una referencia fundamental para quienes creen que los metrónomos indicados por Beethoven en 1816, en general de gran rapidez, deberían tener rango de ley orgánica. El caso del ciclo mahleriano siempre ha sido menos controvertido, pero la perspectiva que Gielen adopta es, naturalmente, la que produce el conocimiento de la obra de Schönberg y Alban Berg.

La serie que propone el sello Swr Musik se compone, según se dice, de diez cajas de discos que irán saliendo paulatinamente entre este año y el próximo, como celebración del nonagésimo aniversario del nacimiento de Gielen. Los dos primeros lanzamientos han salido ya al mercado. El primero de ellos recoge un batiburrillo de interpretaciones de autores que vivieron entre Bach y Schubert; posiblemente nos hagamos cargo de él en otro momento. Pero por empezar por algún fragmento más significativo del legado Gielen, comentaremos aquí el segundo lanzamiento, que incluye un ciclo de sinfonías numeradas de Bruckner, extendido entre finales de los sesenta (Segunda Sinfonía), y 2013 (Novena).

Hemos de apuntar tres cuestiones antes de continuar nuestro comentario. Primera: como el rango de épocas de grabación es tan amplio, el estilo directorial cambia mucho entre las obras y, por consiguiente, también lo hace la calidad interpretativa. Segunda: casi todas las grabaciones de este ciclo fueron tomadas con la Orquesta Sinfónica de la Swr de Baden Baden y Friburgo, lo que habla muy claramente de la estrechísima relación de Gielen con el conjunto. Tercera: en algunas ocasiones, Gielen elige versiones sorprendentes de las sinfonías, algo que sin duda condicionará mucho la elección y las posibilidades de venta de este ciclo que, anticipamos desde ahora, no es recomendable para todos los públicos aunque sí tiene interpretaciones de gran interés.

Comentamos ahora cada una de las versiones de Gielen, haciendo breves menciones al panorama textual de cada sinfonía, un aspecto especialmente controvertido en el caso de Bruckner y de gran importancia en este ciclo.

 

Sinfonía número 1

 

La Sinfonía número 1 de Bruckner existe al menos en dos versiones debidas al propio compositor, realizadas en 1866 y 1891 y conocidas como versiones de Linz y de Viena, respectivamente. Sin embargo, la realidad editorial de la obra es más compleja. William Carragan editó en 1998 la versión original de la obra, sin ninguna revisión; sólo Georg Tintner y Gerd Schaller han grabado el resultado de esta edición (Naxos y Profil, 1998 y 2011, respectivamente). El editor austríaco Leopold Nowak había editado en 1953 esta versión de Linz con algunas revisiones posteriores, en lo que ha sido una opción bastante popular entre los directores, elegida por Claudio Abbado en sus años juveniles, Daniel Barenboim, Herbert Blomstedt, Markus Bosch, Eugen Jochum, Herbert von Karajan y Marek Janowski, entre otros. Una versión similar había sido preparada por Robert Haas en 1935, aunque ésta ha tenido menos fortuna entre los directores; fue la que usaron Volkmar Andreae, Takashi Ashahina, Bernard Haitink, Kurt Masur y Sir Georg Solti, entre otros. Por lo que respecta a la versión de Viena, ésta fue editada por Gunther Brösche en 1980, y muy pocos directores se han unido a esta opción, incluyendo a Claudio Abbado en su época más reciente, Riccardo Chailly y Gunther Wand; Michael Gielen, en la versión que nos ocupa, utiliza esta edición moderna de la revisión de 1891. Por último, también existe la primera edición de esta versión de 1891, supervisada por Kyril Hynais y, por consiguiente, con modificaciones de este discípulo de Bruckner, una versión hoy considerada de autenticidad dudosa (aunque no descartable completamente) que sólo se encuentra en grabaciones históricas que, eso sí, siguen siendo muy importantes; es el caso del registro de Charles Adler.

El hecho es que la interpretación de Michael Gielen no termina de levantar el vuelo. Por una parte, es verdad que es una versión muy pedagógica, en el sentido de que muestra muy claramente hasta qué punto la orquestación, algo inflada, está influida por las sinfonías que había escrito el austríaco en 1891. Pero precisamente por eso a la versión le falta vida, empuje, en definitiva lo que consiguen otros importantes directores, aunque es verdad que la mayoría de ellos usan la versión de Linz. Lo más interesante, sin embargo, es el segundo movimiento, donde Gielen destapa el tarro de las esencias y muestra la crudeza de la escritura y de las disonancias. En conjunto, es una versión interesante, pero le falta frescura para poder considerarla entre las mejores, incluso dentro de las grabadas en sonido estéreo.

 

Sinfonía número 2

 

El panorama de versiones que presenta la Segunda Sinfonía es casi tan complicado como el de la precedente. La versión primitiva de la obra fue editada por William Carragan en 2005, y han sido pocos los directores que la han grabado, entre ellos Herbert Blomstedt, Markus Bosch, Riccardo Chailly en los últimos años, Georg Tintner y Simone Young. Pero Bruckner revisó la obra en 1877, y de esta versión existen dos ediciones. La edición de Leopold Nowak, que salió al público en 1965, ha sido hasta hoy la versión más popular entre los directores, contando con el favor de Edo de Waart, Carlo Maria Giulini, Eliahu Inbal, Eugen Jochum, Herbert von Karajan, Lorin Maazel y Sir Georg Solti, entre otros. William Carragan editó esta misma versión, pero eliminando algunos rasgos de la versión de Robert Haas y consiguiendo un texto musical que, al entender del musicólogo estadounidense, responde mejor a la situación de esta sinfonía en ese año; a esta versión se han adherido algunos directores de hoy, como son Daniel Barenboim y Marek Janowski. La edición de Robert Haas, que mezcla aspectos de la versión primitiva con algunas revisiones posteriores y salió al público en 1938, ha contado con el favor de un menor número de directores, pero en general éstos son más ilustres: Volkmar Andreae, Takashi Ashahina, Bernard Haitink, Rudolf Kempe, Kurt Masur, Hans Rosbaud y Gunther Wand. Michael Gielen también usó esta edición de Haas cuando realizó esta grabación en 1968, aunque cabe la posibilidad de que si hubiese realizado la grabación años más tarde, hubiese cambiado de opinión. Por último, existe la edición original de la obra, publicada por Doblinger en 1892. Esta edición nuevamente es de autenticidad dudosa aunque no descartable, pero a falta de grabaciones de Charles Adler o de otros brucknerianos de primera época, ha tenido como único defensor relevante a Hermann Scherchen.

Esta interpretación de la Segunda Sinfonía, como decíamos la grabación más antigua de este ciclo, es una versión bien trazada y muy comunicativa, pero seguramente le falta algo de profundidad. Los tempi son bastante vivos, mucho más que en la sinfonía precedente, y en toda la interpretación planea un cierto aire clásico, sobre todo en los movimientos extremos, seguramente los más conseguidos. Pero particularmente al Andante le falta un cierto grado de solemnidad, de misterio, que realce las citas de la Misa número 3 y otros momentos de gran lirismo. Compárese esta interpretación con lo que hacía Bernard Haitink con la Orquesta del Concertgebouw por esta época, y se encontrará la dimensión real de una interpretación que, siendo una buena contribución para conocer la obra, resulta en muchos aspectos bastante parcial.

 

Sinfonía número 3

 

La Tercera Sinfonía nos ha llegado en tres versiones procedentes de mano de Bruckner: 1874, 1878 y 1889. La versión de 1874 fue la que el compositor austríaco presentó a Richard Wagner, que aceptó la dedicatoria de la obra; esta versión mantiene la estructura general de las otras dos, pero es sustancialmente más larga e incluye un rossario de citas wagnerianas que posteriormente fueron eliminadas. Los defensores de esta versión han sido sobre todo los que siempre han preferido las versiones primitivas, pero directores como Herbert Blomstedt o Jonathan Nott también la han grabado. La versión de 1878 existe en dos ediciones, firmadas por Fritz Oesser en 1950 y por Leopold Nowak en 1981; la principal diferencia entre ambas es que Nowak añade la Coda del Scherzo, que fue posteriormente cortada por Bruckner. Sinceramente, no es un añadido importante, y la edición Oesser es perfectamente válida de por sí. La versión de Fritz Oesser es la que han preferido directores como Daniel Barenboim, Rafael Kubelik y Sir Georg Solti, mientras que la edición de Leopold Nowak es la que han venido usando Nikolaus Harnoncourt, Giuseppe Sinopoli o Bernard Haitink en los últimos años; es el caso también de Michael Gielen.

La versión de 1889 fue editada como tal por Leopold Nowak, y es la más popular entre los directores de ayer y de hoy, porque cuenta con el favor de figuras como Eugen Jochum, Sergiu Celibidache, Herbert von Karajan o Gunther Wand. Finalmente, la primera edición de la obra, publicada por Theodor Rättig en 1890, abrevia aún más la versión de 1889 y reorquesta algunos pasajes. Aunque un amplio sector de la crítica la ha rehabilitado en los últimos años, tradicionalmente ha sido considerada como espuria y por eso aparece casi exclusivamente en grabaciones históricas, eso sí muy importantes y logradas, de directores como Hans Knappertsbusch o Charles Adler. A nuestro juicio, las versiones de Knappertsbusch son claramente las de referencia para esta versión.

Michael Gielen realiza en este ciclo un acercamiento muy interesante a la versión de 1878 de la obra. Los tempi son en general ligeros, pero al contrario que en la sinfonía precedente, no hay asomo de precipitación, aunque sí una cierta lejanía “clásica”. Por tanto, no estamos ante una versión especialmente poética o libre en el tratamiento del tempo, y tal vez es esa relativa falta de espontaneidad la que hace que sigamos prefiriendo interpretaciones como las de Barenboim, Kubelik, Haitink, etc., por ceñirnos a quienes han utilizado la versión de 1878 en sus ciclos, ya fuese en versión Oesser o Nowak. De todas formas, es éste el primer logro importante del ciclo de Gielen.

 

Sinfonía número 4

 

En lo que respecta a las versiones, la Cuarta Sinfonía también puede resultar problemática, pero siendo algo reduccionistas podríamos limitarnos a dos versiones de la obra: 1874 y 1880. En la versión de 1874, editada por Leopold Nowak en 1975, puede reconocerse ya el esqueleto formal de los dos primeros movimientos de la versión definitiva, pero las dos secuencias últimas son totalmente distintas a las que habitualmente se escuchan. Esta versión la han grabado los incondicionales de las versiones primitivas de las sinfonías brucknerianas, pero otros directores habitualmente militantes en este campo han preferido otras versiones, como Georg Tintner, que se decantó por la versión de 1880. Sorprendentemente, Michael Gielen optó por grabar en 1994 la versión primitiva de la obra, una decisión que desde luego no beneficia a este ciclo como recomendación para un público general.

La versión de 1880 tiene dos variantes, editadas por Robert Haas y por Leopold Nowak; este último aceptó varios cambios menores realizados por Bruckner para una interpretación neoyorquina en 1887 que apenas pueden distinguirse en la audición. La edición de Haas ha sido utilizada por directores como Takashi Ashahina, Daniel Barenboim, Herbert von Karajan y Bruno Walter, además del mencionado Tintner, pero la edición de la versión de 1880 por Leopold Nowak ha sido sin duda la elección más popular, contando con el favor de Claudio Abbado, Karl Böhm, Otto Klemperer y Philipe Herreweghe, además de los defensores habituales de las ediciones de Nowak. Por último, la obra se editó en 1889 con algunos cortes y multitud de cambios en la orquestación, versión que durante mucho tiempo se consideró espuria pero que insistió en defender un intérprete como Wilhelm Furtwängler que, por lo demás, solía ceñirse a las ediciones de Robert Haas. La musicología bruckneriana actual tiende a pensar que algunos de los cambios introducidos para la primera edición contaron con la autorización de Bruckner y, por eso, el estudioso estadounidense Benjamin Korstvedt lanzó hace algunos años una edición de acuerdo con estas premisas, que ha sido grabada por Osmo Vänskä y Franz Welser-Möst.

Como decimos, Michael Gielen optó en 1994 por interpretar la obra en su versión primitiva. Como tal, la interpretación es pujante y tiene momentos de indudable interés. Seguramente lo mejor es el segundo movimiento, que avanza con extraordinaria fluidez, sin el menor asomo de pesantez. Es ésta la principal virtud de una interpretación que, por lo demás, tiene dos aspectos en contra. Por una parte, el tempo del Scherzo es quizá demasiado ligero e impide oír una serie de detalles de orquestación interesantes. Por otra, los silencios se hacen ocasionalmente desproporcionados en relación al tempo general, y se crean tensiones innecesarias. Por lo demás, es una alternativa muy válida para acercarse a esta versión de la obra.

 

Sinfonía número 5

 

Con la Quinta Sinfonía, se aclara considerablemente el número de versiones posibles, puesto que Bruckner la concluyó en 1877 y nunca fue revisada por él. Así pues, los directores de hoy pueden escoger entre las ediciones de Leopold Nowak y de Robert Haas de la partitura, que apenas contienen variantes entre sí. La edición de Robert Haas fue la que siempre utilizó Wilhelm Furtwängler, y han seguido su ejemplo Herbert von Karajan, Bernard Haitink o Gunther Wand; como siempre, Eugen Jochum capitanea otro grupo de ilustres directores, entre los que se cuenta Gielen, que se han decantado por la edición Nowak. En todo caso, ambas publicaciones cuentan aproximadamente con el mismo número de adeptos. También existe la primera edición de la obra debida a Franz y Josef Schalk, pero ésta incluye cortes muy amplios sobre todo en el Finale (aunque también en otros movimientos), y una cantidad extrema de cambios en la orquestación, que a todas luces no son auténticos. De las grabaciones que siguen esta primera edición de la obra, sólo las versiones de Hans Knappertsbusch merecen mayor atención.

Después de escuchar los primeros compases de la obra a Michael Gielen, podría parecer que estamos ante una interpretación excepcional. En efecto, la introducción es solemne, majestuosa, grandiosa. Pero el nivel no se mantiene. Consciente de que la principal dificultad de la obra es otorgarle la cohesión necesaria, Gielen se afana por intentar darle sentido estableciendo relaciones prácticamente proporcionales de tempo entre las diferentes secciones. El resultado suena muy calculado; falta espontaneidad y libertad de fraseo, especialmente en algunos momentos del segundo tiempo y del Finale. Eso sí, quienes escuchen esta interpretación encontrarán muchos momentos interesantes, por la manera en que Gielen explica la arquitectura de la obra y la orquestación bruckneriana. En resumen, una versión discutible y algo distante, sólo apta para quienes ya conozcan muy bien la obra y quieran investigar más a fondo en ella.

 

Sinfonía número 6

 

Igual que ocurría en la sinfonía precedente, Bruckner sólo nos ha legado una versión de la Sexta Sinfonía, como es la que él mismo preparó en 1881. De esta versión existen dos ediciones, realizadas por Robert Haas y Leopold Nowak, pero las diferencias entre ellas son insignificantes. También existe la primera edición de la obra, publicada por Kyril Hynais, pero esta versión fue fuertemente reorquestada y cortada sin misericordia ninguna, razón por la cual hoy no se considera auténtica y nunca ha contado para los directores de orquesta; sólo Charles Adler optó en su día por grabar esta versión, y en nuestro tiempo sólo Akira Naito ha vuelto a recuperarla.

Con esta sinfonía, llegamos a la segunda cima del ciclo de Michael Gielen. El director alemán ofrece una interpretación muy bien construida, muy cuidada y de gran lirismo de la obra, sin dejarse perder por los cambios de compás en el primer movimiento ni por la aparente dispersión del conjunto. Lo mejor es sin duda el segundo movimiento, que efectivamente tiene esa solemnidad que se echa de menos tantas veces en este pasaje. Falta seguramente una profundización algo mayor, una mayor solemnidad también en otros pasajes de la obra que lo demandan. Pero al menos el conjunto está bien entendido y tras escuchar la obra nos quedamos con la sensación de una interpretación redonda y bien medida, algo poco habitual con esta obra en los ciclos brucknerianos.

 

Sinfonía número 7

 

La Séptima Sinfonía nos ha llegado en una única versión de manos de Bruckner, pero la primera edición impresa de la partitura incluyó muchas indicaciones añadidas de dinámica y tempo, además de algunas pequeñas alteraciones orquestales sobre el manuscrito original, seguramente autorizadas por Bruckner. De ellas, la más notoria es el famoso golpe de platillo acompañado de redoble de timbal del clímax del segundo movimiento. Robert Haas editó en su momento la versión del manuscrito y Leopold Nowak prefirió hacer lo propio con la edición impresa, aunque distinguió entre paréntesis las indicaciones de tempo, dinámica, etc. Añadidas de la edición impresa para diferenciarlas de las existentes en el manuscrito. A la hora de la verdad, es difícil determinar qué edición sigue cada director en esta obra. Incluso intérpretes como Herbert von Karajan, que afirman seguir la edición de Robert Haas, incluyen en sus grabaciones el golpe de platillo comentado que, como decimos, no está en el manuscrito y por tanto no fue incluido en la edición del musicólogo alemán. Michael Gielen sigue la edición más común hoy en día, como es la de Leopold Nowak, pero no hay triángulo ni platillo en el clímax del segundo movimiento. La primera edición de la obra también fue el punto de partida de algunas grabaciones, sobre todo las de Hans Knappertsbusch.

En esta interpretación, Michael Gielen nos ofrece una lectura fluida y bien estructurada, aunque con muchas licencias con los tempi, algo acelerados en algún momento. Esto es especialmente claro en el segundo movimiento, en donde las relaciones entre las diferentes secciones son, cosa extraña, algo descuidadas. En todo caso, la interpretación es lírica, muy efusiva. Al contrario de lo que ocurre con otras interpretaciones del ciclo, Gielen sí consigue aquí esa sensación de espontaneidad. El problema es que, precisamente en esta sinfonía, la competencia es muy fuerte. Aquí las referencias son directores como Furtwängler, Knappertsbusch, Jochum y sobre todo Barenboim en su grabación más tardía (D.G., 2010)

 

Sinfonía número 8

 

La Octava Sinfonía nos ha llegado en dos versiones de manos de Bruckner, completadas por el compositor austríaco en 1887 y 1890, respectivamente. Ambas partituras fueron editadas sucesivamente por Leopold Nowak, pero su popularidad entre los directores ha sido muy dispar. La versión de 1887 muestra ya el esqueleto de la versión definitiva y resulta de extraordinario interés por las variantes rítmicas del Scherzo, la orquestación más tossca y la presencia de pasajes posteriormente cortados; sólo ha sido grabada por los habituales de las versiones primitivas, entre ellos Georg Tintner, Eliahu Inbal y Markus Bosch. Sorprendentemente, Michael Gielen se unió en 2007 a este grupo de directores. La versión de 1890 es sustancialmente más breve y posee un Trío nuevo en el Scherzo, además de variantes considerables a lo largo de toda la obra; es la más habitual entre los directores actuales, y cuenta con seguidores como Sergiu Celibidache y Eugen Jochum. Existe también una versión mixta, como era la editada por Robert Haas, que no es otra cosa sino la versión de 1890 con algunos materiales restaurados de la versión primitiva de 1887; en los años sesenta, fue ésta la versión más habitual, defendida por Wilhelm Furtwängler (con reparos), Bernard Haitink y Gunther Wand. Finalmente, existe también la versión editada por Franz Schalk en 1892 que, aunque no está tan desacreditada por los especialistas actuales como otras primeras ediciones de sinfonías brucknerianas (sobre todo la Quinta y la Novena), apenas se escucha hoy; para encontrarla en discos hay que volver a las viejas grabaciones de Hans Knappertsbusch que, eso sí, son formidables y todo buen bruckneriano debería conocerlas.

Esta interpretación de Michael Gielen de la versión primitiva de la obra puede ser desconcertante para algunos, teniendo en cuenta la marcha anterior del ciclo. Es una versión monumental, de tempi muy reposados, (particularmente el Scherzo), y con relaciones muy cuidadas. Hay lirismo, hay construcción orgánica y hay un sentido del bloque y de la sonoridad bruckneriana absolutamente envidiables. Lo que no encontraremos, sin embargo, es el primitivismo de otras interpretaciones que siguen esta misma versión. Los efectos rítmicos del Scherzo, por ejemplo, se diluyen en comparación con lo que ofrecen directores como Tintner (Naxos). Para quien suscribe, con todo, esta versión de Gielen es una clara referencia entre las interpretaciones de tiempos modernos de la obra.

 

Sinfonía número 9

 

La Novena Sinfonía de Bruckner quedó inconclusa a la muerte del compositor; aunque ha habido algunos intentos por restaurar el cuarto movimiento, que es el que el austríaco no concluyó, ninguna versión completada se ha hecho un hueco en las salas de concierto. La primera edición de los tres primeros movimientos, publicada por Kyril Hynais en 1901, estaba llena de cambios en la orquestación, aunque no había en ella ningún corte. Esta edición, hoy completamente desacreditada, se escucha sólo en grabaciones históricas, básicamente las de Charles Adler y Hans Knappertsbusch. La versión auténtica de Bruckner fue editada dos veces, primero por Alfred Orel y luego por Leopold Nowak. La versión de Nowak ha sustituido en la práctica a la de Orel, y Michael Gielen la usa en esta grabación de 2013, uniéndose a casi todos los directores de hoy. Los mismos musicólogos que han intentado reconstruir el cuarto movimiento han realizado ediciones de los tres restantes, a menudo con algunos cambios, pero estas revisiones no deben afectarnos ahora a nosotros.

También en este caso Michael Gielen ofrece una lección de dirección bruckneriana. Tempi reposados, fraseo cálido, clímax poderosos y, en general, atención a las relaciones de tempo caracterizan a una lectura madura, llena de nostalgia. Se nota que Gielen ha trabajado durante años la obra y ha llegado a una sintonía evidente con ella. Todo el tercer movimiento en particular es de antología, con una sobresaliente actuación de las cuerdas de la Orquesta de la Swr de Baden Baden y Friburgo. Una referencia entre los directores de hoy.

 

Conclusión

 

En conjunto, este ciclo bruckneriano de Michael Gielen muestra a un director inconformista, que cambia e investiga nuevas maneras de abordar las obras de un compositor a lo largo del tiempo. Con todo, este ciclo interesará más al bruckneriano coleccionista o al aficionado específico a Michael Gielen que al público general. Para los no iniciados en Bruckner, es más aconsejable adquirir ciclos más regulares en calidad interpretativa y más convencionales en la elección de versiones. A este respecto, son referencia Jochum (D.G. y Emi o Brilliant), Wand (RCA), Barenboim (Teldec / Warner), o incluso Haitink (Decca) y Karajan (D.G.), aunque estos últimos son menos regulares. Si el tercer ciclo de Daniel Barenboim, el que grabó con la Staatskapelle de Berlín, se publicara íntegro en CD, éste pasaría a encabezar la lista. En todo caso, de una mmanera o de otra, un ciclo de sinfonías brucknerianas que incluya al menos las nueve numeradas no puede faltar en la discoteca de ningún aficionado a la música clásica.

 

 

 

 

COMPARTIR

Críticas de Discos

Retrospectiva de un maestro Retrospectiva de un maestro (I)   De un tiempo a esta parte, las colecciones de... Seguir Leyendo
Los últimos años de Karl Böhm Los últimos años de Karl Böhm   Es un hecho que la... Seguir Leyendo
Beethoven soviético Beethoven soviético   Quienes hayan estado atentos en los últimos... Seguir Leyendo
Historia de un ciclo Historia de un ciclo   Los aficionados a la montaña saben que los... Seguir Leyendo
Bach esencial Bach esencial   En las fechas en las que nos encontramos, tan propicias para los... Seguir Leyendo
Furtwängler, sesenta años después Furtwängler, sesenta años después   El 30 de Noviembre de 2014 se han cumplido los... Seguir Leyendo
En la Radio de Baviera En la Radio de Baviera   A los no conocedores de la Historia reciente de Alemania... Seguir Leyendo
Clásicos vieneses en verano Clásicos vieneses en verano   El verano es una época propicia para retomar... Seguir Leyendo
MILLENIUMWEB